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segunda-feira, 25 de março de 2013

María, el rosario y el Espíritu Santo

María, el rosario y el Espíritu Santo
Jean Lafrance
Dedico estas páginas consagradas a la meditación del Rosario a María, madre de la oración del corazón. La experiencia me ha enseñado que la presencia de María en el corazón del que reza el Rosario atrae a él la oración del Espíritu Santo, como un horno solar atrae los rayos del sol y alcanza una temperatura de varios cientos de grados.

Es lo que sucedió en el Cenáculo, cuando María unió su oración a la de los discípulos, convirtiéndose así en modelo de la Iglesia en oración: El Espíritu ha puesto fuego a la Iglesia y al mundo llevándolos al más alto grado de incandescencia.

Es un hecho de experiencia que cuando una persona reza el Rosario con confianza y perseverancia, pronto o tarde, siente nacer en su corazón la oración incesante del Espíritu. No sabe ni de donde viene ni adónde va, pero es arrastrada y llevada en su movimiento. Entonces comprende la palabra de Jesús en el evangelio: Hay que orar siempre sin desfallecer (Lc 18,1). Es algo que no se explica, hay que ensayar y ponerse a ello hasta el día en que se recogen los frutos.
El escultor y el aprendiz


En este terreno de la oración del corazón, dice el P. Dehau, Dios actúa un poco al modo de un escultor. Al crearnos, quiere hacer de nosotros hombres de oración incesante, pues sabe que sin él, la vida es una imagen de la muerte. Entonces nos invita, como aprendices, a llevarle barro, mucho barro para que él pueda amasar, trabajarlo y esculpir nuestro verdadero rostro de oración.

En la vida espiritual, el barro corresponde a la cantidad, al volumen de oración; hay que dar a Dios mucho tiempo y muchas invocaciones para que pueda revestir de oro puro la materia informe de nuestra pobre oración y hacer de ella la oración pura de su Espíritu Santo.

Cuando no se puede hacer de la oración un asunto de calidad, dice Anthony Bloom, hay que hacer de ella un asunto de cantidad. Dios se encargará de darle la forma; nosotros, encarguémonos de la materia.
No tratemos demasiado de saber si oramos bien o mal, porque nos pareceríamos a ese aprendiz que quiere ocupar el puesto de su maestro; tratemos más bien de no cansarnos nunca, de no desanimarnos. Podrías estropear el trabajo y echar a perder mi obra maestra. Déjate llevar y conténtate con traerme barro. Ora mucho, y un día te verás sorprendido al recibir la oración del corazón.
En este sentido, el Rosario por su volumen y el tiempo que requiere para rezarlo correctamente, se parece a esa masa de barro informe que se ofrece al Padre para que la trabaje con sus dos manos: El Verbo y el Espíritu Santo (San Ireneo).

El fin de estas páginas es esencialmente pedagógico y concreto; por medio de consejos, de fórmulas breves, de cuadros, quiere ayudarnos a no aburrirnos demasiado rezando el Rosario, y si nos aburrimos, que lo sea profundamente, porque tenemos sed del contacto con Dios y sólo el Espíritu Santo puede darnos el agua viva.

Poco importa que lo digamos bien o mal, que tengamos más o menos distracciones y que no sepamos ya donde estamos; desde el momento que lo rezamos con María y en ella, estamos en el camino de la oración incesante.
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María, el oratorio del corazón

Cuando se está sediento de oración y al mismo tiempo se tiene la impresión de fracasar lamentablemente en ese orar incesante, se acepta como liberadora cualquier palabra que nos de confianza en el camino de la oración continua.

San Luis María Grignion de Monfort aconseja hacerlo todo en María, aconstumbrándose poco a poco a recogerse dentro de sí mismo para formar una imagen de la Santísima Virgen y dice: Será para el alma el oratorio del corazón para hacer allí todas sus oraciones a Dios, sin temor de ser rechazado.
Tiene cuidado de señalar que el corazón es un oratorio, un lugar donde habita el Espíritu Santo, donde el hombre hace todas sus oraciones con la confianza de ser escuchado por Dios. "Oh Dios, tú has preparado en el corazón de la Virgen María una morada digna del Espíritu Santo".

Empleando el plural "oraciones", Grignion de Monfort nos da a entender que el hombre debe orar mucho para acoger el don de la oración cordial. No hay ninguna proporción entre lo que el hombre puede hacer rezando el Rosario y la oración de corazón que el Espíritu puede darle cuando quiere y como quiere.
La Omnipotencia Suplicante

Por eso, después de haber dedicado estas páginas a María, la Madre de la oración del corazón, creo que hay que dirigirse a ella bajo el título Omnipotencia Suplicante.

En efecto, si hay que orar mucho para llegar a la oración del corazón, nunca diremos suficientemente que hay que pedirle mucho para obtener la gracia de suplicar. No basta ponerse de rodillas para que la súplica nos invada como un maremoto que levanta los montes y los lanza al mar, como dice San Pablo de la fe que transporta las montañas.

Fue la Virgen María la que obtuvo para los apóstoles en el Cenáculo la gracia de permanecer y perseverar en la oración, esperando la venida del Espíritu Santo. Es hacia ella donde tenemos que volvernos hoy para obtener el don de la súplica continua. A fuerza de decir: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte", un día los cielos se nos abrirán y comprenderemos que María no deje ni un sólo instante de interceder por nosotros.
Por eso estoy íntimamente persuadido de que hay que rezarle bajo la advocación de Nuestra Sañora de la Omnipotencia Suplicante, o, como dicen nuestro hermanos orientales, invocar a la Madre de la oración continua.
Es tal vez la mayor gracia que podamos recibir a lo largo de una vida consagrada a María, o al menos es la puerta del cielo abierta a todas las demás gracias, tanto materiales como espirituales.

Cuando un hombre ha vuelto a encontrar la llave de la súplica permanente, recibe al mismo tiempo el secreto de la felicidad. No está dispensado por ello de resolver sus problemas y de asumir las tensiones de su existencia, pero recibe la gracia de "ver a través" y de vivir en alegría y en paz, como Jesús, bajo la mirada del Padre.

La gracia de este secreto no puede venirle sino de la Virgen María, porque ella ha sido la primera en vivir la oración permanente.
De las últimas apariciones de la Virgen reconocidas por la Iglesia, me impresiona la insistencia de María sobre la oración perseverante: Orad, orad mucho, como si nos entregase el secreto de su propia vida: "María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón".
Para María la oración del corazón ha sido el crisol en donde ha podido decir al Padre: "Hágase en mí según tu palabra" porque al mismo tiempo ha creído que nada era imposible para Dios. Lo que equivale a decir que María ha vivido la obediencia total de la fe colgada de la voluntad del Padre en la súplica incesante.

La Madre de la Oración continua

A veces me pregunto sobre la profundidad de la relación que podríamos tener con la Virgen María, y me digo que es del mismo tipo que la relación de María con Dios. Es evidente que ha recibido de Dios gratuitamente todos los dones y privilegios que admiramos y contemplamos en ella, a saber la maternidad divina, la concepción inmaculada y la asunción a la gloria del cielo.

