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sexta-feira, 30 de julho de 2010

La Virgen María - San Antonio María Gianelli


Si alguna vez os hemos dirigido con alegre afecto del corazón Nuestras Cartas pastorales, Venerables Hermanos e Hijos Amadísimos, es sin duda ésta con la que os vamos a anunciar una gracia que al igual que llena nuestro espíritu de extraordinario regocijo, no dudamos que también a vosotros os va a revestir en suma alegría y en una santa exultación.

Varias veces hemos deseado que se nos ofreciese ocasión de poderos recomendar una tierna y filial devoción a la gran Madre de Dios como aquel ser en quien, después de Dios, hemos puesto toda nuestra confianza y a quien encomendamos continuamente nuestra eterna salvación al igual que la vuestra. Dios ha secundado nuestros deseos y nos ha concedido hablar de ella por un motivo que no podía resultar ni más suave para Nos, ni más consolador, así lo esperamos, también para todos vosotros. Debemos hablaros, si no del más grande, sí del más hermoso y singular Misterio que, después del de la divina Maternidad, veneramos en María, quiero decir el de su Inmaculada Concepción.

No ignoráis, amadísimos, que la Iglesia favoreció y promovió la doctrina que enseña cómo María Virgen, por singular privilegio sobremanera conveniente a quien estaba destinada para Madre del Hijo de Dios, fue preservada de la universal infección del pecado original, y fue concebida en la justicia original. No ignoráis que, al tiempo que promovía y animaba con amplias y generosas indulgencias las devotas prácticas dirigidas a tan gran Misterio y otorgó siempre las más amplias facultades de escribir y hablar a favor del mismo y predicar ampliamente sobre él en toda la Iglesia, impuso el más grave y riguroso silencio y amenazó con los más tremendos anatemas a quien se atreviere a escribir o hablar en contrario. Y si por dignos motivos concedió solamente a alguna Orden Religiosa emplear algunas fórmulas especialísimas por las que se le llama Inmaculada en su Concepción y libre de toda mancha original, se mostró no obstante siempre contenta de ver que los fieles la invocaban y predicaban gozosamente Inmaculada y concebida sin mancha. Yendo así las cosas, esta devoción se hizo tan común y universal que, mientras que muchos ignoran otros misterios de la gran madre, éste se lo saben y lo recuerdan con preferencia, y pocos hay entre nosotros que no profesen por él alguna devoción particular; y Nos nos hemos regocijado varias veces al encontrar que en Nuestra Diócesis no sólo era generalmente invocada con este título luminoso de Inmaculada en su Concepción, sino que después de la bendición del SSmo. Sacramento, al versillo con el que suele ser alabado se le añade otro con el que se honra a María Inmaculada.

Y esta propensión general a honrar a María Inmaculada en su Concepción se ha hecho tanto más universal en nuestros días cuanto que la medalla Milagrosa, cuya historia esperamos que conoceréis todos, y luego la admirable Archicofradía del purísimo e inmaculado Corazón erigida en París en la Iglesia de N. S. de las Victorias, y difundida ya en todo el mundo católico, hicieron llover una inmensidad de gracias y de prodigios hasta el punto que los incrédulos se quedaron maravillados y muchísimos se convirtieron.

Fue entonces cuando algunos Obispos se dirigieron a la Santa Sede y suplicaron al Santo Padre que tuviera a bien concederles la gracia de poderla llamar Inmaculada en el Prefacio de la Misa que se dice en la Fiesta y en todas las Misas de su Concepción, o bien añadir a los muchos títulos que se le dan en la letanía Lauretana también el de regina sine labe originali concepta (Reina concebida sin mancha original), y llegó a obtener lo uno y lo otro. No faltó tampoco quien, animado por estas nuevas concesiones, creyó llegada la época venturosa en que el Espíritu Santo por medio de aquel Pedro que vive en sus Sucesores y cuya fe no puede decaer ni por la mudanza de los tiempos, ni por el transcurso de los siglos, sino que manteniéndose estable e inconcusa frente a todos los asaltos debe con su vigor y gallardía mantener firmes y confortar a los demás en su fe, habría finalmente disipado toda nube y hecho desaparecer toda duda, declarando dogmática la fe que ya franca y abiertamente se manifiesta a través de los labios devotos de todos los fieles. En consecuencia, presentaron al Sumo Pontífice Reinante Gregorio XVI vivísimas instancias para que se dignase finalmente llegar al gran punto de pronunciar el oráculo por el que tantos siglos suspiraron y que pidieron en vano.

Nos, que somos los ínfimos en méritos y en saber, pero quizá no los últimos en el deseo de ver honrada a María, y a María Inmaculada en su Concepción, hemos creído que no debíamos perder tan feliz ocasión de seguir ejemplos tan bellos; y como los hemos imitado enviando Nuestro Voto, con el que nos hacemos la ilusión de haber expresado nuestro deseo junto con el vuestro, así también los hemos seguido en pedir para Nos y para toda Nuestra Diócesis la doble gracia de invocarla del modo arriba indicado, tanto en las Letanías como en la Misa. Tenemos ahora el dulcísimo placer de anunciaros que se nos han concedido una y otra con doble Rescripto de la S. Congregación de Ritos desde el 12 de enero último pasado.

La Sagrada Visita que debíamos emprender, la celebración de Nuestro Segundo Sínodo que debía seguir, y la extraordinaria solemnidad con que celebramos poco después la exposición del Cuerpo de nuestro insigne Patrón S. Columbano, nos impidieron anunciaros algo antes tan gozosa noticia, y nos propusimos hacérosla llegar, como ahora lo hacemos, precisamente al acercarse el día festivo solemne en el que se honra la Concepción de la Bienaventurada Virgen en toda la Iglesia. Tendréis, pues, entonces el contento de oír en el sagrado Rito de la Misa que se ensalza como Inmaculada y podréis todos cantar sus alabanzas e invocarla sine labe originali concepta, es decir, verdaderamente preservada por Dios de la deplorable infección que se propagó en todos nosotros con el pecado de Adán y a todos tristemente nos excluyó del Reino de los Cielos. ¡Oh, cuánto más grata y más serena nos resultará la llegada de aquel día! ¡Qué nueva alegría brillará en nuestros rostros! ¡qué extraordinaria devoción en nuestros corazones! Nos comenzamos ya a exultar desde ahora y nos hacemos la ilusión de que la buena Madre deba recibir con agrado nuestra alegría, por ser una alegría que se deriva de su mayor gloria y de ella sobre nosotros redunda.

Pero para que María pueda recibirla con mucho más agrado y moverse a compensarla con gracias mayores y con más amplias bendiciones, no nos perdamos ni nos quedemos en el regocijo solamente, el cual, aun siendo como es suave y virtuoso, no respondería por otra parte ni a nuestro corazón ni al corazón amorosísimo de la gran Madre. Si María se goza de que la celebremos Inmaculada, se goza sobre todo y se complace en que aprendamos de ella a huir del pecado y a odiarlo. Al ver que el Unigénito Hijo de Dios no se desdeña de vestir nuestra pobre humanidad, para redimirnos de la perdición eterna, pero que entre tanto se elige una Madre que no estuviera tocada por el pecado, ¿quién no aprende a conocer que Dios aborrece sobremanera el maldito pecado? Al ver que María huye de la serpiente insidiadora y se ofrece a Dios desde los primeros instantes toda purísima e inmaculada, y El comienza a tener en ella sus complacencias y apresura los momentos de nuestra Redención, ¿quién no siente júbilo en el corazón por las glorias de ella y juntamente humillación y dolor por los propios pecados? Y esto es, sí, esto es lo que quiere María, y lo que Dios espera de nosotros en tan alegre circunstancia. María preservada del pecado original, y luego libre siempre de todo pecado, nos enseña y nos inspira con este misterio el aborrecimiento del pecado. Nosotros, detestando el pecado y disponiéndonos a rehuirlo con toda cautela y diligencia, tributamos a María el homenaje más bello y damos la más grata acción de gracias a Dios que nos la ha dado por Madre. Y esto es cabalmente, queridos míos, lo que tanto nos interesaba encareceros, o sea, que recordéis siempre cómo nuestro amorosísimo Salvador nos ha dado por Protectora y Abogada, más aún por Madre, a su misma Madre Santísima y que, por tanto, todos debemos profesarle la devoción más sincera, más tierna y verdaderamente filial. Yo bien sé que no hay lugar tan abyecto y miserable en Nuestra Diócesis que no se honre en él a María; ni, quizá, hay una sola alma tan perdida que no recuerde a María y que al menos no invoque a María en algún tiempo o en alguna circunstancia; y en caso de que la hubiera, no podríamos por menos llorar y derramar lágrimas sobre ella. Pero nosotros no estamos contentos, queridos míos, no estamos contentos con tan poco. María es Madre de Dios y Madre nuestra: Ella es por tanto sobremanera grande y sobremanera amorosa para no recibir de nosotros más que este poco. Ella es Madre de Dios y poderosísima ante Dios, hasta el punto de que puede todo lo que quiere. Quidquid tu, Virgo, velis, le decía S. Anselmo, nequaquam fieri non potest. Cualquier cosa que tú quieras, oh María, es imposible que no se realice. En lo cual están de acuerdo los Santos Padres y los Doctores Católicos, todos ellos, y dan como razón su divina Maternidad. Porque, al hacerse Ella Madre del Verbo Divino, adquirió Ella sobre el Hijo la autoridad y los derechos de Madre y el Hijo Divino se le sometió y se le hizo deudor. Todos, escribía S. Metodio, somos deudores de Dios, pero para contigo, oh María, es deudor el mismo Dios. Deo universi debemus, tibi etiam ille debitor est. Y por ello mismo, añade el Santo Obispo de Nicodemia, tu divino Hijo cumple de buena gana tus ruegos como pagándote lo que te debe. Filuis, quiasi exsolvens debitum, implet petitiones tuas. Y el gran Agustín no tuvo reparo en afirmar, siendo quizá el primero en hacerlo, lo que luego enseñaron muchos otros, a saber, que habiendo Ella merecido ser la portadora del precio de la redención por todos, puede más que todos juntos (Ángeles y Santos) ayudar a los redimidos con su Patrocinio. Quae meruit pro liberandis proferre praetium potest plus omnibus impender. ¿Es que, sigue diciendo, no cuadraba con la benignidad del Señor, que vino no a disolver sino a perfeccionar la ley, guardar a María el honor que quiere que todos muestren a los padres? Numquid non pertinet ad benignitatem Domini Matris honorem servare, qui legem non venit solvere sed adimplere? Concluye, por tanto, S. Antonino que los ruegos de María ante Dios no tienen tanto razón de ruegos, cuanto de mandatos, y que por consiguiente es imposible que no sean escuchados. Oratio Deiparae habet rationem imperii, unde impossibile est eam non exaudiri.

Pero su amabilidad y bondad hacia nosotros no es menos admirable que su autoridad y su poder ante Dios. Porque Ella está tan dispuesta a beneficiarnos que, como si estuviera impaciente por concedernos sus gracias, ella misma va en busca, dice S. Buenaventura, de quien con devoción y reverencia quiera rogarle; y, una vez encontrados, los abraza y los alimenta y los ama como a otros tantos hijos suyos. Ipsa tales quaerit, qui ad eam devote, et reverenter accedant; hos enim diligit, hos nutrit, hos in filios suscipit. Y añade en otro lugar que la sola vista de nuestras miserias la enternece tanto que corre veloz para ayudarnos. Videns enim nostram miseriam, est et festinans ad impendendam suam misericordiam.

