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quarta-feira, 8 de janeiro de 2014

Yo doy mi vida por las ovejas. TU MISMO ERES NAVIDAD. "Oyó palabras inefables que el hombre no puede decir". "QUEDAOS AQUÍ". Hemos creído en el Silencio. LA TINIEBLA NO ES OSCURA PARA TI.

Yo doy mi vida por las ovejas".
Hay que estar muy familiarizado con una voz para reconocerla.
Jesús nos invita a familiarizarnos con la suya. Esto lleva tiempo.
Claro que es una voz muy distinta, está muy íntima a nosotros; por eso no grita, es casi un susurro, porque cuanto más cerca se está menos se tiene que vocear.
Cuando se besa o se abraza hasta sobran las palabras, porque sólo hay presencia.
"Yo doy mi vida por las ovejas".
Dar la vida es dar la presencia.
Lo propio de Dios es dar.
Jesús nos invita a que el dar sea también la dinámica de nuestra vida, nuestro ritmo vital.
TU MISMO ERES NAVIDAD
"A cuantos le recibieron les dio poder
de venir a ser hijos de Dios"
(Jn 1,12)

  • Si eres nómada, viajero de geografías y culturas, y permites que sus vientos rocen e impregnen tu piel y llegue hasta la médula de tus huesos.
  • Si tu patria y tu casa es el camino y vives sin domiciliarte, pues así entras en relación con todas las estaciones de la vida.
  • Si te sabes buscado y sientes que una presencia brota de tu fondo, inefable, inmaculada.
  • Si de ti nace una fuente, como un río donde todos pueden beber y volverse como tú viajeros y nómadas.
  • Si crees que en el más extraño de los rostros alguien aguarda calladamente desvelarse, como un amanecer.
  • Si en los éxodos cotidianos sabes que Él está ahí, que tú estás ahí, en las horas de calma y en el estruendo de la agitación.
  • Si nada te retiene y no eres de nadie prisionero.
  • Si redimes la Navidad perseguida y encarcelada y amas el llanto de su alumbramiento.
  • Si descubres que todos los latidos, el del mar, el de las estrellas, el del fuego, el de la tierra entera, es tu latido, un único latido.
  • Si olvidas tu edad, tu rostro y te dejas absorber hacia adentro.
  • Si en lugar de inventariar diferencias te das cuenta que a la luz de tu mirada se van borrando las separaciones y todo regresa a su unidad original.
Fr. Moratiel






"Oyó palabras inefables que el hombre no puede decir"
2 Cor 12,4

El silencio no cabe en un anuncio de televisión, no es un asunto publicitario. No hay imágenes ni color que lo diga. Quizá una melodía lo sugiera. Pero no lo podrá decir ni cantar. Otra cosa sería un pseudosilencio.
Si algo se puede decir del silencio sin deformarlo, sin traicionarlo, es sencillamente que está más allá de la palabra, de la idea, de una imagen, más allá de un proyecto o de una norma. Está más allá de lo periférico, más allá del ego. Más allá del desierto, incluso.
El silencio es un territorio íntimo, un territorio sin tornas, sin mojones. El silencio es siempre lo desconocido, lo inmaculado, lo de dentro, lo que no conoce imitaciones.
El alma del silencio puede sentir la tentación casi de enmudecer. Cuanto menos se sabe del silencio más se habla de él. Si un día uno se aproxima, aunque no se sumerja en él, se despertará el anhelo de volverse también silencio. Y es que ninguna palabra, ningún ademán lo expresa. Nada es adecuado y justo para nombrarlo. Santo Tomás de Aquino después de una experiencia honda del mundo divino guardó intenso silencio. Este silencio suyo quizás su mejor canto a Dios, la más armoniosa suma teológica. Nos regaló su silencio asegurándonos que lo que había escrito no era más que paja. Puede, quién sabe, sea una equivocación quedarse con la paja y olvidarse del silencio.
Pero antes del silencio, de ese recinto y pasaje íntimo y virgen, están los temores, los sobresaltos, los azoramientos, lo más turbio de nuestra existencia. Quedarse ahí, en ese brillo de la superficie es traicionar y extraviarse del paraíso del silencio.
El silencio no es espectáculo de recuerdos, fantasías, añoranzas, nostalgias, trepidaciones. De ser así, ese silencio sería un sucedáneo y ficción de lo autóctono, del inocente y puro corazón.
El exterior, la mente, la sensibilidad es a veces un caos, una confusión, un desorden, una agitación. Algo trivial. No pasa de ser una exhibición del pasado y de los sueños.
El silencio no se imita, no se copia. Es algo singular. Es lo más íntimo, tu zona secreta, tu zona oculta, tu cripta, tu sima misteriosa.
Es el silencio el único que queda como terreno limpio, espacio privado. Nadie podrá robarte ese interior. Nadie lo va a adulterar, nadie lo infeccionará. Es tu centro incontaminado, es tu corazón virgen, es tu autonomía, es la autoridad consumada y colmada de todo lo que eres, donde todo se subordina al puro silencio. El ruido es insolidaridad y perversión. El silencio es unidad y reconciliación de todo lo que eres. El silencio eres tú, preferentemente tú, virginalmente tú, únicamente tú. Donde Dios lo es todo, donde Él colma ese vacío, donde la Palabra cobra vida y resonancia. Donde la nada se vuelve canción del que es todo es todas las cosas.