Pero lo que es más admirable en ella, es el acto de libertad que le ha llevado a fiarse de Dios y a creer en él. Es lo que el Papa dice admirablemente en la encíclica que escribió, con ocasión del Año Mariano. Para acercar el fiat de María, evoca su obediencia en la fe y vuelve a tomar una expresión de Lumen Gentium (nº 58) que afirma que: "María ha crecido en la fe a lo largo de su peregrinación terrena manteniendo fielmente la unión con su Hijo hasta el pie de la cruz".

Por parte de María, la relación más profunda que ha tenido con Dios ha sido creer en él, en una palabra, fiarse totalmente de él. Y esta fe de María que se expresa de una manera privilegiada en su fiat descansa sobre la solidez y el poder de la Palabra de Dios: Nada es imposible para Dios, dirá el ángel a María cuando pregunte como una virgen puede llegar a ser la Madre del Salvador. Para mostrar la eficacia de su palabra, le dirá: "Mira, también Isabel tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios".

La Madre de lo imposible

Apoyándonos en estas palabras del evangelio podemos decir que María ha creído en el Espíritu Santo, Dueño de lo Imposible. Cuando no comprende que una virgen o una mujer estéril pueda ser madre, no discute, sino que invoca al Dueño de lo Imposible. El puede hacer de una mujer anciana la madre del mayor de los profetas.

Cuando no comprende la actitud de Jesús en el Templo, experimenta una particular fatiga del corazón, unida a una especia de noche de la fe, pero no se vuelve rígida ni discute una evidencia superior a la suya, sino que se pone sencillamente a meditar esas cosas en su corazón y consiguientemente a orar.

María no sabe hacer más que esto: orar para abandonarse a la voluntad del Padre en silencio. En este sentido, es el modelo y la madre de la intercesión; por eso hay que rezarle bajo el título de Omnipotencia Suplicante o de Madre de lo imposible.
El amor maternal de María la hace estar atenta a los hermanos de su Hijo que continúan su peregrinación de fe y que se encuentran comprometidos en sus pruebas y luchas: ella intercede en su favor. De este modo, su amor maternal se concreta en su presencia a nuestro lado y sobre todo por el poder de su intercesión.
Por nuestra parte, nuestro amor filial se expresa por una actitud vigilante para conservar la presencia de María, a través de nuestra acción y de nuestra oración, pero sobre todo por una incansable intercesión que nos mantiene colgados de ella. El amor es el lazo más profundo que tenemos con ella y que se concreta en la Intercesión.
Esta actitud de recurso a la Virgen puede expresarse de muchas maneras, pero la manera más sencilla y más corriente, es ciertamente el Rosario con el que uno se desliza en su intercesión. Esta invocación repetida a lo largo del tiempo nos hace experimentar su presencia actuante: "Jamás se ha oído decir que uno sólo de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio y reclamado vuestro socorro haya sido abandonado de vos".

Lo mismo que la intercesión es para nosotros la relación más profunda que nos hace presentes a la Virgen María, igualmente la intercesión de María por nosotros es la relación de presencia más intensa que teje con cada uno de nosotros. María está presente allí donde actúa e intercede.
Una de las mayores gracias que un hombre puede recibir aquí abajo es tener permanentemente la presencia de María. Esto transforma una existencia pues es el Espíritu el que se hace actuante para hacernos experimentar la presencia de María. Para terminar este Prefacio, quisiera dejaros con una de las frases más profundas de Grignion de Monfort sobre la presencia de María: "Ten cuidado una vez más en no atormentarte si no gozas pronto de la dulce presencia de María en tu interior. Esta gracia no se concede a todos; cuando Dios favorece a un alma por gran misericordia, le es muy fácil perderla si no es fiel en recogerse a menudo. Si te sucediese esta desgracia, vuelve suavemente y haz una retractación pública a tu Soberana" (El Secreto de María nº 52).

sábado, 23 de março de 2013

Dos Papas juntos por primera vez en la Historia de la Iglesia. Fotos y detalles de la visita

 Dos Papas juntos por primera vez en la Historia de la Iglesia. Fotos y detalles de la visita

La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha informado sobre la visita que el Papa Francisco ha realizado hoy a Castel Gandolfo para ver y almorzar con S. S. Benedicto XVI.

La Prefectura de la Casa Pontificia, al frente de la cual está S. E. Mons. Georg Gänswein, también ha informado de que esta mañana el nuevo Papa salió en coche de la Casa Santa Marta -donde aún vive provisionalmente- hacia el helipuerto vaticano para tomar un helicóptero que le trasladaría a la Villa Pontificia de Castel Gandolfo, donde aterrizó hacia las 12:15 horas. Allí, S. S. Benedicto XVI le ha recibido personalmente en el mismo helipuerto, acompañado por S. E. Mons. Marcello Semeraro, obispo de Albano y D. Saverio Petrillo, director de la Villa Pontificia de Castel Gandolfo.

Se trata de un encuentro privado, diez días después de ser elegido el nuevo Papa. Nunca antes en la Historia de la Iglesia se había visto un encuentro entre un Papa y un Papa emérito. Aunque ya habían hablado varias veces por teléfono, ha sido la primera vez que se veían tras la renuncia de S. S. Benedicto XVI.

La visita ha durado casi tres horas, durante las cuales, entre otras cosas, han rezado juntos en la capilla del Palacio Apostólico, donde el Papa Francisco ha rechazado el puesto de honor que S. S. Benedicto XVI le había cedido. A destacar que ambos rezaron de rodillas en el mismo reclinatorio ante el Santísimo, reservado en el sagrario que hay sobre el altar adosado a la pared, con seis candeleros a los lados y crucifijo central -velado con un paño morado- sobre el tabernáculo.

Tras ésto, mantuvieron un encuentro privado de unos 45 minutos, en el transcurso del cual el Papa Francisco le ha regalado a S. S. Benedicto XVI un icono de Nuestra Señora de la Humildad, como un regalo por la gran humildad del Papa emérito. Después de esta reunión privada, S. S. Francisco PP. I y S. S. Benedicto XVI han almorzado junto a sus secretarios privados, antes de que el Papa volviera al Vaticano en el mismo helicóptero que le había trasladado a Castel Gandolfo.

2 Popes Video

A video has been released showing His Holiness Pope Emeritus Benedict XVI receiving Francis, Bishop of Rome at Castelgandolfo.

sexta-feira, 22 de março de 2013

Preghiera e vita mistica alla luce di Maria

 
Preghiera e vita mistica alla luce di Maria
Inserito da latheotokos Mercoledi 15 Giugno 2011, alle ore 9:37:43
da Jesús Castellano Cervera, Preghiera e vita mistica alla scuola di Maria, in Aa. Vv. Maria guida sicura in un mondo che cambia, Centro di Cultura Mariana "Madre della Chiesa, Roma 2002, pp. 121-129.