Y esto no debe sorprendernos en absoluto, pues sabemos por el mismo Evangelio que, aun sin haber sido invocada, socorre y atiende a las necesidades, incluso temporales, de sus devotos. ¿Qué no hará si se le ruega, concluye un docto escritor, cuando aun sin ruego vuela tan pronta a prestar socorro? Si tam prompta ad auxilium currit non quaesita, quid quaesita praestitura erit? Sí, muy a menudo, escribe Ricardo de San Víctor, Ella se adelanta a nuestros ruegos, y se anticipa a las causas de los necesitados, porque la sola noticia de nuestras miserias le llega tan hondo que no puede oírlas sin socorrerlas. Velocius accurrit ejus pietas, quam invocetur, et causas miserorum anticipat. Y poco después, vuelto a Ella, nec possis miserias scire et non subvenire. Y sábete, añade el piadoso Bernardino da Busto, que en ayudarte Ella será bastante más generosa de lo que seas tú en tus deseos. Plus vult illa facere tibi bonum, quam tu accipere concupiscas. Y será mucho más fácil, concluye el doctísimo Blosio, que se derrumbe el mundo que el que María deje de socorrer a quien seriamente la invoca. Citius Coelum cum terra perierunt, quam Maria aliquem serio se implorantem sua ope destituat.

Pero no se para aquí S. Anselmo y se atreva afirmar que, muy a menudo, somos escuchados antes recurriendo a María que recurriendo a Jesús. Velocior nonnumquam est nostra salus invocato nomine Mariae quam invocato nomine Jesu. Y da la razón de ello: porque, dice, a Cristo, como Juez que es, le corresponde también castigar; a María, como a Patrona, sólo mostrarse misericordiosa. Quia ad Christum, tamquam Judicem, pertinet etiam punire; ad Virginem, tamquam Patronam, nonnisi miserere. Y añade Nicéforo que esto sucede también porque plugo a Dios conceder a María tan gran honor. Multa petuntur a Deo et non obtinentur; multa petuntur a María et obtinentur; non quia potentior, sed quia Deus eam decrevit sic honorare.

Y aquí tenéis la razón, Amadísimos, por la que los pecadores, aun los más enormes y perdidos, aun los más desesperados, y también los que ya de algún modo están abandonados de Dios, y casi incluso malditos, encuentran salvación y amparo en María. No, escribía el devotísimo Blosio en pos de los Padres, el mundo no tiene un pecador ta execrable que María lo abomine, y lo arroje lejos de sí, y al que, si él se lo pide, no pueda, no sepa y no quiera reconciliarlo con su querido Hijo. Nullum tam execrabilem peccatorem orbis habet, quem ipsa abominetur et a se repellat, quemque dilectissimo nato suo, modo suam precetur opem, non possit, sciat et vellit reconciliare. No desconfíes, pecador, exclama Bernardino da Busto, aunque hubieras cometido todos los pecados. Ven seguro a María y no temas . O peccator, ne diffidas, etiamsi commisisti omnia peccata; sed secure ad istam gloriossimam Dominam recurre. No hay, pues, que maravillarse de que unos Santos Padres la llamen con S. Agustín la única esperanza de los pecadores: Unica spes peccatorum; otros, con S. Juan Damasceno, esperanza de los desesperados: Spes disperatorum; y si S. Efrén, después de haberla llamado refugio en el que pueden salvarse todos los pecadores, Puerto segurísimo para todos los náufragos, se atreve también a llamarla enfáticamente Protectora de los mismos condenados. Refugium ad quod confugere valent omnes peccatores; naufragorum Portus tutis simus; Protectrix damnatorum. Las cuales cosas son conformes a las revelaciones de S. Brígida, a quien la misma divina Madre asegura que no hay pecador tan abandonado de Dios que, mientras vive, esté privado de su misericordia; y que aunque pueda haber alguno maldecido por Dios (si no lo estuviese con la sentencia final), con tal de que recurra a Ella, se arrepentirá y obtendrá misericordia; y mereció escuchar al Salvador mismo que le decía que se mostraría misericordioso con el demonio mismo si fuera éste capaz de humillarse a requerirla. Y ¿quién habrá, le decía S. Bernardo, que no espera en Vos, oh María, si ayudáis incluso a los desesperados? Yo no dudo en absoluto que si recurrimos a Vos, obtendremos de Vos cuanto sepamos desear ¡Ah!, que espere en vos hasta el que desespera. Quis non sperabit in te, quae adiuvas disperatos? Non dubito quod si ad te venerimus, habebimus quod volemus. In te ergo speret qui desperat.

Pero cuanto más afortunados son los que recurren a María y ponen en Ella su confianza, tanto más desgraciados son los que se desentienden de ella y la olvidan. Nunca se llega a encontrar a Cristo, enseña S. Buenaventura, sino con María, y por medio de María; y en vano lo busca el que no lo busca con Ella. Numquam invenitur Christus, nisi cum María, nisi per Mariam. Frustra igitur quaerit qui cum Maria invenire non quaerit. Y quien pide gracia sin María, remacha S. Antonino, trata de volar sin alas. Qui petit sine ipsa, sine alis tentat volare. Y en mil lugares lo razona S. Bernardo afirmando repetidamente que es voluntad segura de Dios que lo debemos recibir todo por manos de María. Quia sic est voluntas eius, qui totum habere nos voluit per Mariam. Si alguna esperanza hay, pues, todavía para nosotros, si todavía hay lugar para nuestra salvación, todo, concluye él, todo reconocemos que deriva de Ella. Y en cuanto a mí es mi máxima confianza, es toda la razón de mi esperanza. Si quid spei, si quid salutis in nobis est, ab ea noverimus redundare. Haec maxima mea fiducia, haec tota ratio spei meae.

¡Oh, cuán desgraciados son los que se olvidan de María! ¡Cuán venturosos los que guardan y cultivan su devoción! Como es imposible, le decía S. Anselmo, que se salve quien se aleja de Ti, y queda abandonado por Ti , así es imposible que perezca quien a Ti se dirige y a quien Tú vuelves los ojos. Sicut impossibile est, ut a te aversus et a te despectus salvetur, ita ad te conversus et a te respectus impossibile est ut perear. Y casi con las mismas palabras lo afirma S. Antonino, el cual añade que aquellos por los que ruega María, necesariamente se salvan. Necessarium (est) ut hi salventur et glorificentur.

Llegados aquí, confiamos que no habrá ninguno entre vosotros tan ciego y tan perdido que quiera abusar de estas doctrinas de los Santos para darse con mayor libertad al pecado, haciéndose la ilusión de que Dios lo salvará en gracia a algún obsequio hecho por él a María. No: Tales presuntuosos, escribía S. Alfonso María de Ligorio, por esta su confianza temeraria merecen castigo, no misericordia. Se está hablando, por consiguiente, de aquellos devotos que, con deseo de enmendarse, son fieles en obsequiar y encomendarse a la Madre de Dios. Estos digo, es moralmente imposible que se pierdan. Seáis pues, vosotros justos o seáis pecadores, y aun los mayores pecadores del mundo, María seguramente os acepta, María seguramente os salva, con tal de recurráis a Ella y seáis fieles en obsequiarla y encomendaros a Ella; pero, si sois pecadores, debéis hacerlo con deseo de enmendaros.

Ahora bien, ¿quién habrá tan poco solícito de su eterna salvación que no quiera asegurarla pudiéndolo hacer con tan poco como es ser devoto de María? Nosotros deberíamos serlo aunque debiera costarnos grandes sacrificios y grandes esfuerzos; pero ¿por qué no hacerlo cuando lo podemos tan fácilmente y casi nos cuesta más no ser devotos de María que serlo grandemente y con pasión? Con sólo pensar en Ella, incluso con sólo recordarla, ¿no os parece que el corazón os lleva a Ella? y como que os dice: ¿Quién puede no amarla? Amadla, pues, obsequiadla constantemente y estáis a salvados. Aunque seáis pecadores, e incluso grandísimos pecadores, os dice S. Hilario, si os hacéis devotos de María, no podéis condenaros. Quantumcumque quis fuerit peccator, si Mariae devotus extiterit, numquam in aeternum peribir.

Pero ¿qué debemos hacer nosotros (parece que deben decir muchos al oír esta exhortación nuestra), qué debemos hacer nosotros para ser verdaderos devotos y merecernos esta eficaz protección de la gran Madre? ¿Qué ofrendas? ¿Qué obsequios? ¿Qué servicio deberemos prestarle?

Nos va a resultar demasiado difícil determinar una cosa que no está definida ni por las Escrituras ni por la Iglesia. Pero para deciros algo y no dejaros del todo suspensos en punto de tanta importancia, comenzaremos por deciros lo que Nos deseamos para Nos mismos, a saber, que todos seáis tan devotos de María que, como a todos recomendaba S. Bernardo, nunca se os aparte de los labios, nunca se os aparte del corazón. Nunca de los labios, porque yo querría que siempre los abrierais para alabarla o para llamarla en vuestra ayuda; nunca del corazón, porque, después de a Dios, yo querría que la amarais todo lo que se puede amar a la más amable de las criaturas: yo querría que le dedicarais vuestros corazones y vuestras personas; que le encomendarais vuestras casas, vuestras familias, vuestros haberes, y todo lo que de más importante o de más querido tenéis en el mundo; pero sobre todo que le confiarais con la mayor solicitud y ansiedad la salvación de vuestras almas, y los padres la de las almas de vuestros hijos, y los amos y dueños de las almas de vuestros dependientes. Madres, yo querría que depositarais en las manos, mejor dicho, en el corazón de María a vuestras criaturas nada más concebirlas, y que le rogarais que no os las devolviera más que en el Cielo.. Yo querría que no pasarais un día ni una hora en que no os acordarais de Ella y desde lo más limpio de vuestro corazón no le enviarais una oración, un saludo, un afecto. Yo querría que para recordarla y bendecirla con frecuencia tuvierais su imagen, no sólo en la habitación que es enteramente vuestra, sino en todas las habitaciones, en todas las salas, en todas las entradas de vuestras casas, de vuestras tiendas, de vuestras oficinas, de vuestros negocios y hasta de vuestros campos. Yo querría que le llevarais personalmente con vosotros mismos, y que fueron vuestros más preciosos ornamentos, o al menos los más queridos, sus escapularios, sus cinturones, sus medallas, sus rosarios. Yo querría que pudierais decir con el beato Leonardo de Porto Maurizio que quien pudiera leer bien en vuestro corazón, y examinaros por completo, os encontrara a todos hechos una Virgen. Yo querría que estuvierais prendados, enamorados apasionados por Ella como un Bernardo, un Buenaventura, un Ildefonso, y tantos otros, de los que apenas se puede creer lo que alcanzaron a decir y a escribir por María y dierais a conocer a todos que vuestro amor por Ella supera a todo otro amor excepto el de Dios. Yo querría, finalmente, que, no contentos con obsequiarla, tuvierais un verdadero, constante e incansable afán por imitarla siempre en sus singulares virtudes (en lo que cabalmente consiste lo sublime de toda devoción más escogida) y hasta tal punto que también vuestra conducta os declarara sin más devotos mejores, hijos predilectos de la gran Madre. ¡Oh, qué suerte, queridos míos! ¡Qué incomparable felicidad!

Pero puesto que por nuestros pecados no podemos esperar gracia tan grande, queremos rogaros al menos que no seáis escasos en los obsequios que prestéis a ésta nuestra amorosísima Madre. Esforzaos en imitar a los que cada día, o al menos cada semana Le ofrecen algún ayuno, alguna abstinencia, alguna mortificación especial. Seguid aquellos que, al acercarse sus Fiestas y Solemnidades, se preparan a ellas con Triduos, con Septenarios, con Novenas, u otros devotos ejercicios, y no las pasan nunca sin acercarse a los divinísimos Sacramentos. Imitad a los que no saben vivir si no se ven inscriptos en alguna o incluso varias devotas Cofradías suyas. Cantad sus Laudes, recitad su Oficio los que lo podéis; y todos absolutamente, porque lo podéis todos bastante fácilmente, su Santísimo Rosario; y que no haya una sola familia en toda nuestra Diócesis de la que no reciba María este tributo; y sea para todos su Corona de rosas (el Rosario) una prenda de aquella que a todos los que devotamente la llevan y la recitan les está preparando Ella en el Cielo.