"QUEDAOS AQUÍ"
Mt 26,38
Lo importante es que ahora estés aquí; la vida no está en el mañana, la vida está aquí; el amor tampoco está en el ayer o en el mañana; el amor es saber permanecer aquí.
No te vayas de aquí, no te vayas de la vida, no huyas del amor.
Cuando suena la sirena del barco no es hora de hacer programas, no es la hora de realizar un proyecto, sólo es la hora de embarcar. Vivir es estar aquí.
Amar es permanecer aquí.
Orar es permanecer aquí.
Sencillamente estate aquí.




Hemos creído en el Silencio.
Creo que “Otro” me espera dentro, ha hecho de mí su morada.
Creo que soy más por lo que traigo al nacer que por lo que adquiero o logro en esta existencia.
Creo que el ocaso del “ego”, su eclipse, es promesa y anuncio de otra Luz y de otra Sabiduría.
Creo que la insatisfacción, la “sed de Dios, del Dios vivo” es la mejor “herencia que me ha tocado”.
Creo que el contacto con el “amor derramado” en mi corazón, me devuelve la conciencia de lo “único necesario”.
Hemos creído en el Silencio.
Creo que “el Señor es mi Pastor y nada me falta”: Él se hace cargo de mí y no carezco de nada.
Creo que hay oración silenciosa, encuentro, si el “ego” se acalla.
Creo que Dios no puede ser confinado, que no hay anchura dilatada que lo acoja.
Creo que nuestras palabras lo aprisionan, lo limitan.
Creo que sólo cabe en el humilde silencio, como el sol cabe en la gota del rocío a la hora del alba.
Creo que su Presencia me “abraza y no me suelta” y no hay modo de escapar ni “subiendo a los cielos ni bajando a lo profundo de la tierra”.
Creo que Él siempre es don, y no es deudor ni producto de mi ceremonia, ni de mi súplica, ni de mi esfuerzo.
Creo que la oración silenciosa es un cántico, un himno: “Él es mi todo” y “ningún bien tengo sin Él”.
Hemos creído en el Silencio.
Creo que no se vive por real decreto ni por imposición.
Creo que en el silencio, el “ego” se diluye, entra en coma profundo; sólo entonces “mi corazón se llena de alegría”.
Creo que la oración, el “silencio abismal” es práctica, es acción, es una larga y paciente espera, un camino que no tiene fin.
Creo que la oración silenciosa es tarea singular, expresión de libertad: me “levantaré y volveré a mi padre”.
Creo que en la oración “estoy sereno y tranquilo, como un niño en brazos de su madre”.


LA TINIEBLA NO ES OSCURA PARA TI

En la vida hay horas de luz y horas de oscuridad, horas de felicidad y horas de cierta tristeza, horas de gran apertura y horas de cerrazón. Buscad en el silencio una inmensa apertura. Que todo en nuestra existencia esté atento, abierto y acogedor.
El hermetismo nos cierra a todo lo bueno, nos pone de espaldas a la vida. En el silencio no estamos de espaldas sino acogientes. Toda nuestra existencia se vuelve porosa, casi hasta el cuerpo.
No hay encuentro sin apertura. En realidad no hay oración sin silencio. Así, las horas de silencio se convierten en horas de oración.

segunda-feira, 6 de janeiro de 2014

Padre Moratiel:Ten en cuenta esto, tú eres una casa, pero una casa que está habitada, una casa que está llena de vida, una casa que está inundada de una presencia.


POR EL SILENCIO AL ENCUENTRO CONSIGO,

A LA PAZ, A LA PLENITUD
Fracción del pan.