Una preghiera continua
Il semplice enunciato di queste parole apre un orizzonte molto vasto che certamente non intendo svolgere né dal punto di vista biblico, né da quello teologico, né da quello spirituale e mistico. Farò quindi solo qualche piccola e breve annotazione in modo da cogliere il messaggio fondamentale che da Maria ci viene come guida sicura nel campo della preghiera e della mistica.
Possiamo partire da una serie di affermazioni fondamentali, quasi delle tesi semplici, che ci aiutino a cogliere con semplicità l'icona di Maria orante.
Nella vita di Maria, come in quella di Cristo, l'unità fra preghiera e vita è perfetta, perché in Lei perfetta e costante è la comunione con Dio. Maria ci viene sempre presentata in quella sua incessante attenzione interiore a Dio e ai misteri del suo Figlio.
Ma, come nella vita di Gesù, anche nella vita della Vergine emergono momenti di preghiera esplicita e preghiere esplicite, anche se predomina il realismo del pregare silenzioso ed operoso.
È preghiera riflessiva e dialogale quella di Maria all'annunzio dell'Angelo; quella della sua consegna-offerta alla volontà del Padre con le parole: «Ecco l'Ancella del Signore», vertice della preghiera dell'Antico Testamento (cf. Lc 1,26-38).
È preghiera di lode il Magnificat, con le modulazioni della preghiera biblica dei Padri della prima alleanza (cf. Lc 1,46-55).
È preghiera l'offerta generosa del Figlio a Gerusalemme, pur nella silenziosa processione offertoriale della madre, di Giuseppe e del Figlio (cf. Lc 2,22 e ss.).
È preghiera di intercessione quel semplice «Non hanno vino» alle nozze di Cana di Galilea (cf. Gv 2,3 ).
È ineffabile comunione con la preghiera più alta del Figlio il suo stare ai piedi della Croce, silenziosa e desolata, vivente Madre dei figli dispersi, quasi per dare senso e collaborazione materna alla preghiera sacerdotale del Figlio all'ultima Cena.
È modello ed espressione di preghiera ecclesiale la sua presenza orante, in perseverante attesa ed in sollecita comunione materna, con i discepoli nel Cenacolo (cf. At 1,14).
È sufficiente ricordare il suo pregare sempre, il suo essere sempre docile, il suo "essere preghiera" nelle varie circostanze, sempre in comunione con Cristo, sempre rivolta al Padre, sempre sotto l'azione del Paraclito.
Mi soffermo per il momento solo su un dettaglio della sua preghiera, quella accentuata da Luca, per ben due volte: la preghiera del cuore contemplativo (cf. Lc 2,19 e 51).

Profondità spirituale di un cuore contemplativo

Nel profilo spirituale di Maria, e quindi nella sua spiritualità, è decisiva l'annotazione lucana che svela una pagina autobiografica di Maria: «Serbava tutte queste cose, meditandole nel suo cuore» ... «Sua madre serbava tutte queste cose nel suo cuore» (Lc 2,19 e 2,51). E il duplice riferimento lucano.
Questo riferimento, - nel contesto degli episodi dell'infanzia, quando si apre e si chiude il periodo delle manifestazioni del Figlio appena nato, e dopo il suo ritrovamento a Gerusalemme - è importante. Maria rimane come fissata entro la grande tradizione sapienziale che sa ricordare e meditare le meraviglie di Dio per trasmetterle alle generazioni future. Vive con profondità contemplativa le parole e gli eventi; ricorda, attualizza in maniera dinamica, medita, discerne. Vi è chi ha interpretato in maniera plastica l'atteggiamento di Maria con queste parole che alludono a una specie di gioco dei dadi:
«Il termine "symbállousa", esclusivo di Luca, significa decifrare un enigma, armonizzare gli estremi che apparentemente sono contrari. "Simbolizzare" o "simboleggiare' nel senso greco, significa "mettere insieme" (come diciamo del "simbolo degli apostoli"), o agitare i dadi nella cavità della mano. Maria agita nel suo cuore parole ed eventi, provocando così, fra di loro, un urto salutare e una chiarificazione di ciascuno di essi». E questa l'osservazione di un esegeta del nostro tempo.7
È stato detto che il cuore è il luogo ecclesiale per eccellenza, l'organo che riassume la persona e la libertà. Come conseguenza la dimensione cordiale, sapienziale, contemplativa che è uno dei tratti essenziali di Maria nel Vangelo di Luca, ci offre la chiave per capire la sua personalità: una donna dal cuore puro e profondo che assume la storia, capace di fare un confronto fra le promesse e gli eventi di grazia, l'annuncio e il compimento, donna che cerca la luce nelle apparenti contraddizioni, un cuore memore per ricordare, specialmente, come accade spesso, nell'ora della prova, quando il cuore diventa più sensibile alla memoria e alla vita.
Questo atteggiamento di Maria è stato ricordato in modo implicito - con riferimento a Lc 2,19.51 - dal Vaticano II nella Costituzione dogmatica Dei Verbum, n. 8. Come appare da questo numero - che parla della viva trasmissione della verità rivelata, sotto l'azione dello Spirito Santo, nella Chiesa che crede e che prega - la Chiesa guarda a Maria per magnificare la meditazione delle parole e l'esperienza delle realtà trasmesse che i fedeli vivono, imitando Maria, per arrivare ad una più profonda esperienza della rivelazione nel tempo. È qui il segreto della profondità contemplativa che è capace di mettere insieme la parola e la storia, la rivelazione e l'evento quotidiano. Ed è qui che Maria diventa modello di una Chiesa profetica, che dalle profondità del cuore, con la grazia dello Spirito Santo, decifra i segni dei tempi, cresce nella comprensione della verità, proferisce parole piene di senso per gli uomini e le donne di oggi, prende decisioni e fa scelte evangeliche, si lascia fecondare dalla potenza dello Spirito.
Possiamo affermare che è questa la preghiera fondamentale del cristiano, alla luce di Maria: una costante memoria nel cuore dell'azione di Dio nella propria vita e nella storia, alla luce della parola e della vita. Ma con la profondità di un cuore contemplativo.
In questo modo la vita è illuminata dalla parola, si vive a partire dalla profondità del cuore, e la preghiera si inserisce nel tessuto della vita, in piena comunione trinitaria.