Pero si a alguno le pareciera también en esto que Nos estamos pidiendo más de lo que puede o de lo que cree que puede hacer, Nos retiraremos estas peticiones, Nos abandonaremos a vuestra discreción y nos limitaremos a una sola cosa, que os pedimos por las entrañas de Jesucristo, por amor a María, y también a vosotros mismos si lo queréis: Haced lo que queráis en honor de María, pero haced algo y sed constantes en practicarlo. Ella siempre ha tenido por costumbre (nos advierte el S. Pontífice Inocencio III) dar o devolver cosas grandes a cambio de cosas incluso mínimas: Maxima pro minimis reddit, y sean cuales sean las prácticas que hagáis por Ella, Ella certícimamente os sabrá pagar con tal generosidad que supere los más amplios favores por la recitación diaria pero constante de alguna Salve o de algún Ave María, e incluso alguna vez a librarlos de la eterna perdición. ¡Ay! ¿Quién habrá tan perdido que quiera renunciar a tanto bien? No, no queremos Nos creer que se halle uno sólo entre nuestros amadísimos hijos que no quiera aprovechar tan gran bondad de María y darnos también a Nos este grandísimo consuelo de que todos estáis así confiados y encomendados a María.

Y si queréis concedernos un especialísimo consuelo, como con tierno afecto paterno os pedimos, sea el de honrarla con especialísimo homenaje como Inmaculada en su Concepción. Santificad su fiesta confesándoos bien y alimentándoos con el pan divino; honrad sus templos, sus altares, sus imágenes; adornaos con la medalla milagrosa; ofrecedle alguna mortificación, algún don, alguna oración; alabadla, llamadla, rogadle bajo la advocación de Inmaculada. Así la caracterizó Dios en la Esposa mística en que la Iglesia la reconoció simbolizada; así la llamaron los Santos Padres, los Concilios, los Doctores, los Teólogos, los Santos; y que así la podamos llamar e invocar solemnemente nos concede el Santo Padre. ¡Oh, cuánto gozará la buena madre al sentirse invocada por nosotros con este título sobremanera querido y suavísimo para Ella! No, no será sin alegría de su purísimo corazón, ni sin algún favor distinguido para con vosotros. María tuvo siempre por costumbre atender y consolar a sus devotos; pero cuando alguno se dedicó a invocarla en memoria de Su Inmaculada Concepción, pareció muy a menudo más pronta y más generosa todavía que de costumbre. No tengo tiempo bastante para mostraros las pruebas frecuentes e irrefregables que de ello nos ofrecen las historias. Solamente los prodigios que se cuenta que han obrado los cartelitos que reparte la Archicofradía de la Inmaculada Concepción de Roma bastarían por sí solos para componer una historia maravillosa. Pero nosotros, que sabemos los que María obró y sigue obrando con la graciosa Medalla y con la Cofradía del purísimo Corazón, no necesitamos otras pruebas para persuadirnos de que a María le es querido por demás este culto y que es harto solícita y generosa en compensarlo. ¿Cómo iba a ser entonces tacaña con nosotros la buena madre, si aprovechando estos nuevos estímulos, la invocamos con el título de Inmaculada en su Concepción, y con los Ángeles y con Dios mismo nos unimos para decirle, para llamarla, para invocarla: pulchra, electa, formosa, columba, tota pulchra et macula non est in te? (bella, elegida, hermosa, paloma, toda bella, no hay en ti mancha)

Ea, pues, unámonos también con todo el Espíritu a la cabeza visible de la Iglesia de Jesucristo, en quien habla la Iglesia misma, mejor dicho, Dios mismo; y acojamos estas extraordinarias concesiones como precursoras del oráculo que la universalidad de los fieles está deseando y por el cual suspira. Gocemos en llamarla Inmaculada, y estemos seguros de que todos los antiguos Padres exultan y nos aplauden desde el Cielo. María derramará sobre nosotros sus favores con mano amplia, nos acogerá bajo el manto de su protección y nos salvará.

Y al objeto de que estas nuevas disposiciones que dan sumo consuelo resulten más eficaces y fructuosas para todos, ordenamos a los MM. RR. Párrocos, Ecónomos y Vicepárrocos de las Iglesias subsidiarias que publiquen esta nuestra el primer Domingo después de haberla recibido y entretanto anunciar un Triduo de preparación a la Fiesta de la Inmaculada Concepción de María Virgen y en éste y en la Fiesta misma leer una porción de ella y hacer alguna explicación y reflexiones que crean más adecuadas a enfervorizar mayormente a su pueblo en la devoción a María Virgen, y señaladamente a su Inmaculada Concepción. Animarán también a todos mientras tanto a confesarse y a comulgar también para conseguir las Indulgencias particulares que pueden conseguirse de ese modo por casi todos los fieles. Recordarán las que fueron anunciadas por Nos en el Apéndice del Sínodo nº 8 art. 12 y art. 15 nº 6. Los irán también ejercitando en aprender y cantar con la debida devoción y cadencia en la Letanía lauretana el versillo arriba indicado Regina sine labe originali concepta después del versillo Regina Sanctorum omnium (dejando entonces algún otro versillo que se acostumbrara añadir, como ordena el Rescripto Pontificio).

Y al tiempo que os pedimos que no olvidéis en vuestras oraciones al Sumo Pontífice Reinante, os exhortamos también a implorar para él del Cielo las luces particulares que pueden moverlo a la proclamación dogmática mencionada, como también os recomendamos que continuéis vuestros ruegos por nuestros Augusto Soberano y por toda la Familia Real. Encomendadnos también a Nos a la divina Piedad y de modo particular a María Inmaculada, a quien con sumo agrado os encomendamos a todos vosotros a la par que con toda la efusión del corazón os impartimos la bendición Pastoral.

Bobbio, desde el Palacio Episcopal, 24 de noviembre de 1844.

Tomado de: Movimiento Misionero del Milagro

terça-feira, 20 de julho de 2010

Dom Alberto do Amaral, bispo emérito de Fátima, numa conferência de 1984, afirma: “O segredo de Fátima não fala nem de bomba atômica nem de artefatos nucleares [...]. A perda da fé de um continente é pior que a destruição de uma nação; e é verdade que a fé diminui continuamente na Europa. A perda da fé católica na Igreja é bem mais grave que uma guerra nuclear” (declaração desmentida em 1986, mas depois confirmada em março de 1995).

O SEGREDO DE FÁTIMA

Em maio de 2000, o Vaticano revelava o terceiro segredo de Fátima. Uma revelação que parecia pôr fim a décadas de polêmicas e indiscrições. Parecia. Porque, na realidade, as coisas não foram bem assim...