*Silencio de la Naturaleza...*Silencio de la Naturaleza...
*Por el silencio al encuentro...*No duerme ni reposa...
*¡Silencio! La tierra está llena...*El Señor es mi luz y mi salvación
*Tu Dios es un Dios escondido*En tus manos pongo mi vida
*La criatura saltó de alegría...
*Si alguno me ama...
*Yo estoy con vosotros...
(diálogos en la noche, entre Jesús Quintero "El Loco de la Colina" y el dominico José F. Moratiel)
(*) Estos temas fueron editados en 3 cassettes por EDIBESA
Oyó palabras inefables...La Paz vendrá
Canto a la MaternidadHemos creído en el amor...
El otoño una estación del almaSabemos que hemos sido trasladados
Yo soy el Pan de vidaApareció la ternura y el amor de Dios
Esta pequeña ermitaTodo está en tus manos
Sobrevino una fuerte hambre... Deja a los muertos sepultar a sus muertos...
Habitaré siempre en tu morada Vuelves a ser como niño
Navidad, ahora
En la mañana, hazme escuchar tu gracia
No llevéis nada para el camino
Navidad fiesta de la Palabra
En ti está la fuente de la vida
El hombre lleva en sí la imagen de Dios
Densa nube
Entró en el sepulcro
Quizás te preguntes que es lo que vas a encontrar en el silencio. En el silencio te vas a encontrar a ti mismo, casi se podría decir que el silencio eres tú mismo.
Cuenta Cervantes que... en la novela, que un día llegó el caballero a la Venta y cuando salió la ama y saludó al caballero, éste le preguntó:
- ¿y qué hay para comer? -
y la ventera, con todo el salero, le dijo:
- Lo que traiga mi Señor-.
¿Qué es lo que hay en el silencio?
En el silencio hay... lo que hay en tu corazón. En el silencio hay lo que hay en tu vida, no hay otra cosa.
Quizás te sorprenda... al iniciar... este camino, que de repente cuando trabajas y buscas descansar, atender en el silencio, aparecen mil informaciones que van contigo y que pensabas estaban olvidadas o pensabas no te herían, ni te afectaban y de repente aparecen recuerdos, aparecen situaciones, aparecen muchos pensamientos. Todo eso no es extraño a ti, todo eso va contigo y todo eso está bien que aparezca, porque eso es lo que has de vivir, eso es lo que has de asimilar.
En la vida hay muchas cosas que no hemos vivido bien, en la vida hay muchas cosas que hemos querido... olvidar y en cuanto hacemos silencio las cosas se nos presentan como pidiéndonos cuenta, las cosas se nos presentan como diciendo: "aquí estamos, a ver que haces con nosotras".
Son recuerdos a veces dolorosos, son episodios que no hemos admitido, son episodios ante los cuales nos hemos resistido a coger y nuevamente se nos hacen presentes en la primera oportunidad. Su oportunidad es el silencio, porque otras veces no les dejamos aparecer, el silencio es un momento en el que no existen grandes estímulos, mejor dicho no existen los estímulos, de alguna manera en el silencio se neutralizan los estímulos y por eso también se neutralizan, se anulan, nuestras respuestas, y es por eso que en el silencio aparece lo que va... como... dormido, como... aletargado en nosotros. En la vida nos distraemos, nos escapamos detrás de esos estímulos, mejor detrás de nuestras respuestas a los estímulos, pero en el silencio no hay escapatoria, en el silencio uno no puede marcharse, en el silencio todo se nos hace presente, todo está ahí. Y se nos hace presente para que lo vivamos, para que lo aceptemos, para que nos hagamos cargo de ello.
Por eso si en estas horas, en estos momentos en los que una situación de amargura, de desazón, de azoramiento se nos hace presente y lo tenemos, podemos levantarnos y buscar distraernos. Frecuentemente los hombres hacemos esto, cuando hay una preocupación decimos pues: "vamos a distraernos, vamos a dar un paseo, nos vamos a tomar un café"; pero aquel problema no queda resuelto, aquel problema queda orillado, queda como aparcado y en la primera oportunidad, otra vez, se nos hace presente. Te sientas, haces silencio y si no haces esta práctica, pues vas a acostarte o estás esperando el autobús, estás un momento silencioso y posiblemente otra vez, te vuelve, y te vuelve a reclamar que le atiendas.
El silencio, por eso, es profundamente curativo, es profundamente pacificador, porque esas situaciones sin resolver, esas situaciones, que van como alojadas, que van como... metidas en nuestra propia historia y en nuestra propia vida, se nos hacen presentes con el afán de que nosotros las vivamos, de que nosotros las aceptemos, de que nosotros nos hagamos cargo de ellas. Por eso no es justo, no es solución el escapar del silencio. Uno no puede escapar de si mismo, y está bien eso, está bien que sea así. Por eso, cuando llegue la hora del silencio, cuando llegue la hora en la que alguna situación de tu vida se te haga presente, busca el vivirla, busca el asimilarla, busca el aceptarla, todo se supera cuando se acepta, todo se supera cuando en el silencio se mira, se ve, se digiere y se pacifica. El silencio así nos salva, en el silencio se redime todo, en el silencio se cura todo, en el silencio nace todo. Deja en el silencio que todo se asiente, deja en el silencio que todo se vaya posando.