Maria guida sicura nel cammino della mistica cristiana
Maria è certamente guida sicura nelle vie della mistica cristiana. Essa infatti ha partecipato pienamente al mistero di Cristo con una totale identificazione, nel vertice della comunione trinitaria e della solidarietà umana, in ogni attimo della Vita del Cristo, seguendo sempre passo passo Maria, come Madre e come Sposa, come Chiesa.
In Maria c'è l'ebbrezza della mistica trinitaria, della comunione totale con il Figlio, della docilità estrema alla grazia dello Spirito Santo. Anche lei varca gli abissi del paradosso nella mistica della notte oscura ai piedi della Croce ed oltre, fino all'alba radiosa della Risurrezione. Anche lei, Maria, ha una particolare esperienza mistica della presenza gloriosa del Figlio in cielo e della sua comunicazione nella fede a lei, durante il tempo che trascorse fra l'Ascensione e la sua Assunzione.
Forse occorre mettere in luce che Maria vive una mistica non individuale, ma spiccatamente comunitaria, in un noi con Cristo e con la Chiesa.
La mistica di Maria è anche la mistica della quotidianità, dell'equilibrio divino-umano della vita di Nazaret, in comunione con il Figlio e Giuseppe, in un periodo di suprema e sconvolgente normalità con il cielo in terra: non estasi né visioni, non locuzioni e voli dello spirito, non stimmate o altre esperienze fenomeniche.
In Maria:
- l'estasi è il vivere fuori di sé, attenta al Figlio e alla volontà del Padre;
- la visione è lo sguardo di fede sul suo Figlio;
- le locuzioni sono l'ascolto della sua parola e lo stupore per il suo silenzio;
- l'unico volo dello Spirito è il volteggiare di Maria nella normalità della casa di Nazaret: non altre esperienze fenomeniche, anche se Maria porta nel cuore trafitto dalla Parola il segreto di un cuore aperto ed attento alle promesse e alle sorprese di Dio.
All'uomo e alla donna contemporanea dobbiamo ridonare la semplice mistica di Maria di Nazaret, nella pienezza del suo vivere umano e divino, con il cielo in terra, ma con la terra impregnata di divino.
È questa la vera mistica cristiana, alla quale tutti dobbiamo aspirare, verso la quale dobbiamo camminare avendo in Maria una guida sicura.

Una mistica mariana

Non vorrei, tuttavia, tralasciare una parola circa un modo di vivere la devozione mariana, che è appunto la dottrina del grande maestro della spiritualità mariana di tutti tempi, Luigi Maria Grignion da Montfort.
La vera devozione, insegnata dal Montfort, è in realtà una mistica mariana. Vivere il mistero di Maria significa vivere con lei e per lei il mistero della salvezza, collaborandovi e rispondendo. Se non ci si situa su questa prospettiva mistica del Trattato è difficile capirne il senso profondo. Talvolta la spiritualità contemporanea manca di una vera attenzione alla mistica; per questo non coglie certe profondità, che vengono e dalla teologia mistica cristologico-mariana e dalla esperienza mistica mariana, della storia del passato e di quella contemporanea Mi riferisco alla mistica mariana autentica, di pura zecca, non apocrifa ma veritiera, convalidata dalla verità e dalla vita evangelica.
In realtà, la forza del messaggio mariano del Montfort poggia su questa visione «mistica» della spiritualità e quindi della salvezza. Le sue pagine centrali si riferiscono a questa mistica che esprime il progetto di Dio, che è il mistero di Cristo e porta il sigillo della gratuità.
È la mistica della grazia che plasma il cristiano. È il noto paragone dell'immagine formata con lo scalpello e con lo stampo. La prima è la via ascetica; la seconda - quella dello stampo - e la via mistica, la via mariana. Essa rivela una grazia ed un atteggiamento che è quello del lasciare pienamente spazio a Dio nella nostra vita. Abbandonarsi, donarsi, lasciare che Maria formi in noi il Cristo. Dimensione mistica della grazia, del dono sovrabbondante: come nei vertici della mistica cristiana, dove Dio agisce e la persona - attivamente passiva sotto l'azione dello Spirito - viene purificata, illuminata, unita a Dio, conformata a Cristo. La figura dello stampo e immagine stupenda, ripresa dal Montfort anche nel Segreto di Maria, data la sua efficacia.8
Questa mistica richiede una certa passività, ma vivificata da una intensità di vita teologale, nella accoglienza della azione di Dio che agisce in maniera materna per mezzo di Maria. E una forma di esprimere e sperimentare la sua maternità, la sua mediazione materna. Ciò comporta una presenza, una trasparenza, una comunione che modella una effettiva conformazione a Cristo, che è il termine della identificazione e della conformazione. Siamo "formati" ad immagine del Figlio primogenito.
La via a questa collaborazione, che comporta l'ascesi della disponibilità, è la sinergia nello Spirito Santo. Essa richiede nell'interiorità della vera devozione la consacrazione totale e la crescita in un esercizio interiore di comunione. Si tratta di quella via mistica ed ascesi insieme che poggia sull'indissolubile nesso del per mezzo di Maria, con Marta, in Maria e per Maria, in una equivalenza che lo Spirito di Cristo fa in Maria ed in noi, per agire quindi per mezzo di Gesù, con Gesù, in Gesù e per Gesù.9 Una via che comporta la necessaria dimensione pneumatologica: azione in noi dello Spirito, accoglienza e risposta nello Spirito Santo.
Una reciprocità simile alla dimensione "in Cristo" secondo la nota espressione di un monaco del Monte Athos, che aveva quasi fissato in una formula la sua vita in Cristo: «La sua vita è la mia vita»: si riferiva a Cristo.10 Una reciprocità che comporta anche la verità dell'espressione: «La mia vita è la sua vita».
Il Montfort ha avuto la grazia di proporla in termini chiari. Oggi però la ricchezza della spiritualità che contempla il profilo spirituale di Maria - un profilo di santità come comunione con Cristo, realistico ed impegnato - offre alla mistica monfortana un necessario complemento, qualora ce ne fosse bisogno. Ed è in questi termini che la spiritualità contemporanea può e deve accogliere il messaggio del Montfort.
- Tutto per mezzo di Maria. Una profondità esistenziale della comunione spirituale con lo spirito della Madre. Essere come Maria, o essere Maria... E la dimensione mistica dell'essere di Cristo in noi, di Maria in noi.
- Tutto come Maria. È la linea della imitazione attualizzata, con la connotazione teologica e spirituale che abbiamo messo in luce. Il rapporto di Maria con Cristo, anzi con la Trinità è unico, ma è esemplare. Per questo ella è anche per il cristiano il vero archetipo umano della risposta e della collaborazione totale al piano di Dio. Si tratta di imitare, ma in profondità, fino ad arrivare a rivivere i sentimenti di Cristo Gesù e i sentimenti di Maria di Nazaret... Nessuno può vivere in Cristo se non vive come Cristo. Nessuno può vivere in Maria se non vive come Maria. È l'esigenza reciproca di comunione e di imitazione, dal più profondo, ma con la norma evangelica del vissuto mariano, con la nota del caro mino della crescente fedeltà.
- Tutto in Maria. È il mistero della presenza, o meglio della compresenza di Maria nella nostra comunione trinitaria o inabitazione. La dimora di Maria è la Trinità. In questa comunione Maria ha una sua inabitazione nel cristiano, sempre nella comunione dello stesso Spirito. Il cristiano, per Cristo nello Spirito, ha anche la radice in questo paradiso, in questo santuario, in questa vita mariana. Ma senza disgiunzioni, piuttosto in una ritrovata armonia della comunione con Maria nello stesso Cristo e nel medesimo Spirito. È allora che la frase del monaco del Monte Athos può essere anche riferita a Maria, come appare implicitamente dalla dottrina del Montfort. Si potrà dire pure: «La mia vita è la sua vita». E una autentica comunione di vita. Il cristiano può offrirsi, come un supplemento di umanità, affinché viva in noi Maria, viva in noi Cristo.
- Tutto, finalmente, per Maria e per Gesù, nella dimensione della finalità, del servizio, della collaborazione al piano della salvezza. Il servizio è la dedicazione totale, l'essere servi, trasparenza della volontà di Dio.
La Vergine è la «tavola theògrafa», scritta da Dio, come si esprime l'Ufficio bizantino della Dormizione. E scritta la volontà di Dio nel suo cuore, incisa dallo Spirito. È il vertice della Alleanza vissuta. Maria è, come la chiama Chiara Lubich, il «Celeste piano inclinato» che avvicina Dio e alla sua volontà, che la rende presente nel mondo e dinamizza la storia della salvezza formando discepoli a sua immagine, ad immagine di Cristo.