Davide Malacaria
Imagem de Nossa Senhora de Fátima
A imagem de Nossa Senhora de Fátima
     Estamos no dia 13 de maio de 2000 quando o cardeal Angelo Sodano comunica que o Santo Padre decidiu revelar o terceiro segredo de Fátima. A oportunidade é dada da beatificação, realizada em Portugal, de Francisco e Jacinta Marto, dois dos pastorinhos aos quais, no distante ano de 1917, Nossa Senhora havia aparecido. O anúncio corre o mundo imediatamente: aquele segredo, guardado com tanto zelo pelo Vaticano, havia estado por décadas no centro de indiscrições, polêmicas e intrigas internacionais.
     Na ocasião, o cardeal Sodano toca de leve o conteúdo do segredo, mas, para conhecê-lo em sua integridade, é ainda preciso esperar cerca de um mês, quando é publicado pela Congregação para a Doutrina da Fé. O texto vem acompanhado de uma rápida apresentação assinada pelo então secretário da Congregação, dom Tarcisio Bertone, e por um breve comentário teológico do prefeito do mesmo organismo, o cardeal Joseph Ratzinger. Em seguida, anexos e notas.
     Sintetizando ao máximo, o segredo consiste na visão desoladora de uma cidade em ruínas pela qual estão espalhados os cadáveres dos mártires, na qual caminha, aflito, “um bispo vestido de branco” (a respeito do qual irmã Lúcia escreve: “Tivemos o pressentimento de que era o Santo Padre”), seguido por bispos e religiosos. O cortejo sobe até o topo de uma colina, na qual se encontra uma cruz, e aos pés dela o Papa é assassinado.
     Desde o anúncio do cardeal Sodano, o Vaticano identificou o “bispo vestido de branco” com o papa João Paulo II, e seu assassinato com o atentado sofrido por obra de Ali Agca, em 1981. Mas, desde o princípio, essa revelação e a interpretação oficial que a acompanha despertaram perplexidade. Entre outras coisas, muitos observaram uma discordância entre o que havia dito o cardeal Sodano um mês antes, em Fátima, quando falara de um papa que “cai por terra como se estivesse morto”, e o texto divulgado, no qual se lê a respeito de um papa inequivocamente “assassinado”.
     Para complicar as coisas, para os lados do Vaticano, somam-se as várias associações de fiéis nascidas em torno de Fátima, formadas de leigos, sacerdotes e estudiosos que conhecem a vida, a morte e, é o caso de dizer, os milagres de tudo o que aconteceu ao redor daquela aparição prodigiosa. E foi desses ambientes, justamente, que se levantaram as críticas mais pungentes.
     Entre 2006 e 2007, essas críticas foram condensadas em dois livros-reportagem: Il quarto segreto di Fatima, de Antonio Socci, e La profezia di Fatima, de Marco Tosatti. A seguir, falaremos sinteticamente do conteúdo dessas obras.
     Nossa Senhora previu Ali Agca?
     Uma das controvérsias mais acesas está relacionada com a identificação do bispo vestido de branco com Karol Wojtyla. Em outras palavras: Nossa Senhora profetizou realmente o atentado a João Paulo II? Em seu livro, Socci observa que a interpretação vaticana do segredo, na realidade, não é tão unívoca. E isso já desde o anúncio do cardeal Sodano, cujas palavras são transcritas no documento dedicado ao segredo de Fátima: o prelado explica que os episódios descritos na visão “parecem já pertencer ao passado”. “A Senhora da mensagem parece ler com singular perspicácia os ‘sinais dos tempos’” [os itálicos não são dos textos, ndr.]. Enfim, segundo Socci, parece que o prelado tem um certo medo de usar expressões afirmativas demais.
     Não é o único. Na nota teológica, o cardeal Ratzinger explica a coincidência entre o papa da mensagem e Wojtyla por meio de uma “elegante” expressão interrogativa: “Não era razoável que o Santo Padre, quando, depois do atentado de 13 de maio de 1981, mandou trazer o texto da terceira parte do ‘segredo’, tivesse lá identificado seu próprio destino?”.
     Indo além dessas anotações, que podem parecer meras sutilezas, é óbvio que, em se tratando de revelações particulares, não estamos diante de conteúdos de fé. O próprio cardeal Ratzinger explica, numa entrevista concedida em 19 de maio de 2000 ao jornal italiano La Repubblica, que não existem “interpretações obrigatórias”. Por outro lado, basta observar o documento oficial vaticano (que pode ser baixado da internet) para que se afaste qualquer dúvida a esse respeito. De fato, um capítulo do comentário teológico se intitula significativamente: “Uma tentativa de interpretação do ‘segredo’ de Fátima”. O itálico é nosso.
     Em todo caso, e prescindindo de outras considerações, os detratores da versão oficial têm uma boa margem para se perguntar: se o segredo fazia referência apenas às perseguições sofridas pelos cristãos no século XX e ao atentado contra o Papa ocorrido em 1981, por que esperar tanto para torná-lo público?
     Segredos públicos e dúvidas secretas
As capas dos três livros mais recentes sobre o Segredo de Fátima
     Se a interpretação do segredo suscitou tantas controvérsias, é bem pouco, se comparado às polêmicas que nasceram em torno do próprio texto. Para sermos mais claros, é melhor partirmos do início, ou seja, de quando irmã Lúcia, na clausura do carmelo de Coimbra, recebe de seu bispo a solicitação de escrever sobre a revelação.
     A religiosa redige diversas memórias do que viu e sentiu naquele distante ano de 1917, na Cova da Iria: a primeira é de 1935, a segunda de 1937, a terceira de agosto de 1941. Nesse terceiro escrito, explica Socci, a irmã “revela as primeiras duas partes do segredo [...], e informa que existe também uma ‘terceira parte’, que por ora não revela. Alguns meses depois, escreve a quarta memória (datada de 8 de dezembro de 1941), na qual transcreve exatamente a anterior, mas, quando chega ao fim do segundo segredo [...], acrescenta uma nova frase, que não existia no texto de agosto: ‘Em Portugal se conservará sempre o dogma da fé, etc.’”. Enfim, em janeiro de 1944, anotará o chamado terceiro segredo.
     Os dois primeiros segredos, nos quais eram previstas a Revolução Russa e a Segunda Guerra Mundial, foram tornados públicos na década de 1940, ao passo que o terceiro segredo, dirá Lúcia, deverá ser revelado apenas em 1960. Em 1957, porém, a Santa Sé ordena que o texto seja enviado a Roma e pede silêncio à irmã. Esse silêncio será mantido até 2000, ano da publicação do documento A mensagem de Fátima pela Congregação para a Doutrina da Fé.
     Uma publicação realmente um tanto infeliz. Os críticos da versão oficial têm bons motivos para observar uma anomalia bem visível. Ao publicar o segredo em sua totalidade, o Vaticano não publica a quarta memória, de 8 de dezembro de 1941, última na ordem cronológica, mas a terceira, de agosto de 1941, acrescentando a ela o escrito de janeiro de 1944, onde está anotado o terceiro segredo. A terceira e a quarta memória são semelhantes, como vimos antes, mas, na quarta, encontramos aquela pequena frase: “Em Portugal se conservará sempre o dogma da fé, etc.”, que na terceira não existe. É claro que essa expressão não é omitida por completo, mas transcrita numa nota marginal, sem nenhuma explicação. Só que essa linha, justamente, está no centro de grandes controvérsias...
     “É possível que as palavras de Nossa Senhora, dadas em pessoa pela Mãe de Deus, possam acabar com um ‘etc.’?” Socci transcreve essa pergunta, certamente não banal, de Paul Kramer, autor de La battaglia finale del diavolo. O que esconderia esse etc.? Os críticos observam como não há nenhum nexo lógico entre essa frase e o segredo revelado em 2000. E que a frase incompleta traz palavras de Nossa Senhora, parte de um discurso direto, ao passo que o segredo consiste numa visão, sem nenhuma palavra da Virgem.
     Padre José dos Santos Valinho, salesiano, é sobrinho de irmã Lúcia e tinha com ela uma relação preferencial. Numa entrevista, concedida pouco antes da revelação do segredo, confidenciou: “Na minha opinião aquela parte do segredo diz respeito à Igreja, a seu interior. Talvez dificuldades doutrinais, crises de unidade, lacerações, revoltas, divisões. A última frase do escrito de minha tia, que precede a parte ainda desconhecida do segredo, diz: ‘Em Portugal se conservará sempre o dogma da fé’. Depois, começa o trecho que não conhecemos. Porém, ela dá a entender que o tema da parte que falta poderia estar ligado à última afirmação que conhecemos. Portanto, em outras partes da Igreja esse dogma poderia vacilar”.
     Ele não foi o único que apresentou uma hipótese como essa.
     A grande apostasia
Paulo VI e Irmã Lúcia em Fátima
Paulo VI e irmã Lúcia, em Fátima, em 13 de maio de 1967
     A respeito do segredo de Fátima, ao longo dos anos, circularam os mais diversos boatos, entre os quais o mais recorrente é aquele que fala de uma multidão de cristãos que perde a fé. Em outras palavras, Nossa Senhora teria previsto uma grande apostasia. Lendas, apenas?
     É o que poderia parecer, à luz da revelação vaticana. O problema, porém, é que essas lendas, com o passar dos anos, foram corroboradas por declarações de pessoas que, por sua função, tinham conhecimento do segredo. Tosatti dedica um capítulo inteiro a “Cinqüenta anos de indiscrições excelentes”. Vamos falar de algumas.
     Dom Alberto do Amaral, bispo emérito de Fátima, numa conferência de 1984, afirma: “O segredo de Fátima não fala nem de bomba atômica nem de artefatos nucleares [...]. A perda da fé de um continente é pior que a destruição de uma nação; e é verdade que a fé diminui continuamente na Europa. A perda da fé católica na Igreja é bem mais grave que uma guerra nuclear” (declaração desmentida em 1986, mas depois confirmada em março de 1995).
     O cardeal Alfredo Ottaviani, numa conferência de 1967, diz: “Eu tive a graça e o dom de ler o texto do terceiro segredo. [...] Posso lhes dizer apenas isto: que virão tempos muito difíceis para a Igreja e que é preciso muita oração para que a apostasia não seja grande demais”.
     Indiscrições excelentes são documentadas também no livro de Socci. Dom Loris Capovilla, secretário de João XXIII, que certamente também conhecia o segredo, responde uma entrevista por escrito em 1978. Quando lhe perguntam se o segredo se refere expressamente à hierarquia eclesiástica, à Rússia ou a uma “crise religiosa no mundo”, responde negando as duas primeiras hipóteses, mas nada diz da terceira. Ainda mais explícito é o conteúdo de uma carta do cardeal Luigi Ciappi, por muito tempo teólogo da Casa Pontifícia, endereçada ao professor Baumgartner. Na missiva, escrita em 2000 mas tornada pública em março de 2002, o purpurado revela: “No terceiro segredo se prevê, entre outras coisas, que a grande apostasia na Igreja começará do seu ponto mais alto”.
     São todos mentirosos? E, se não for assim, isso significa que foi o Vaticano que publicou uma mentira? As coisas são um pouco mais complexas. Com base numa série de indícios e testemunhos concordantes, muitos dos críticos da versão oficial estão convencidos de que o segredo na realidade seria constituído de duas partes distintas. E que a revelada em 2000, escrita em quatro páginas, seria apenas uma das partes e teria estado sempre guardada nos arquivos do Santo Ofício. A outra parte, ainda secreta, escrita numa única folha, teria ficado sempre no apartamento dos papas.
     Como confirmação dessa hipótese, haveria também um indício de tipo lógico. Tosatti apresenta a tese de Andrew M. Cesanek, outro estudioso que se aventurou a entender o segredo de Fátima. Este, comparando as duas primeiras revelações e a que foi tornada pública em 2000, registra como as duas primeiras são caracterizadas por um esquema do gênero visão-explicação, ao passo que a outra não contém explicações. Tosatti escreve: “Certamente, é curioso que, das três partes, aquela que mais necessita de um ‘guia de leitura’ seja, na realidade, a única que não tem um”.
     As atas de irmã Lúcia
     O Vaticano, obviamente, não podia deixar de interpelar irmã Lúcia, a última dos pastorinhos ainda viva na época (morreu em fevereiro de 2005). Para tanto, o atual secretário de Estado vaticano, cardeal Bertone, foi duas vezes a Coimbra: uma primeira em 27 de abril de 2000 e uma segunda em 17 de novembro de 2001 (na realidade, o prelado revelou ter encontrado a religiosa também em 9 de dezembro de 2003, mas para conversar sobre episódios relativos a Albino Luciani). Possuímos relatos desses dois encontros, algo semelhante a atas, uma das quais, a segunda, assinada pela própria irmã Lúcia. Em ambas, é comprovada a linha do Vaticano: para a religiosa também, o segredo teria sido revelado em sua integridade e a cena do papa assassinado representaria o atentado de 1981. Mas essas “atas”, fruto de horas de conversa, segundo os críticos, seriam excessivamente sintéticas, no limite do tom lacônico, e genéricas demais.
     Para sermos breves, transcrevemos apenas a observação do padre Paul Kramer, contida no livro de Socci, o qual calculou que, da segunda conversa, que durou cerca de duas horas, o cardeal Bertone “conseguiu extrair apenas quarenta e duas palavras importantes (quarenta e duas) que deveriam ser atribuídas entre aspas à religiosa”. Ainda a propósito dessa segunda ata, Socci, partindo da premissa de que a religiosa fala apenas português, se pergunta: “Se é assim, por que não existe um texto em português? E, se existe e – como parece óbvio – irmã Lúcia só assinou esse texto, por que ele não foi publicado? E por que a versão em inglês não tem a assinatura da irmã?”. Tampouco serviu para dissipar as dúvidas o livro publicado pela religiosa pouco antes de morrer, Os apelos da mensagem de Fátima, no qual a autora evita entrar em questões relacionadas ao segredo.
     Mas Tosatti assinala uma frase particularmente significativa desse livro: “Deixo inteiramente à Santa Igreja a liberdade de interpretar o sentido da mensagem, porque lhe pertence e lhe compete: por isso, humildemente e de bom grado me submeto a tudo o que ela disser ou quiser corrigir, modificar ou declarar”.
     De fato, impressiona que a religiosa tenha usado verbos como “modificar” e “corrigir”.
     O cardeal Bertone e papa Luciani
João Paulo II
João Paulo II em Fátima, por ocasião da beatificação de Jacinta e Francisco Marto, em 13 de maio de 2000
     Pouco depois da saída do livro de Tosatti, a editora italiana Rizzoli publicou outra obra sobre Fátima, dessa vez um livro-entrevista com o cardeal Bertone, organizado pelo vaticanista Giuseppe De Carli. No livro, o purpurado volta a frisar a versão oficial, enriquecendo-a de pormenores inéditos, mas evita responder às perguntas levantadas pelos críticos.
     Aqui, nós nos limitamos a evidenciar uma passagem do livro de De Carli que, a um leitor comum, poderia levantar novas perguntas.
     O cardeal Bertone é interrogado sobre a relação entre Fátima e Albino Luciani. A questão é conhecida: o então patriarca de Veneza, pouco antes de ser eleito Papa, foi fazer uma visita a irmã Lúcia. Esta, como alguns imaginaram, lhe teria profetizado o pontificado e a morte dentro de pouco tempo. O cardeal Bertone responde negando que a irmã tenha feito semelhante profecia. E, para confirmar, apresenta um escrito do próprio Luciani, datado de janeiro de 1978, no qual é relatado sinteticamente o conteúdo da conversa.
     Irmã Lúcia, anota o patriarca de Veneza, lhe havia falado da necessidade de haver “cristãos e especialmente seminaristas, noviços e noviças seriamente decididos a serem de Deus sem reservas”, e por aí afora. Em seguida, Luciani, após ter contado que havia perguntado sobre a dança do sol (espetacular milagre de Fátima), se questiona: “[...] alguém pode perguntar: um cardeal tem interesse em revelações particulares?”. Sim, responde, explicando que o “Evangelho contém tudo”, mas aos cristãos é necessário também “perscrutar os sinais dos tempos”. “E, atrás do sinal, é oportuno ter cuidado com as coisas sublinhadas por esse sinal. Quais?”, pergunta-se ainda, com seu estilo simples e linear. E relaciona as quatro coisas que, diz ele, foram indicadas por Nossa Senhora naquele distante ano de 1917, explicando uma por uma: arrepender-se, rezar, recitar o rosário e, por último, ter em mente que o inferno existe.
     Nas linhas que o patriarca dedica à oração, porém, há uma observação que chama a atenção. Luciani anota a dificuldade que essa prática encontra entre seus contemporâneos. E conclui: “Não fui eu, mas Karl Rahner quem escreveu: ‘Vive-se também dentro da Igreja uma dedicação exclusiva do homem às realidades temporais, que não é mais uma opção legítima, mas apostasia e queda total da fé’”. Apostasia?
     Enfim, apesar da revelação de 2000, continua a se projetar uma aura de mistério em torno do segredo de Fátima. E, para muitos, a palavra mistério é cheia de enigmas ameaçadores. Não é o caso do simples fiel, para quem essa palavra parece cheia de conforto e de esperança, quando orienta e acompanha a oração do rosário. Uma oração que em Fátima, precisamente, foi enriquecida pela jaculatória de doce misericórdia que Nossa Senhora quis ensinar às três crianças e, por meio delas, à Igreja inteira. E foi justamente por isso, nós acreditamos, que a aparição de Fátima, com o passar dos anos, se tornou cara ao povo cristão. Para terminar este artigo, faz bem lembrar disso.
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     O artigo de Davide Malacaria foi publicado na edição de junho/julho da revista 30 Giorni com o título O Segredo de Fátima.
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    MATÉRIAS RELACIONADAS DE INTERESSE:
Novo texto do Terceiro Segredo que circula nos meios católicos reacende controvérsia por Ronaldo Ausone Lupinacci.
Testemunhos de autoridades da Igreja e da própria Irmã Lúcia esclarecem este aspecto do misterioso assunto por Marian T. Horvat.
Por que desde o ano de 1960 não se revela o verdadeiro conteúdo do Terceiro Segredo? por André F. Falleiro Garcia.
Comentário sobre o livro de Antonio Socci, “Il quarto segreto di Fátima” por Julio Alvear Téllez.
Algumas das mais altas figuras da Igreja reduziram ao silêncio a própria Mãe de Deus. Para sempre? por Julio Alvear Téllez.
O depoimento do Cardeal Oddi, de Mons. Loris Capovilla e de outros estudiosos sobre o tema da autenticidade do Terceiro Segredo por Julio Alvear Téllez.
fonte:Sacralidade