Cuando hace mal tiempo, cuando el tiempo está revuelto, cuando hay tormenta, miramos al cielo y decimos: “pues, no acaba de asentar” cuando el tiempo asienta, la atmósfera está limpia, el cielo está despejado, y como que todo se llena de vida.
Cuando una mujer está en estado y va al médico y el ginecólogo le dice: “pues ya se ha asentado” la mujer escucha eso con profunda alegría, se queda tan a gusto, porque todo se ha asentado.
Cuando un adolescente, está agitado, está lleno de alteración, pasa el tiempo y la gente dice: “parece que ha sentado la cabeza” y como que se le ve... lleno de equilibrio, lleno de mayor serenidad, lleno de vida.
El silencio es para que todo se asiente, para que las cosas que están... fuera de su lugar, se vayan encajando. Cuando todo se asienta todo se vuelve equilibrio, cuando todo se asienta todo se vuelve serenidad.
Ya ves lo que pasa con un vaso de agua revuelta, coges un vaso de agua revuelta le dejas un rato y se va posando y se va volviendo trasparente, se va volviendo limpia.
En el silencio, verás como también todo lo que en un momento de agitación... se nos presenta, irás comprobando como se va asentando, como todo se vuelve transparente.
Después de una tormenta, después de una lluvia aparecen las montañas en el horizonte y nacen miles de fuentes. Cuando en el silencio toda esa agitación, toda esa turbación se va posando, se va asentando, verás como aparece un paisaje interior lleno de armonía, lleno de esperanza, lleno de silencio, pero también en ese lleno, en esa llanura de silencio existe una llanura de paz, y aparecen las fuentes, aparece el manantial que está en lo hondo de tu corazón, la atmósfera queda limpia cuando llueve y el horizonte parece más despejado.
Tras del silencio, tu corazón también estará más despejado, tras el silencio tu corazón también será un manantial, tras el silencio recobrarás la vida, recobrarás la plenitud de tu ser. En el silencio vas a aprender también una cosa que puede ser de mucho interés para ti. El hombre suele vivir... vivimos los hombres cargados de dependencias, del mundo, del cosmos, de la creación, de los otros... en el silencio vas a aprender que sobretodo dependes de ese soplo. En el silencio vas a aprender que en ti hay cuanto necesitas, que no careces de nada, que no tienes que buscar nada lejos de ti, que no tienes por que buscar nada que esté fuera de ti. En el silencio se te revela que todo está en tu corazón, que todo está ahí, al otro lado de tu piel, muy cerca de ti.
Siempre que buscamos algo fuera de nosotros, nos alejamos, nos distanciamos y nos separamos de esa presencia, que en el fondo nos basta para vivir, que es lo primero, que es lo más imprescindible, que es ese soplo de la vida. Si deseas algo que está más lejos, puedes distanciarte del soplo, de la vida, de la presencia, de lo que te inunda, de lo que te llena, de lo que te abastece.
Si te separas de ti entonces te destruyes, si te separas de ti, entonces creas una división, en el silencio todo se puede reintegrar, todo se puede unificar, en el silencio todo se puede armonizar, en el silencio vas a aprender que no te recibes de nadie, ni de las opiniones de los otros, ni del reconocimiento de los otros incluso... casi, casi... iba a decir que no te recibes del amor de los otros. Es posible que te suene a una exageración, pero atiende a tu vida, atiende en el silencio a este soplo y verás que te recibes, que sobretodo te recibes de él, no de lo que los demás piensen, de lo que los demás hablen, de lo que los demás valoren, sino que te recibes de ese soplo, de esa presencia, de ese viento, de ese Dios.
En el silencio aprendes que te recibes de ti mismo, en el silencio aprendes una autonomía que te da libertad, en el silencio vas a vivirte lleno de seguridad, sin ninguna dependencia, no vives a expensas de nadie, no tienes porque vivir en dependencia de nada. Te recibes de una fuente, de una presencia, de un soplo, de un viento que no te falta. En el silencio te recibes de ti mismo.
¡Comprueba esto! ¡Verifícalo día tras día! y verás como florece en ti la libertad, verás como renace en ti la autonomía, verás como renace en ti la firmeza, la armonía, la seguridad, verás como renace en ti una paz que no tiene fin.
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