Conclusione
All'inizio del terzo millennio la Chiesa ci chiede di vivere la grazia e l'impegno della preghiera, dono e arte, impegno e grazia, comunione con Dio e con i fratelli, quotidiano appuntamento con il Signore della vita e della storia. Ma prospetta anche per il cristiano e la cristiana di oggi una vita che porti il sapore e la sapienza, l'unzione interiore e la fortezza esteriore della mistica cristiana. È questa la via della verità e della vita, di un cristianesimo vissuto con il sigillo dell'esperienza.
Davanti a proposte fuorvianti di preghiera e di spiritualità, esagerazioni misticheggianti e fanatismi o devozionalismi vuoti, guida sicura della preghiera e della mistica è Maria, nella sua grandezza immensa di comunione con la Trinità e nella sua semplicità sconvolgente della vita mistica, vissuta nel mistero, vissuta come mistero. Ma con quell'equilibrio che possiamo chiamare mistica del quotidiano, mistica di Nazaret, della Madre del Signore nel quotidiano umano-divino, che è tutto il cielo in terra e il divino nell'umano.

NOTE

7 E. HAMEL, Discernement "in Spiritu" dans l'Evangile de l'enfance selon Saint Luc. in Cahiers Marials 24 (1979) p. 184-185.
8 Cf. Segreto di Maria, in L.M. GRIGNION DE MONTFORT, Opere complete. I. Scritti Spirituali, Edizioni Monfortane, Roma 1990, n. 16-17.
9 Cf. Trattato della vera devozione, ibid., n. 257 e ss.
10 ARCH. SOFRONY, Sa vie est la mienne, Cerf, Paris 1981.

quinta-feira, 21 de março de 2013


L'ARTE DI RECITARE IL ROSARIO







L’ARTE DELLA PREGHIERA


La terza parte della Lettera del Papa sul Rosario, dal titolo: "Per me vivere è Cristo", e una lezione di spiritualità pratica. Ci conduce per mano a pregare in comunione con Cristo e con Maria, sotto la guida dello Spirito Santo, affinché in noi e fra di noi, come nella Madre del Signore, viva Cristo, e siamo assimilati ai misteri che meditiamo e alle preghiere che recitiamo. Possiamo parlare "dell’arte della preghiera", come lo stesso Giovanni Paolo II aveva suggerito nella sua Lettera Novo millennio ineunte (n. 32): "Per questa pedagogia della santità c’è bisogno di un cristianesimo che si distingua innanzitutto nell’arte della preghiera". Qui, concretamente, il Papa ci introduce a quest’arte, vale a dire alla bellezza e alla gioia di questa preghiera suscitata in noi dallo Spirito Santo.



RIPETERE CON AMORE


Una caratteristica del Rosario, come l’arte di una sinfonia che ritorna spesso sugli stessi motivi, è la ripetizione. Ma è una ripetizione che non si stanca di ritornare sulla persona amata, per ridire il suo amore. Siamo condotti a ritornare con lo sguardo e con le parole sulle persone amate con le quali si snoda il nostro colloquio: il Padre, invocato con le parole che Gesù ci ha insegnato. Cristo, contemplato nei suoi misteri, ricordato nel suo nome - Gesù! - in ogni invocazione rivolta alla sua Madre. Lo Spirito Santo, lodato con il Padre e il Figlio nel Gloria, che conclude ogni diecina di Ave Maria. Con più frequenza ripetiamo, come saluto e invocazione, il nome di Maria. Una ripetizione che non stanca e non si stanca, se è corredata dall’amore che si rinnova in ogni invocazione, anzi che cresce, si approfondisce, diventa sempre più incalzante, come la triplice dichiarazione di amore che Gesù ha sollecitato da Pietro (RVM, n. 26).

La ripetizione del nome di Dio, o di una frase, è metodo comune alla preghiera di molti popoli e religioni, come nel caso dell’induismo e dell’Islam. Ma è proprio della liturgia cristiana, specialmente nella tradizione bizantina dell’invocazione incessante del Kyrie eleison. Il Papa ricorda anche l’invocazione continua del nome di Gesù, o preghiera del cuore, propria della tradizione cristiana orientale (cfr. 27).



UNA PREGHIERA PERSONALE E COMUNITARIA


Sotto la guida dello Spirito, che "accorda" nell’unita dell’amore la nostra preghiera, e insieme personale e comunitaria. Egli conferisce ordine, armonia, bellezza, devozione. Per questo si può parlare di una preghiera semplice e universale, suscitata dallo Spirito nella Chiesa. In tal modo, da preghiera vocale diventa contemplativa, vissuta nella fede che crede e confessa, della speranza fiduciosa, dell’amore che fa vibrare il cuore mentre si ripetono le parole. È preghiera che fa partecipare tutta la persona. Ma ha un sapore comunitario, ecclesiale. Fatta da ciascuno ma in comunione con tutti; fatta da ognuno ma per tutti. Lo sottolinea la dimensione comunitaria del Padre nostro, dialogo dei figli nel Figlio, con il Padre, in una dimensione di fraternità nella Chiesa e nel mondo. E lo ripete l’accorata preghiera a Maria: "prega per noi, peccatori...". Il cuore si dilata per abbracciare tutta l’umanità.



PREGHIERA DEL CUORE, PREGHIERA DELLE LABBRA


La preghiera del Rosario ha la sua origine e la sua sorgente nel cuore. Il Rosario è, a suo modo, una preghiera del nome e una preghiera del cuore. Il suo vertice è l’invocazione Padre della preghiera del Signore, o il ricordo di Gesù alla fine dell’Ave Maria. L’altro polo della preghiera, l’abisso, è quello della nostra condizione di peccatori, nella richiesta di perdono dell’orazione del Signore, nell’accorata supplica che coinvolge in noi tutta l’umanità: prega per noi peccatori, nella speranza della salvezza: ora e nelI’ora della nostra morte. Ma tutto si trasforma in lode e ringraziamento per Maria, con Maria, a causa di Maria, piena di grazia e benedetta, Madre di Dio, in glorificazione della Trinità, alla fine di ogni mistero, pregustazione del paradiso. Il Rosario ha i ritmi di una sinfonia di amore che ripete con diverse armonie le parole essenziali dell’amore e della fede. Tutto grazie a un metodo, vivificato dallo Spirito Santo, che suscita in noi la contemplazione del mistero, la preghiera al Padre, la lode della Piena di grazia, l’invocazione del nome di Gesù, l’accorata supplica per la salvezza, la glorificazione trinitaria. Tutto esige l’attenzione dell’attimo presente per migliorare sempre la qualità della nostra preghiera (cfr. n. 28).