segunda-feira, 19 de julho de 2010

O Terceiro Segredo



Capítulo 4
O Terceiro Segredo
       Precisamente como a Virgem Maria predisse em 1917, a 2ª Guerra Mundial começou no pontificado de Pio XI, na altura em que Josef Stálin estava a liquidar os Católicos e a exportar o comunismo mundial a partir da Rússia Soviética. Em Junho de 1943, a Irmã Lúcia, já com 36 anos de idade, adoeceu com pleurisia. Este facto alarmou muito o Bispo de Leiria, D. José Alves Correia da Silva, e o seu grande amigo e conselheiro Cónego Galamba. Ambos receavam que a Irmã Lúcia morresse sem escrever o Terceiro Segredo.
Tão terrível que nem conseguia escrevê-lo
       Assim, sugeriram-lhe em Setembro de 1943 que o escrevesse, mas ela escusou-se a fazê-lo porque não queria assumir por si própria a responsabilidade de uma tal iniciativa. Disse, porém, que obedeceria a uma ordem expressa do Bispo de Leiria. A Irmã Lúcia estava extremamente preocupada com o facto de, sem esta autorização, não ter ainda licença de Nosso Senhor para revelar o Terceiro Segredo.
       Em meados de Outubro de 1943, durante uma visita à Irmã Lúcia no Convento de Tuy, em Espanha (a cerca de 400 quilómetros de Fátima e não longe da fronteira portuguesa), D. José Alves Correia da Silva deu-lhe uma ordem formal para escrever o Segredo. A Irmã Lúcia tentou então obedecer à ordem do Bispo, mas foi incapaz de o fazer nos dois meses e meio que se seguiram.
A própria Virgem Santíssima autoriza
a Irmã Lúcia a revelar o Segredo
       Finalmente, a Santíssima Virgem Maria apareceu de novo a Lúcia em 2 de Janeiro de 1944, para lhe dar forças e lhe confirmar que era realmente da vontade de Deus que ela revelasse a parte final do Segredo. Só então conseguiu a Irmã Lúcia superar a sua perturbação e escrever o Terceiro Segredo de Fátima1. Mas, mesmo assim, só em 9 de Janeiro de 1944 escreveu a seguinte nota ao Bispo D. José Alves Correia da Silva, informando-o de que o Segredo tinha sido finalmente escrito:
       Já escrevi o que me mandou; Deus quis provar-me um pouco [,] mas afinal era essa a sua vontade: Está lacrada [a parte que me falta do segredo] dentro dum envelope e este dentro dos cadernos (…)2.
Uma só folha de papel
       Depreende-se imediatamente que o Segredo implicava dois documentos: um, fechado num envelope; e o outro, contido num caderno de apontamentos da Irmã Lúcia (não sendo assim, por que razão teria ela entregado o caderno, além do envelope?). Para já, concentremo-nos no que estava contido no envelope fechado.
       Lúcia estava ainda tão perturbada com o conteúdo do Segredo que não confiava a ninguém o envelope fechado (juntamente com o caderno de apontamentos), a não ser a um Bispo que o levasse a D. José Alves Correia da Silva. Em 17 de Junho de 1944, a Irmã Lúcia deixou Tuy, atravessou o Rio Minho e chegou ao Asilo Fonseca, onde entregou ao Arcebispo titular de Gurza, D. Manuel Maria Ferreira da Silva, o caderno em que tinha inserido o envelope com o Terceiro Segredo. No mesmo dia, o Arcebispo entregou o Segredo ao Bispo de Leiria na sua casa de campo, não longe de Braga; e este levou-o para o Paço Episcopal em Leiria. Estes pormenores são muito importantes, em vista do que se lê no comentário ao Terceiro Segredo que o Vaticano publicou em 26 de Junho de 2000.
       Desde o início que o testemunho unânime era que o Terceiro Segredo estava escrito em forma de carta, numa só folha de papel. O Padre Joaquín Alonso, arquivista oficial da documentação sobre as aparições de Fátima, relata que tanto a Irmã Lúcia como o Cardeal Ottaviani afirmaram que o Segredo estava escrito numa só folha de papel:
       A Lúcia diz-nos que o escreveu numa folha de papel. O Cardeal Ottaviani, que o leu, diz-nos a mesma coisa: “Ela escreveu-o numa folha de papel” (…)3.
       O Cardeal Ottaviani, então Prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé, declarou que lera o Terceiro Segredo e que este estava escrito numa só folha de papel. Testemunhou este facto em 11 de Fevereiro de 1967, numa conferência de imprensa por ocasião de uma reunião da Academia Pontifícia Mariana em Roma. Disse o Cardeal:
       E então, o que fez ela [a Lúcia] para obedecer à Santíssima Virgem? Escreveu numa folha de papel, em português, o que a Santa Virgem lhe pedira que dissesse (…)4.
       O Cardeal Ottaviani é testemunha deste facto. Na mesma conferência de imprensa, disse:
       Eu, que tive a graça e o dom de ler o texto do Segredo - embora também esteja obrigado a mantê-lo secreto, por tal me ser imposto pelo Segredo (...)5.
       Temos igualmente o testemunho de D. João Venâncio, na altura Bispo Auxiliar de Leiria-Fátima, que, em meados de Março de 1957, tinha ordens do Bispo D. José Alves Correia da Silva para entregar cópias de todos os escritos da Irmã Lúcia - incluindo o original do Terceiro Segredo - ao Núncio Apostólico em Lisboa, para este os transferir para Roma. Antes de entregar os escritos da Irmã Lúcia ao Núncio, D. João Venâncio pegou no envelope com o Terceiro Segredo, olhou para ele a contra-luz e reparou que o Segredo estava «escrito numa pequena folha de papel»6. Frère Michel identifica em primeiro lugar a natureza deste testemunho:
       Todavia, graças às revelações do Bispo [D. João] Venâncio, na altura Bispo Auxiliar de Leiria e intimamente envolvido nestes acontecimentos, estamos hoje na posse de muitos factos fidedignos que nós teremos cuidado em não esquecer. Eu próprio os recebi da boca do Bispo [D. João] Venâncio em 13 de Fevereiro de 1984, em Fátima. A este propósito, o antigo Bispo de Fátima repetiu-me, quase palavra por palavra, o que já dissera antes ao Padre Caillon, que disso deu um relato muito pormenorizado nas suas conferências7.
       Aqui está o testemunho de D. João Venâncio, segundo Frère Michel:
       O Bispo [D. João] Venâncio contou que, logo que se viu sòzinho, pegou no envelope grande do Segredo e tentou ver o seu conteúdo à transparência. Dentro do envelope grande do Bispo vislumbrou um envelope mais pequeno, o da Lúcia, e dentro deste envelope uma folha de papel vulgar, com margens, de cada lado, de uns 7,5 milímetros. Teve o cuidado de anotar o tamanho de tudo. Logo, o último Segredo de Fátima foi escrito numa pequena folha de papel8. [ênfase acrescentada].
       Os indícios mostram ainda que esta folha de papel tinha de 20 a 25 linhas de texto. Os testemunhos da Irmã Lúcia, do Cardeal Ottaviani, do Bispo D. João Venâncio, do Padre Alonso, de Frère Michel e de Frère François concordam todos sobre este ponto:
       (…) temos a mesma certeza de que as vinte ou trinta linhas do Terceiro Segredo (…)9.
       O último Segredo de Fátima, escrito numa pequena folha de papel, não é, portanto, muito longo. Provavelmente vinte ou vinte e cinco linhas (…)10.
       D. João Venâncio olhou “para o envelope [contendo o Terceiro Segredo] que segurava contra a luz. Pôde ver dentro dele uma pequena folha, cujo tamanho exacto mediu. Sabemos, assim, que o Terceiro Segredo não é muito longo, provavelmente 20 a 25 linhas (…)”11.
Escrito em forma de carta
       É igualmente claro que o Terceiro Segredo foi escrito em forma de uma carta ao Bispo D. José Alves Correia da Silva. A própria Irmã Lúcia diz-nos que o Terceiro Segredo foi escrito como uma carta. Temos, sobre este ponto, o depoimento escrito do Padre Jongen, que interrogou a Irmã Lúcia em 3 e 4 de Fevereiro de 1946 desta maneira:
       ‘Já revelou duas partes do Segredo. Quando chegará a altura da terceira parte?’ ‘Comuniquei a terceira parte numa carta ao Bispo de Leiria’, respondeu ela12. [ênfase acrescentada]
       Temos em seguida as palavras decisivas do Cónego Galamba:
       Quando o Bispo se recusou a abrir a carta, Lúcia fê-lo prometer que esta seria definitivamente aberta e lida ao Mundo ou por altura da sua morte, ou em 1960, conforme o que sucedesse primeiro13. [ênfase acrescentada]
Para ser revelado ao Mundo em 1960
       Porquê 1960? Em 1955, o Cardeal Ottaviani perguntou à Irmã Lúcia por que razão a carta não devia ser aberta antes de 1960. Respondeu-lhe ela: «porque então parecerá mais claro». Tinha feito com que o Bispo de Leiria prometesse que o Segredo seria lido ao Mundo aquando da sua morte, mas nunca mais tarde que 1960, «porque a Santíssima Virgem assim o quer»14. E escreveu o Cónego Barthas: «Além disso, [o Terceiro Segredo] não tardará a ser conhecido, porque a Irmã Lúcia afirma que é o desejo de Nossa Senhora que ele seja publicado a partir de 1960».
       Este depoimento introduz um terceiro facto crucial a respeito do Segredo: que devia ser revelado em 1960. De facto, o Cardeal Patriarca de Lisboa declarou em Fevereiro de 1960:
       O Bispo D. José Alves Correia da Silva meteu [o envelope fechado por Lúcia] noutro envelope, no qual escreveu que a carta devia ser aberta em 1960 por ele, D. José Alves Correia da Silva, se ainda fosse vivo, ou, em caso contrário, pelo Cardeal Patriarca de Lisboa15. [ênfase acrescentada]
       Diz-nos o Padre Alonso:
       Outros Bispos também falaram - e com autoridade - sobre o ano de 1960 como sendo a data indicada para abrir a famosa carta. Assim, quando o então Bispo titular de Tiava e Bispo Auxiliar de Lisboa perguntou a Lúcia quando deveria ser aberto o Segredo, recebeu sempre a mesma resposta: em 196016. [ênfase acrescentada]
       E em 1959, D. João Venâncio, novo Bispo de Leiria, declarou:
       Penso que a carta não será aberta antes de 1960. A Irmã Lúcia pediu que não fosse aberta antes da sua morte, ou antes de 1960. Estamos agora em 1959 e a Irmã Lúcia está de boa saúde17. [ênfase acrescentada]
       Finalmente, temos a declaração do Vaticano, de 8 de Fevereiro de 1960 (divulgada num comunicado da agência noticiosa portuguesa ANI), sobre a decisão de suprimir o Segredo - documento a que nos voltaremos a referir no Capítulo 6. Lê-se na declaração do Vaticano:
       (…) é muito possível que nunca venha a ser aberta a carta em que a Irmã Lúcia escreveu as palavras que Nossa Senhora confiou aos três pastorinhos, como segredo, na Cova da Iria18. [ênfase acrescentada]
       Assim, todos os depoimentos indicam que o Segredo foi escrito como uma carta, numa só folha de papel com 20 a 25 linhas de texto manuscrito e margens de 7,5 milímetros de cada lado - Segredo esse que devia ser revelado em 1960 e não mais tarde; e particularmente nesse ano porque, então, “seria muito mais claro”.
       Foi este documento que o Bispo D. João Venâncio transferiu para o Núncio Papal que, por sua vez, o transferiu para o Santo Ofício (hoje chamado Congregação para a Doutrina da Fé) em 1957:
       Chegado ao Vaticano em 16 de Abril de 1957, o Segredo foi certamente colocado pelo Papa Pio XII na sua secretária pessoal, numa caixinha de madeira com a inscrição Secretum Sancti Officii (Segredo do Santo Ofício)19.
       É importante notar que o Papa estava à frente do Santo Ofício antes da reorganização do Vaticano, feita pelo Papa Paulo VI em 1967. Por isso, era apropriado que o Papa ficasse com o Terceiro Segredo na sua posse e que a caixa em que o colocara fosse rotulada como “Segredo do Santo Ofício”. Estando o Papa à frente do Santo Ofício, esta caixa ficou a fazer parte do respectivo arquivo. Não esqueça estes factos, leitor, pois são cruciais para quando nos referirmos a eles mais adiante.
Uma predição de apostasia na Igreja
       E com respeito ao conteúdo do Segredo? Voltamos agora à frase reveladora «Em Portugal se conservará sempre o dogma da Fé etc.», que, como indicámos num capítulo anterior, aparece no fim do texto integral das duas primeiras partes do Grande Segredo na Quarta Memória de Lúcia.
       Sobre este ponto, devemos recordar o depoimento crucial do Padre Joseph Schweigl, a quem o Papa Pio XII confiou uma missão secreta: interrogar a Irmã Lúcia sobre o Terceiro Segredo. E foi o que ele fez no Carmelo de Coimbra, em 2 de Setembro de 1952. Ao regressar a Roma, o Padre Schweigl dirigiu-se à sua residência no Russicum e disse a um colega no dia seguinte:
       Não posso revelar nada do que ouvi sobre Fátima no que respeita ao Terceiro Segredo, mas posso dizer que tem duas partes: uma fala do Papa. A outra, logicamente (embora eu não deva dizer nada) teria de ser a continuação das palavras: ‘Em Portugal se conservará sempre o dogma da Fé’20.
       Confirma-se assim o que concluímos: que uma parte do Segredo é, de facto, a continuação da frase cuja conclusão o Vaticano tem ainda por revelar: «Em Portugal se conservará sempre o dogma da Fé etc.»
       Esta conclusão é corroborada por muitas outras testemunhas, incluindo as seguintes:
O Padre Agustín Fuentes
       Em 26 de Dezembro de 1957, o Padre Fuentes entrevistou a Irmã Lúcia. A entrevista foi publicada em 1958 com um imprimatur do seu Prelado, o Arcebispo Sánchez, de Veracruz, México. Entre outras coisas, a Irmã Lúcia disse o seguinte ao Padre Fuentes:
       Padre, a Santíssima Virgem está muito triste, por ninguém fazer caso da Sua Mensagem, nem os bons nem os maus: os bons, porque continuam no seu caminho de bondade, mas sem fazer caso desta Mensagem; os maus, porque, não vendo que o castigo de Deus já paira sobre eles por causa dos seus pecados, continuam também no seu caminho de maldade, sem fazer caso desta Mensagem. Mas - creia-me, Senhor Padre - Deus vai castigar o Mundo, e vai castigá-lo de uma maneira tremenda. O castigo do Céu está iminente.
       Senhor Padre, o que falta para 1960? E o que sucederá então? Será uma coisa muito triste para todos, não uma coisa alegre, se, antes, o Mundo não fizer oração e penitência. Não posso detalhar mais, uma vez que é ainda um segredo. (…)
       Esta é a Terceira parte da Mensagem de Nossa Senhora que ficará em segredo até 1960.
       Diga-lhes, Senhor Padre, que a Santíssima Virgem repetidas vezes - tanto aos meus primos Francisco e Jacinta como a mim - nos disse que ‘muitas nações desaparecerão da face da terra, que a Rússia seria o instrumento do castigo do Céu para todo o Mundo, se antes não alcançássemos a conversão dessa pobre nação’.
       Senhor Padre, o demónio está travando uma batalha decisiva contra a Virgem Maria. E como sabe que é o que mais ofende a Deus e o que, em menos tempo, lhe fará ganhar um maior número de almas, trata de ganhar para si as almas consagradas a Deus, pois que desta maneira deixa também o campo das almas desamparado e mais facilmente se apodera delas.
       O que aflige o Imaculado Coração de Maria e o Sagrado Coração de Jesus é a queda das almas dos Religiosos e dos Sacerdotes. O demónio sabe que os Religiosos e os Sacerdotes que caem na sua bela vocação, arrastam numerosas almas para o inferno. (…) O demónio quer tomar posse das almas consagradas. Tenta corrompê-las para adormecer as almas dos leigos e levá-las deste modo à impenitência final21.
O Padre Alonso
       Antes de falecer em 1981, o Padre Joaquín Alonso, que foi o arquivista oficial de Fátima durante dezasseis anos, testemunhou o seguinte:
       Seria, então, de toda a probabilidade que (…) o texto faça referências concretas à crise da Fé na Igreja e à negligência dos Seus próprios Pastores [e às] lutas intestinas no seio da própria Igreja e de graves negligências pastorais por parte das altas Hierarquias22.
       No período que precede o grande triunfo do Imaculado Coração de Maria, sucederão coisas tremendas que são objecto da terceira parte do Segredo. Que coisas serão essas? Se “em Portugal, se conservará sempre o dogma da Fé”, (…) pode claramente deduzir-se destas palavras que, em outros lugares da Igreja, estes dogmas vão tornar-se obscuros ou chegarão mesmo a perder-se23.
       Falaria o texto original (e inédito) de circunstâncias concretas? É muito possível que não só fale de uma verdadeira ‘crise de fé’ na Igreja durante este período intermédio, mas ainda, como acontece com o segredo de La Salette, por exemplo, que haja referências mais concretas às lutas internas dos Católicos ou às deficiências de Sacerdotes e Religiosos. Talvez se refira, inclusivamente, às próprias deficiências da alta Hierarquia da Igreja. Por isso, nada disto é alheio a outros comunicados que a Irmã Lúcia tenha feito sobre este assunto24.
O Cardeal Ratzinger
       Em 11 de Novembro de 1984, o Cardeal Ratzinger, chefe da Congregação para a Doutrina da Fé, deu uma entrevista à revista Jesus, uma publicação das Irmãs Paulinas. Intitulava-se “Aqui está o motivo de a Fé estar em crise”, e foi publicada com a autorização explícita do Cardeal. Nesta entrevista, o Cardeal Ratzinger admite que uma crise da Fé está a afectar a Igreja em todo o Mundo. Neste contexto, revela que leu o Terceiro Segredo, e que este se refere a «perigos que ameaçam a Fé e a vida do Cristão, e, consequentemente, do Mundo».
       O Cardeal confirma assim a tese do Padre Alonso, segundo a qual o Segredo se refere a uma apostasia generalizada na Igreja. Na mesma entrevista, o Cardeal Ratzinger diz que o Segredo também se refere à «importância dos Novissimi [os últimos tempos / as últimas coisas]», e que, «se não foi tornado público, pelo menos por agora, foi para impedir que a profecia religiosa viesse a descambar no sensacionalismo (…)» O Cardeal mais revela que «o conteúdo deste ‘Terceiro Segredo’ corresponde ao que é anunciado nas Sagradas Escrituras e que tem sido dito, muitas e muitas vezes, em várias outras aparições de Nossa Senhora, a começar por esta, de Fátima, no seu conteúdo já conhecido»25.
D. Alberto Cosme do Amaral
       Completamente de acordo com o Cardeal Ratzinger está D. Alberto Cosme do Amaral, terceiro Bispo de Fátima. Num discurso em Viena de Áustria, em 10 de Setembro de 1984, disse o seguinte:
       O conteúdo [do Terceiro Segredo] diz respeito, unicamente, à nossa Fé. (…) Identificar o [Terceiro] Segredo com anúncios catastróficos ou com um holocausto nuclear é deformar o sentido da mensagem. A perda de Fé de um continente é pior do que o aniquilar de uma nação; e a verdade é que a Fé está continuamente a diminuir na Europa26. [ênfase acrescentada]
O Cardeal Oddi
       Em 17 de Março de 1990, o Cardeal Oddi fez a seguinte declaração ao jornalista italiano Lucio Brunelli, publicada no jornal Il Sabato:
       Ele [o Terceiro Segredo] não tem nada a ver com Gorbachev. A Santíssima Virgem estava a avisar-nos contra a apostasia na Igreja.
O Cardeal Ciappi
       A estas testemunhas devemos acrescentar as palavras do Cardeal Mario Luigi Ciappi, que era, precisamente, o Teólogo pessoal do Papa João Paulo II. Numa comunicação particular com um certo Professor Baumgartner, em Salzburgo, o Cardeal Ciappi revelou que:
       No Terceiro Segredo prediz-se, entre outras coisas, que a grande apostasia na Igreja começará pelo cimo27.
       Todos estes testemunhos concordam com o que a própria Irmã Lúcia disse repetidas vezes - não só ao Padre Fuentes, acima citado, mas a muitas outras testemunhas fidedignas. Embora esteja limitada pelo seu compromisso de não divulgar o conteúdo preciso do Terceiro Segredo, os seus comentários, feitos a testemunhas de crédito, estão cheios de referências a homens da Igreja ... «engana[dos] por falsas doutrinas»; a uma «desorientação diabólica» que afecta «tantas pessoas que ocupam lugares de responsabilidade» na Igreja; a «Sacerdotes e (...) almas consagradas» que «andam tão iludidas e tão transviadas» porque o demónio «tem conseguido infiltrar o mal com capa de bem (...) tem consegiudo iludir e enganar almas cheias de responsabilidade, pelo lugar que ocupam! (...) São cegos a guiar outros cegos!»28.
Pio XII confirma
que o Segredo prevê a apostasia na Igreja
       Mas o testemunho talvez mais notável de todos, quanto a este assunto, embora de uma relevância indirecta, é o do Cardeal Eugenio Pacelli - antes de se tornar o Papa Pio XII - quando ainda era Secretário de Estado do Vaticano durante o reinado de Pio XI. Falando ainda antes de a Irmã Lúcia ter escrito o Terceiro Segredo, o futuro Pio XII fez uma profecia espantosa sobre uma futura convulsão na Igreja:
       As mensagens da Santíssima Virgem a Lúcia de Fátima preocupam-me. Esta persistência de Maria sobre os perigos que ameaçam a Igreja é um aviso do Céu contra o suicídio de alterar a Fé na Sua liturgia, na Sua teologia e na Sua alma. (…) Ouço à minha volta inovadores que querem desmantelar a Capela-Mor, destruir a chama universal da Igreja, rejeitar os Seus ornamentos e fazê-lA ter remorsos do Seu passado histórico.
       O biógrafo do Papa Pio XII, Monsenhor Roche, anotou que neste momento da conversa, Pio XII disse então (em reposta a uma objecção):
       Chegará um dia em que o Mundo civilizado negará o seu Deus, em que a Igreja duvidará como Pedro duvidou. Ela será tentada a acreditar que o homem se tornou Deus. Nas nossas igrejas, os Cristãos procurarão em vão a lamparina vermelha onde Deus os espera. Como Maria Madalena, chorando perante o túmulo vazio, perguntarão: “Para onde O levaram?”29.
       É realmente espantoso notar que o futuro Papa relacionava esta intuição aparentemente sobrenatural da devastação que se aproximava da Igreja especificamente com «as mensagens da Santíssima Virgem a Lúcia de Fátima» e com «esta persistência de Maria sobre os perigos que ameaçam a Igreja». Uma tal predição não teria qualquer sentido se se baseasse nas primeiras duas partes do Grande Segredo, que não mencionam coisas como «o suicídio de alterar a Fé na Sua liturgia, na Sua teologia e na Sua alma», ou «inovadores que querem desmantelar a Capela-Mor, destruir a chama universal da Igreja, rejeitar os Seus ornamentos e fazê-lA ter remorsos do Seu passado histórico.» E também não há qualquer indicação, nas duas primeiras partes, de que «Nas nossas igrejas, os Cristãos procurarão em vão a lamparina vermelha onde Deus os espera».
       Como é que o futuro Papa Pio XII sabia estas coisas? É evidente que lhe foi concedido um vislumbre sobrenatural, ou que tinha conhecimento directo de que uma parte das «mensagens da Santíssima Virgem a Lúcia de Fátima», que até então não tinha sido revelada, previa estes acontecimentos futuros na Igreja.
       Em resumo, todos os testemunhos acerca do conteúdo do Terceiro Segredo, desde 1944 até pelo menos 1984 (a data da entrevista de Ratzinger), confirmam que este se refere a uma perda catastrófica da Fé e da disciplina na Igreja, abrindo uma brecha às forças há tanto tempo alinhadas contra Ela - os “inovadores” que o futuro Papa Pio XII ouvia “à minha volta”, clamando pelo desmantelamento da Capela-Mor e por mudanças na liturgia e na teologia católicas.
       Como demonstraremos, esta brecha começou a ter lugar em 1960, precisamente no ano em que, como a Irmã Lúcia tinha insistido, a terceira parte do Segredo devia ser revelada. Mas, antes de voltarmos àquele ano decisivo - quando começou a dar-se o grande crime de que falamos -, temos de discutir primeiro o motivo que precedeu o crime. É o que iremos agora fazer.