IL MOMENTO DELLA CONTEMPLAZIONE DEI MISTERI


Tutto inizia con un mistero che si enuncia, una scena che si propone alla nostra mente, per entrare in comunione con la realtà salvifica che ci viene offerta per essere contemplata e partecipata: dall’Annunciazione al Natale, dal Battesimo alla Cena, dalla preghiera nel Getsemani alla Crocifissione, dalla Risurrezione alla Assunzione di Maria in cielo. Un mistero da contemplare per un attimo, con l’immaginazione o anche con una immagine. Con la "composizione del luogo" dove avviene il mistero, come nella tradizione degli Esercizi di Ignazio di Loyola. Un attimo di contemplazione che ci permette quasi di essere presenti all’evento, contemporanei del mistero contemplato (cfr. n. 29).

Mistero illuminato dalla Parola biblica che lo illustra e lo attualizza. Dio con la sua parola, rivela e rende presente alla mente e al cuore il mistero enunciato. Parla oggi, parla a noi, parla a me. La parola del Vangelo che proclama il mistero lo avvicina, lo attualizza e richiama la nostra risposta nella preghiera. La Parola e la preghiera compongono il ritmo normale del dialogo. Dio ci parla con la sua parola, noi rispondiamo con la nostra preghiera (cfr. n. 30). Tutto è preceduto e seguito da un breve silenzio che accoglie e avvolge la parola, prepara la risposta, fa scaturire dalla profondità del cuore la preghiera ripetitiva che si nutre costantemente alle radici dell’amore, che attinge alle sorgenti dello Spirito, che prega in noi con gemiti inesprimibili (cfr. 31).



RIVOLTI AL PADRE


Ogni mistero si snoda sempre con gli occhi fissi nel Padre, dal quale proviene ogni dono e nella cui paternità sono iscritti i misteri di Cristo e di Maria. Tutti i cristiani possiamo ritrovarci nella preghiera del Signore: preghiera dei figli, preghiera del Regno, sintesi del Vangelo. Essa è invocazione e benedizione del nome del Padre celeste, supplica per la venuta del Regno, consacrazione totale di noi stessi nell’adempimento della sua volontà, richiesta fiduciosa del pane e del perdono, accorata invocazione per essere sorretti nella tentazione e liberati dal male. Il Padre con Cristo e ci riporta al suo seno dove egli riposa, ma ci ricorda che il Padre è misterioso protagonista, insieme con lo Spirito Santo, di ogni mistero del Figlio e della Madre, come ora appare con più evidenza in alcuni misteri luminosi, come nel Battesimo e nella Trasfigurazione (cfr. 32)



IN COMUNIONE CON MARIA


La ripetizione dell’Ave Maria e del Santa Maria ci ricollega ad una storia. La prima parte dell’invocazione (Ave Maria) si è, a poco a poco, formata in Oriente ed in Occidente nel primo millennio, sotto la guida dello Spirito Santo. I cristiani hanno voluto con spontaneità rivolgersi a Maria con le parole stesse del Vangelo dette dall’Angelo e da Elisabetta. Alcuni vedono in questa memoria evangelica i fondamenti di un rapporto vivo della prima comunità cristiana con la Vergine Madre, riconosciuta come "Piena di grazia", avvolta dalla presenza di Dio, di IHWH, che è con lei, "benedetta fra le donne", perché dono di benedizione è il frutto del suo seno, Gesù, "Madre del Signore, cioè di Dio". La seconda parte dell’Ave Maria, il Santa Maria, si è formata in Occidente nel secondo millennio. Con essa confessiamo che Maria è la Santa Madre di Dio e affidiamo alla sua protezione materna la salvezza ora e nell’ora della nostra morte. Ripetere l’Ave Maria, anche con la versione che in alcune lingue riprende il senso originale del saluto dell’Angelo ("Rallegrati!"), è andare con la memoria e ridire a Maria quanto all’inizio della sua esperienza hanno detto l’Angelo da parte di Dio ed Elisabetta, con un linguaggio che riassume in Maria tutta la storia d’Israele. Partecipiamo, come ricorda il Papa, del giubilo del cielo nel saluto alla Vergine. Confessiamo la maternità divina di Maria. Però nelle due parti della preghiera siamo tutti indirizzati da Maria a Cristo: dal saluto alla Vergine, "Ave Maria", alla contemplazione di Gesù "frutto benedetto" della Vergine Madre. Confessando Maria come Madre di Dio, noi confessiamo Cristo, vero Dio e vero uomo. Chiediamo a Maria la sua intercessione, ci affidiamo alla sua preghiera: adesso, nel momento presente della vita, ma anche in previsione del momento finale, definitivo, quello del passaggio dalla morte alla vita, dove si accumuleranno nel cuore della Madre gli echi delle migliaia di volte che abbiamo chiesto la sua intercessione nel momento decisivo del passaggio alla casa del Padre (cfr. n. 33).



DA MARIA ALLA TRINITÀ


Ogni mistero, sostenuto e arricchito dalla recita del Padre nostro e di dieci Ave Maria, si chiude con la glorificazione della Trinità, Padre, Figlio, Spirito Santo. Ed è come il culmine della contemplazione, il momento che anticipa in terra quello che vorremmo essere in cielo: lode di gloria della Trinità. Ci ricorda il legame indissolubile fra Maria e la Trinità. Maria è il celeste piano inclinato che fa scendere il cielo in terra, ma anche la scala celeste che ci permette di risalire dalla terra al cielo. E l’insegnamento essenziale, la bellezza suprema del Rosario, la preghiera che ci conduce, con Maria, al mistero che è sorgente e meta di tutto: la Trinità (cfr. n. 34).



ALCUNI DETTAGLI COMPLEMENTARI


La Lettera del Papa illustra ancora l’arte della preghiera mariana con qualche dettaglio iniziale e finale: la possibilità di una breve introduzione, una conclusione per le intenzioni del Papa, una giaculatoria per ogni mistero, la Salve Regina o le litanie. Queste invocazioni ricordano in formule bibliche o della tradizione i tanti titoli della Vergine Maria. Recitiamo le invocazioni e siamo invitati a rispecchiarci in Maria, Il Papa segnala anche il valore della corona, come strumento che in qualche modo scandisce, nel contare le Ave Maria, il ritmo del nostro cammino spirituale. E ricorda come ora, aggiunti i misteri della luce, bisogna ridistribuire i venti misteri del Rosario: i gioiosi per il lunedì e il sabato, i dolorosi per il martedì e il venerdì, i misteri della luce per il giovedì e quelli gloriosi per il mercoledì e la domenica (cfr. nn. 35-38).



CONCLUSIONE


Il Rosario, da preghiera semplice diventa cammino di santità, nella misura che ci immette, con quest’arte del pregare, nella comunione dello Spirito Santo, ci rende attenti a tutto il mistero di Cristo e di Maria, ci aiuta ad avere in noi costantemente, con la forza della parola di Dio e delle formule della preghiera della Chiesa, gli stessi sentimenti che furono in Cristo Gesù e furono nel cuore della Madre. Possiamo percorrere il cammino di Cristo, cammino di gioia e di luce, di dolore e di gloria, in comunione con colei che, per prima e per tutti, ha percorso il cammino di Cristo. E ci insegna il suo e il nostro cammino, per vivere nel santo Rosario i suoi misteri: la "via Mariae", il cammino di Maria (cfr. n. 24).

P. Jesus Castellano Cervera ocd.


FONTE

domingo, 17 de março de 2013

Orai sem cessar: a oração incessante para leigos

Orai sem cessar: a oração incessante para leigos



Eis uma homilia de São Gregório Palamás
* * *

Que ninguém pense, meus caros irmãos em Cristo, que o dever de orar incessantemente é somente dos sacerdotes e dos monges, mas não dos leigos. Não, não; todos nós, cristãos, temos o dever de estarmos sempre em estado de oração. Ponderem no que o santo Patriarca de Constantinopla, Filoteu, escreveu na vida de São Gregório de Tessalônica.

Este hierarca tinha um amigo amado cujo nome era Jó, um homem simples mas de boas obras. Certa vez eles estavam conversando, e o bispo disse que todos os cristãos deveriam sempre se esforçar em oração, e deveriam orar constantemente, conforme o Apóstolo Paulo exortara: Orai sem cessar (I Tessalonicenses 5:17); e conforme o Profeta David dissera de si próprio [a despeito de ser rei e de governar todo um reino]: Tenho contemplado o Senhor sempre diante de mim (Salmo 15:8), isto é, com meu olho da mente eu sempre vejo o Senhor diante de mim em oração. E São Gregório, o Teólogo, ensina a todos os cristãos que eles devem invocar o nome de Deus mais vezes do que respiram.

Tendo dito isto e muito mais, o hierarca ainda acrescentou a seu amigo Jó que não somente devemos obedecer ao mandamento dos santos, isto é, de sempre orar, mas que devemos ensinar aos demais a fazer o mesmo; a todos, sem distinção – monges e leigos, cultos e incultos, homens e mulheres, e crianças – devemos exortá-los a orar sem cessar.

O velho Jó, ao ouvir essas coisas, achou que se tratava de inovações, e começou a argumentar, dizendo ao hierarca que orar incessantemente era tarefa de ascetas e monges, ‘que viviam fora do mundo e de suas preocupações, e não de leigos, que possuem muitas preocupações e atividades’. O hierarca trouxe ainda mais evidências em favor desta verdade e novas provas irrefutáveis, mas, mesmo assim, o velho Jó não se deixou convencer. Então, a fim de evitar contendas e discussões, o santo Gregório calou-se, e cada um foi para sua cela.

Mais tarde, quando Jó estava orando sozinho em sua cela, apareceu-lhe um anjo enviado de Deus, que quer que todos os homens se salvem, e venham ao conhecimento da verdade (I Timóteo 2:4), e repreendeu-o por ter discutido com São Gregório e por ter negado uma verdade tão evidente, da qual depende a salvação dos cristãos. Ele anunciou do próprio Deus que, no futuro, ele deveria prestar atenção e tomar cuidado para não dizer nada contrário a esta questão salvífica e para não resistir à vontade de Deus, e que até mesmo em sua mente ele não deveria sustentar qualquer pensamento contrário a isto, não se permitindo pensar em nada que negue o que São Gregório havia dito. Então, o simples e velho Jó correu até São Gregório e, ajoelhando-se, pediu perdão pela discussão, revelando-lhe tudo o que o anjo de Deus havia dito.

Ora, vedes, meus irmãos, como todos os cristãos, do menor ao maior, devem sempre orar dentro de seus corações: “Senhor Jesus Cristo, tem piedade de mim!”, a fim de que suas mentes e corações sempre tenham o hábito de pronunciar estas santas palavras. Ponderem o quanto isso é agradável a Deus e o bem que isso gera, quando, em Seu infinito amor pela humanidade, Ele enviou um anjo do céu para revelar isso a nós, de maneira que ninguém mais tenha dúvidas a respeito.

Mas o que dizem os leigos? “Estamos sobrecarregados de coisas para fazer e preocupações mundanas; como conseguiremos orar sem cessar?”

Eu lhes responderia que Deus não nos manda fazer o impossível, mas somente aquilo que somos capazes de fazer. E, portanto, isso pode ser feito por qualquer um que busque fervorosamente a salvação de sua alma. Se isso fosse impossível, então seria impossível a qualquer um que vivesse no mundo e não haveria tantas pessoas, em meio ao mundo, que estivessem rezando incessantemente como se deve. Entre estas muitas pessoas, podemos citar o exemplo do pai de São Gregório de Tessalônica, o impressionante Constantino, que, apesar de estar envolvido na vida da corte, sendo chamado de pai e tutor do Imperador Andrônico e ocupado diariamente com questões estatais e familiares – ele tinha uma grande propriedade com muitos servos, uma esposa e filhos – apensar de tudo isso, ele era tão inseparável de Deus, e tão apegado à oração mental incessante, que frequentemente se esquecia o que o Imperador e seus ministros estavam discutindo e frequentemente lhes perguntava a mesma coisa. Os ministros, sem entender o porquê das perguntas insistentes, irritavam-se e o reprovavam por ser tão esquecido e por molestar o Imperador com perguntas repetitivas. Mas o Imperador, sabendo a razão por trás disso tudo, vinha em sua defesa e dizia: “Constantino tem seus próprios pensamentos que, às vezes, não lhe permitem prestar total atenção ao que estamos dizendo”.

Há inúmeras pessoas que, vivendo no mundo, se entregaram à oração incessante, conforme a história atesta. Portanto, meus caros irmãos em Cristo, eu vos exorto – eu, juntamente com São João Crisóstomo – pelo bem da salvação de vossas almas, não negligencies essa oração. Imiteis o exemplo daqueles de quem falei, e sigais seu exemplo o quanto puderes. Em princípio, pode parecer algo muito difícil, mas assegurai-vos, como se isto viesse do Deus Altíssimo, de que o próprio nome de nosso Senhor Jesus Cristo, incessantemente invocado por vós, ajudar-vos-á a superar todas as dificuldades e, com o tempo, vós estareis acostumados e desfrutareis da doçura do nome do Senhor. Então, sabereis por experiência que esta atividade não é impossível nem difícil, mas possível e fácil. É por isso que São Paulo, sabendo muito mais do que nós o grande benefício que esta oração traz, exorta-nos a orar sem cessar. Ele não teria exigido isso de nós se fosse algo assim tão difícil e totalmente impossível, sabendo de antemão que, fosse esse o caso, sendo impossível cumprir a tarefa, seríamos inevitavelmente desobedientes a seu mandamento e nos tornaríamos transgressores dele e, por causa disso, dignos de julgamento e punição. Mas esta não poderia ter sido a intenção do Apóstolo Paulo.