Notas
1. Frère Michel, The Whole Truth About Fatima - Vol. III: The Third Secret (tradução inglesa, Immaculate Heart Publications, Buffalo, NY, 1990), p. 47.
2. Ibid., Cf. Padre Joaquín Alonso, “O Segredo de Fátima”, Fátima 50, Ano l -Nº 6, 13 de Outubro de 1967, p. 11.
3. Padre Joaquín Alonso, La verdad sobre el Secreto de Fátima (Centro Mariano, Madrid, Espanha, 1976), p. 60. Cf. também Frère Michel, The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 651.
4. The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 725.
5. Ibid., p. 727.
6. Frère François de Marie des Anges, Fatima: Tragedy and Triumph (Immaculate Heart Publications, Buffalo, NY, 1994), p. 45.
7. The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 480.
8. Ibid., p. 481.
9. Ibid., p. 626.
10. Fatima: Tragedy and Triumph, p. 45.
11. Frère Michel de la Sainte Trinité, The Secret of Fatima ... Revealed (Immaculate Heart Publications, Buffalo, NY), p. 7.
12. Revue Médiatrice et Reine, Outubro de 1946, pp. 110-112. Cf. também The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 470.
13. Padre Joaquín Alonso, La verdad sobre el Secreto de Fátima, pp. 46-47. Cf. também The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 470.
14. Barthas, Fatima, merveille du XXe siècle, Fatima-Éditions, 1952, p. 83. Note-se que o Cónego Barthas publicou este relato depois de ter tido o privilégio de se encontrar novamente com a Irmã Lúcia, em 15 de Outubro de 1950, na companhia de Monsenhor Bryant, O.M.I., Vigário Apostólico de Athabasca-Mackenzie. Cf. The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 472.
15. Novidades, 24 de Fevereiro de 1960, citado por La Documentation Catholique de 19 de Junho de 1960, col. 751. Cf. também The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 472.
16. Padre Joaquín Alonso, La verdad sobre el Secreto de Fátima, p. 46. Cf. também The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 475.
17. Ibid., p. 46. Cf. também The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 478.
18. The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 578.
19. Fatima: Tragedy and Triumph, p. 45.
20. The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 710.
21. A tradução inglesa da entrevista dada pela Irmã Lúcia ao Padre Fuentes encontra-se na obra de Frère Michel The Whole Truth About Fatima - Vol. III, pp. 503-508. Frère Michel explica que o texto foi tirado da obra do erudito de Fátima, Padre Joaquín Alonso, La verdad sobre el Secreto de Fátima (pp. 103-106) e do texto do Padre Ryan, publicado na edição de Junho de 1959 de Fatima Findings e no Nº 8-9, Agosto-Setembro de 1961, da revista italiana Messaggero del Cuore di Maria. A entrevista da Irmã Lúcia ao Padre Fuentes foi publicada com o Imprimatur do Arcebispo Sanchez, de Veracruz (México).
22. The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 704.
23. Padre Joaquín Alonso, La verdad sobre el Secreto de Fátima, Cf. The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 687.
24. Ibid., pp. 705-706.
25. Ibid., pp. 822-823. Cf. também a revista Jesus, 11 de Novembro de 1984, p. 79, e ainda The Fatima Crusader, Nº 37, Verão de 1991, p. 7.
26. Fatima: Tragedy and Triumph, pp. 243-244. Cf. também The Whole Truth About Fatima - Vol. III, p. 676.
27. Cf. Padre Gerard Mura, “The Third Secret of Fatima: Has It Been Completely Revealed?”, na publicação periódica Catholic (publicada pelos Redentoristas Transalpinos, Ilhas Órcades, Escócia, Grã-Bretanha), Março de 2002.
28. Estas citações foram condensadas a partir de numerosas cartas que a Irmã Lúcia escreveu no início da década de 70 a dois sobrinhos que eram Sacerdotes, e a outros religiosos que conhecia. Padre S. Martins dos Reis, Uma vida ao serviço de Fátima (Escola tipografica das missões cucujães, Cucujães 1974), pp. 371-379. Cf. The Whole Truth About Fatima - Vol. III, pp. 754-758.
29. Roche, Pie XII Devant l'Histoire, pp. 52-53.

domingo, 18 de julho de 2010

O Cardeal Ratzinger sobre o Terceiro Segredo



Transcrito de “Le Troisième Secret” por Frère Michel de la Sainte Trinité

Em Novembro de 1984, apareceu numa revista italiana uma entrevista concedida em Agosto anterior pelo Cardeal Joseph Ratzinger, Prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé, ao jornalista Vittorio Messori. Neste longo artigo, intitulado “Eis porque a Fé está em crise”, uma parte importante era dedicada a Fátima e ao Terceiro Segredo.1
Há alguns anos, esta entrevista do Cardeal ao jornalista italiano apareceu em livro,2 depois de ter sido alterada e revista a sua apresentação. As poucas páginas dedicadas ao Segredo de Fátima3 foram profundamente modificadas.
Nota do Editor: As passagens idênticas nas duas versões estão em itálico. As passagens na primeira versão que foram suprimidas na segunda estão em maiúsculas. Reproduzimos aqui apenas a versão de 11 de Novembro de 1984 das afirmações do Cardeal Ratzinger que foram publicadas — seguida pela análise que Frère Michel fez de ambas as versões.

VERSÃO DE NOVEMBRO DE 19844

NOSSA SENHORA COMO DEFESA DA FÉ. PORQUE É NECESSÁRIO VOLTARMO-NOS PARA MARIA.

“SIM, LI-O”
Novembro de 1984

A uma das quatro secções da Congregação cabe ocupar-se das aparições de Nossa Senhora.
«Cardeal Ratzinger, o Senhor Cardeal leu o chamado ‘Terceiro Segredo de Fátima’, que a Irmã Lúcia enviou ao Papa João XXIII e que este, não o querendo revelar, ordenou que fosse depositado nos arquivos [do Vaticano]?»
«Sim, li-o.»

PORQUE É QUE O SEGREDO NÃO FOI REVELADO?

«Porque não foi, então, revelado?»

1. «NÃO ACRESCENTARIA NADA»

«Porque, de acordo com a apreciação dos Papas, não acrescenta nada de novo àquilo que cada Cristão deve saber com respeito à Revelação: uma chamada radical à conversão; a absoluta seriedade da História; OS PERIGOS QUE AMEAÇAM A FÉ E A VIDA DO CRISTÃO, E, CONSEQUENTEMENTE, DO MUNDO. E, TAMBÉM, A IMPORTÂNCIA DOS ‘NOVÍSSIMOS’.»

2. O PERIGO DO «SENSACIONALISMO»

«Se [o Segredo] não foi tornado público — pelo menos por agora — foi para impedir que a PROFECIA RELIGIOSA viesse a descambar no sensacionalismo. MAS O CONTEÚDO DESTE ‘TERCEIRO SEGREDO’ CORRESPONDE AO QUE É ANUNCIADO NAS SAGRADAS ESCRITURAS e que tem sido dito, muitas vezes, em várias outras aparições marianas, a começar por esta, de Fátima, no seu conteúdo já conhecido. Conversão e penitência são condições essenciais para a salvação

I. As razões para a não-divulgação:
Dois pretextos inconsistentes

«Porque é que o Terceiro Segredo não foi revelado?» A resposta do Cardeal a esta pergunta não variou — e é um desapontamento. Com efeito, o Cardeal Ratzinger dá-nos duas razões para esta não-divulgação, e tanto uma como a outra são insignificantes. Ainda por cima, são contraditórias.

Um Segredo que não nos diria nada

«O Santo Padre acha (trata-se aqui da opinião pessoal de João Paulo II, expressa pelo Cardeal) que não acrescenta nada de novo àquilo que cada Cristão deve saber com respeito à Revelação, e também ao que se sabe do conteúdo das aparições marianas aprovadas pela Igreja, que apenas reconfirmaram a urgência da penitência, conversão, perdão, jejum.»
É incrível! O Segredo final de Nossa Senhora de Fátima não nos diria nada que nós já não soubéssemos . . . E é esta a razão para os Papas obstinadamente se recusarem a revelá-lo em quase trinta anos? Então a mensagem da Santíssima Virgem, que, segundo a Sua vontade expressa, devia ter sido revelada em 1960, será inútil e supérflua, ao contrário do resto da mensagem, que é, sem margem de dúvida, significativo e urgente?
É impensável, e ficamos espantados ao ver um Cardeal da Santa Igreja ousar apresentar uma argumentação tão improvável em nome do Papa. A não ser que o Cardeal apenas quisesse dizer que «as coisas contidas neste Terceiro Segredo» «correspondem», estão em harmonia, em perfeita coerência com os elementos da Revelação e com as mensagens de outras aparições marianas autênticas. Mas neste caso, há mais uma razão, e bem poderosa, para que os fiéis o conheçam!

O perigo do sensacionalismo

«Para evitar confundir profecia religiosa com sensacionalismo», para evitar «o perigo do sensacionalismo, da exploração do conteúdo» — eis o segundo motivo para justificar a não-revelação do Segredo!
Desta vez, a argumentação é completamente incrível. O nosso Padre [Abbé de Nantes] sublinhou o facto na sua “Carta Aberta ao Cardeal Ratzinger”, em Janeiro de 1985: «Como é que uma “profecia religiosa”, sem cor, odor ou sabor particular, pode levar ao “sensacionalismo”? E se este Segredo não traz nada de novo, por que razão foi ocultado nos últimos trinta e cinco anos? Se é do Céu, como é que pode ser inconsistente, ou inútil, ou inoportuno?! Porque é que adoptaram a posição indefensável — e, a longo prazo, a posição inaceitável, escandalosa e criminosa! — de, manhosamente, no-la recusar, de querer que caia no esquecimento do mundo, e ainda por cima depois do sinal recente de 13 de Maio de 1981! E novamente durante a peregrinação a Fátima em 13 de Maio de 1982? Não será porque este Terceiro Segredo comporta, em vinte linhas de um pequeno caderno de apontamentos, uma condenação e anulação de tudo o que tem acontecido na Igreja desde 1960 . . .?
«Insignificante, este Segredo vindo do Céu? Ora vamos! Sensacional é um termo pejorativo, e não é o mais apropriado. “Apocalíptico” é o único termo justo. Sabemo-lo de boa fonte: revela a parte do Apocalipse que deve acontecer no nosso tempo.»5
Sim, é certo: porque a grande profecia de Fátima anuncia não só a crise da Fé que começou em 1960, mas também as deficiências dos membros mais importantes da hierarquia, e porque denuncia — de maneira mais ou menos explícita, mas com suficiente clareza — as “grandes orientações conciliares” que abriram a Igreja à apostasia enquanto os Papas quiserem continuar a governar a Igreja no espírito do Concílio — exaltando a liberdade religiosa, heresia abominável, o ecumenismo, os ideais de 1789 e o culto do Homem —, eles nunca poderão revelar ao mundo as palavras da Rainha do Céu, que os condenam.
As modificações introduzidas pelo Cardeal Joseph Ratzinger à primeira versão da sua entrevista são, neste ponto preciso, altamente significativas.

II. O conteúdo do Terceiro
Segredo: a Verdade atraiçoada

De facto, em Novembro de 1984, certamente ainda impressionado pela leitura do Segredo, o Cardeal Ratzinger, ao mesmo tempo que tentava — de forma bastante desajeitada! — justificar a não-revelação, deu ao mesmo tempo uma ideia de verdades importantes a respeito do seu conteúdo. Já dissemos que, enquanto explicava que, «de acordo com a apreciação dos Papas, [o Terceiro Segredo] não acrescenta nada de novo àquilo que cada Cristão deve saber com respeito à Revelação», indicou quatro temas importantes desta Revelação, que também pertencem à Mensagem de Fátima. Mas nesta enumeração, qualquer leitor bem informado pode discernir facilmente o que corresponde à mensagem já conhecida: «uma chamada radical à conversão», que é a essência da mensagem pública, e igualmente do Primeiro Segredo; «a absoluta seriedade da História», que é o conteúdo do Segundo Segredo; e finalmente, o que exprime sem dúvida os temas essenciais e específicos do Terceiro Segredo: «Os perigos que ameaçam a fé e a vida do Cristão, e, consequentemente, do mundo. E, também, a importância dos ‘Novíssimos’.» Mais adiante, o Cardeal apontou mais outro elemento positivo do último Segredo: «Mas o conteúdo deste ‘Terceiro Segredo’ corresponde ao que é anunciado nas Sagradas Escrituras . . .» Já antes, referindo-se ao Segredo, empregara a expressão «profecia religiosa». Estava a dizer-nos que se trata realmente de uma profecia — o que sabemos por outras vias — e que corresponde às das Sagradas Escrituras.
Embora agrupados numa enumeração que pode parecer banal, vários temas importantes do Terceiro Segredo foram assim mencionados explicitamente pelo Cardeal.
Ora se tornarmos a ler a “versão aumentada”, o Cardeal apagou cuidadosamente — e com certeza não foi por falta de espaço! — aqueles poucos elementos precisos que nos informavam sobre o verdadeiro conteúdo do Segredo: «Os perigos que ameaçam a fé» . . . desapareceram. «A importância dos ‘Novíssimos’» também desapareceu. A concordância das profecias do Terceiro Segredo com as das Sagradas Escrituras já não é mencionada.
Mas, acima de tudo, o Cardeal houve por bem modificar, do princípio ao fim, o contexto em que falou sobre Fátima. É como se, num primeiro movimento de franqueza e lealdade, já tivesse dito de mais, infringindo a lei do silêncio — para não dizer dissimulação e mentira — que os Papas impuseram a Roma desde 1960, em relação a este terrível Segredo que lhes queima as mãos.
Seis meses antes, o Prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé tinha-se referido à questão do Terceiro Segredo, num artigo intitulado «Eis porque a Fé está em crise». A secção dedicada ao Segredo tinha este duplo título: «Nossa Senhora como Defesa da Fé. Porque é necessário voltarmo-nos para Maria.» E começou assim:
«Se o discurso sobre Maria foi sempre essencial à Fé Cristã, hoje é indispensável e urgente, talvez mais do que em qualquer outro período da história da Igreja. No início do Concílio (admitiu o Cardeal Ratzinger), eu não compreendia certas fórmulas antigas, como, por exemplo, “Maria é inimiga de todas as heresias”. Outras, como de Maria, numquam satis (sobre Maria, nunca se pode dizer o bastante) pareciam-me excessivas. À medida que a situação mudava durante o Concílio, e depois, e à medida que estudava mais profundamente este tema, tive de mudar de opinião...» O nosso Padre comentou, na sua Carta Aberta ao Cardeal:
«Palavras espantosas, que em seguida Vossa Eminência justificaria luminosamente. Todos os grandes dogmas da nossa Fé estão tão intimamente ligados às glórias e privilégios de Maria que acreditar nestes é evitar todo o erro naqueles. Os dois dogmas mais antigos, a Virgindade Perpétua e a Maternidade Divina de Maria, tais como os dois mais recentes, a Imaculada Conceição e a Assunção, praticamente garantem a fé em Jesus, o Homem-Deus, e conservam os privilégios do Pai Todo Poderoso, Que pode intervir na própria matéria, etc. Reconhecem-se as preocupações actuais de Vossa Eminência em relação à Fé: levaram-no a considerar a fé em Maria simplesmente como a defesa da Fé. Como é, de facto!
«Vossa Eminência também considera favoravelmente a devoção mariana, se for correcta, de modo a garantir para a Fé a sua dimensão do coração, usando “coração” no sentido que Pascal lhe dava. Isto reconcilia a razão com o sentimento. E também, acrescenta Vossa Eminência, corresponde às expectativas das mulheres modernas, confrontadas com um certo feminismo, mostrando-lhes a dimensão feminina da sua profunda natureza, iluminada e singularmente valorizada pela Virgindade e Maternidade de Maria.
«Os verdadeiros devotos de Nossa Senhora acharão estas considerações teológicas um pouco secas. Não terão razão em as considerar supérfluas.»6
Neste contexto, onde se trata, acima de tudo, de uma questão de Fé, evoca-se Fátima. E a Santíssima Virgem foi proposta — exactamente na linha do Terceiro Segredo, acrescentemos — como o remédio para a presente crise da Fé.
É curioso, muito curioso, ver como, na nova versão, trata-se de Fátima no capítulo intitulado: «Mulheres, Uma Mulher».7 A Santíssima Virgem é agora apresentada como remédio . . . para os problemas das mulheres! Trata-se da ordenação das mulheres, da «“banalização” do sexo», do “feminismo no convento” e das Irmãs que agora vão ao psicanalista em vez de se confessarem, da queda vertiginosa das vocações religiosas femininas, do aggiornamento da vida religiosa, e chegamos, por fim, a . . . «Um remédio: Maria».8 Nesta altura, o Cardeal expõe «seis razões para não esquecer», antes de chegar, finalmente, às três páginas sobre Fátima. Estas páginas são colocadas sob um título inócuo, que não dá margem para qualquer interpretação «sensacionalista»: «Fátima e o seu meio».
Há aqui, pelo menos, uma mudança de perspectiva, e deu-se à primeira exposição uma série de retoques. Adivinha-se facilmente a razão oculta, deplorando-a ao mesmo tempo . . .

O Cardeal falou de mais!

Não há dúvida que a interpretação óbvia das declarações originais do Cardeal não foi muito apreciada em Roma, o que foi claramente expresso pelo nosso Padre na “Carta Aberta” que dirigiu ao Cardeal Ratzinger em Janeiro de 1985:
«Estamos imensamente gratos a Vossa Eminência por ter sido o primeiro a revelar-nos con franchezza — pelo menos até onde a reserva exigida pelo seu alto cargo, que o obriga a guardá-las, lhe permite — estas coisas que sempre nos foram ocultadas. E até depois do Padre Alonso (e nós, por nossa parte) as ter adivinhado, descoberto e publicado, continuaram a ser obstinadamente negadas e postas de lado! Portanto, este Segredo existe, Vossa Eminência leu-o, os Papas entenderam que não trazia nada de novo, e Vossa Eminência repete esta opinião sem a fazer sua.
«E enquanto éramos iludidos sobre o seu conteúdo, Vossa Eminência encontrou palavras tão precisas e colocadas em tal sequência que, para os especialistas, foi como se quisesse dizer-lhes que não se tinham enganado. O Padre Alonso tinha razão, nós temos razão: o Segredo não está “estritamente reservado ao Santo Padre” (Declaração do Cardeal Ottaviani, 11 de Fevereiro de 1967), não se refere apenas a Portugal (a tese do Padre Geraldes Freire)... Vou dizê-lo claramente: “Está a esgotar-se o tempo; se não nos convertermos depressa, cairemos na apostasia e morreremos em castigos terríveis, que se encontram entre os cataclismos, guerras, fomes e perseguições que os Livros Santos anunciam para a chegada do Tempo do Fim.”»
«Aqui está uma notícia de interesse prodigioso, dada pela primeira vez por uma pessoa de autoridade. Vossa Eminência leu o Segredo final, o único Segredo que, presentemente, tem uma importância absoluta e vital para a Igreja e para todo o mundo, implicando simultaneamente a salvação temporal e eterna de todos. Tenho a certeza de que foi a leitura deste extraordinário Segredo que mudou a maneira como Vossa Eminência encara o estado da Igreja e do mundo, e lhe deu a força de alma para dar este grande grito de alarme, este dossier sobre a crise da Fé...»
«Continuando as suas revelações, Vossa Eminência diz: “Se não foi tornado público, pelo menos por agora” (almeno per ora. Oh, como esta frase fraz bater os nossos corações com uma esperança maravilhosa!) . . .
«E, assim, estamos a dirigir-nos para a altura da sua indispensável revelação ao mundo. Vossa Eminência está intimamente persuadido disso, não está? Este Segredo, vindo do Céu, deve ser revelado como um derradeiro acto de misericórdia, uma derradeira oração, para que os homens se convertam!»9
Mas não! Seis meses mais tarde, Roma fechou de novo a porta — inexoravelmente — a esta grande esperança. É necessário continuar calado, dissimular, até mesmo mentir — mas não se pode permitir que os Fiéis adivinhem as palavras da sua Mãe Celestial, palavras essas que não concordam, de modo nenhum, com a nova linguagem que os Papas e Bispos reformadores usam há mais de trinta anos!
Ai de nós! Parece que tudo o que o Cardeal — cujo dever principal que lhe foi atribuído é precisamente a defesa da Fé — decidiu acrescentar, no seu livro, à sua exposição anterior sobre Fátima tem apenas um fim: confundir, enganar os seus leitores sobre o conteúdo autêntico do Terceiro Segredo, e distrair a sua atenção para longe da profecia que trata precisamente da perda da Fé, que era o seu dever remediar!
NOTAS:

  1. “Ecco perché la fede è in crisi”, na revista Jesus, p. 79.
  2. The Ratzinger Report, Ignatius Press, 1985.
  3. Ibid., p. 109-111, 118.
  4. Os subtítulos ao centro são da nossa responsabilidade.
  5. CRC 207, Janeiro de 1985, p. 12.
  6. CRC 207, Janeiro de 1985, p. 11-12.
  7. The Ratzinger Report, p. 93.
  8. Ibid., p. 104.
  9. CRC 207, Janeiro de 1985, p. 12.
fonte: http://www.fatima.org/port/crusader/cr64/cr64pg35.asp