Para orarmos dessa maneira, temos de ter em mente o método da oração, como é possível orar sem cessar, isto é, orar com a mente. Sempre é possível fazer isso, se quisermos. Enquanto nos ocupamos com trabalhos manuais, enquanto falamos, enquanto comemos ou bebemos – sempre é possível orar com a mente, ou a oração agradável a Deus, a verdadeira oração. Trabalhemos com o corpo, mas com a alma, oremos. Que o homem exterior desempenhe todas as atividades corporais, mas que o homem interior esteja completamente entregue ao serviço de Deus e nunca cesse a atividade espiritual da oração mental, conforme Jesus, o Deus-Homem, mandou no Santo Evangelho: Tu, quando orares, entra no teu aposento e, fechando a tua porta, ora a teu Pai que está em secreto (Mateus 6:6). O aposento da alma é o corpo: a porta são os cinco sentidos do corpo. A alma entra em seu aposento quando a mente não perambula aqui e ali, em busca de coisas mundanas, mas quando encontra seu lugar no coração. Os sentidos se fecham e mantêm-se assim quando não lhes permitimos que se apeguem a coisas sensuais exteriores, e, dessa forma, a mente permanece livre de todos os apegos mundanos e, por meio da oração mental oculta, une-se a Deus seu Pai.

E teu Pai, que vê em secreto, te recompensará publicamente, continua o Senhor. Deus, que conhece tudo o que está oculto, vê a oração mental e recompensa com grandes e manifestos dons. Pois esta é a verdadeira e perfeita oração que enche a alma com a graça divina e com dons espirituais – como mirra que, quanto mais estiver contida em um vaso, tanto mais esse vaso exalará fragrâncias. É assim com a oração: quanto mais compartimentada estiver no coração, tanto mais abundará com a graça de Deus.

Bem-aventurados os que se acostumaram com essa atividade celestial, pois através dela vencem todas as tentações dos espíritos malignos, assim como David venceu o orgulhoso Golias. Dessa maneira, eles sufocam os desejos desordenados da carne, assim como os três jovens sufocaram as chamas da fornalha. Por meio da oração mental, as paixões são domadas, assim como Daniel domou as bestas selvagens. Ela traz o orvalho do Espírito Santo ao coração, assim como as orações de Elias trouxeram chuva ao Monte Carmelo. A oração mental alcança o próprio trono de Deus, onde é entesourada em taças douradas e, como um incenso, exala uma doce fragrância diante do Senhor, exatamente como São João, o Teólogo, viu em sua revelação: Os vinte e quatro anciãos prostraram-se diante do Cordeiro, tendo cada um deles uma harpa, e taças de ouro cheias de incenso, que são as orações dos santos (Apocalipse 5:8). A oração mental é a luz que ilumina a alma do homem e inflama seu coração com o fogo do amor a Deus. É a corrente que une Deus ao homem e o homem a Deus. Ó, não há nada que se compare com a graça da oração mental! Ela faz do homem um eterno dialogador com Deus. Ó verdadeira excelência e excelentíssima tarefa! Em corpo vós estais com as pessoas, mas mentalmente conversais com Deus.

Os anjos não possuem vozes audíveis, mas mentalmente rendem louvor constante a Deus. Eis sua ocupação; toda sua vida é dedicada a isso. E tu também, irmão, quando entrares no teu aposento e fechares a porta, isto é, quando tua mente não mais perambular por aí, mas entrar nos recessos interiores do teu coração, e teus sentidos forem trancados e afastados das coisas do mundo, e dessa maneira tu sempre orares, então serás como os santos anjos, e teu Pai, que vê tua oração secreta que rendes a Ele dos tesouros do teu coração, conferirá a ti grandes e manifestos dons espirituais.

E o que mais tu desejas disto, quando, conforme eu disse, mentalmente tu estás sempre na presença de Deus e conversas com Ele incessantemente – tu conversas com Deus, sem O qual nenhum homem jamais será abençoado aqui ou na outra vida.
 

segunda-feira, 11 de março de 2013

HORA SANTA PELO PRÓXIMO CONCLAVE QUE INICIA AMANHÃ PARA A ELEIÇÃO DO NOVO PAPA





Por el próximo cónclave

para la elección del Romano Pontífice.
EXPOSICIÓN
DE RODILLAS

El sacerdote revestido expone el Santísimo Sacramento y lo inciensa, mientras se entona el Pange lingua u otro canto.

SÚPLICA DEL ESPÍRITU SANTO.

Desde el 28 de febrero la Iglesia se encuentra en estado de sede vacante por la renuncia de S.S. Benedicto XVI. Como todo tiempo –visto desde la fe- este periodo se nos presenta como tiempo de gracia: "ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación" (2 Cor 6, 2). Un tiempo previo al cónclave que ha de ser de mayor oración y unión con nuestro Señor presente en la Eucaristía. Hoy, en esta hora santa, queremos orar por los Cardenales de la Iglesia que tienen la función de elegir al nuevo Romano Pontífice. Pedimos a Jesús que les envíe el Espíritu Santo para que los ilumine y dóciles a sus inspiraciones elijan al candidato de Dios. Con este espíritu cantamos el Himno Veni Creator. Ven Espíritu creador visita las almas de tus fieles. Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado.
2. Tú eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.



Oraciones

por el próximo Cónclave

para la elección del Romano Pontífice

Invocación al Espíritu Santo

por el próximo cónclave para la elección del Romano Pontífice Veni Creator Spiritus,
Mentes tuorum visita,
Imple superna gratia,
Quae tu creasti, pectora.
Qui diceris Paraclitus, Altissimi donum Dei,
Fons vivus, ignis, caritas,
Et spiritalis unctio.
Tu septiformis munere, Digitus Paternae dexterae,
Tu rite promissum Patris,
Sermone ditans guttura.
Accende lumen sensibus, Infunde amorem cordibus,
Infirma nostri corporis,
Virtute firmans perpeti.
Hostem repellas longius, Pacemque dones protinus;
Ductore sic te praevio,
Vitemus omne noxium.
Per te sciamus da Patrem Noscamus atque Filium;
Teque utriusque Spiritum
Credamus omni tempore. Amen.
V/.
Emítte Spíritum tuum, et creabúntur :
R/. Et renovabis fáciem terræ. Oremus: Súpplici, Dómine, humilitáte depóscimus: ut sacrosáncte Romanae Ecclesiae concédat Pontificem illam tua immensa pietas; qui et pio semper et nos stúdio tibi plácitus, et tuo
Ven Espíritu creador; visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú nos das los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo. Amén.
V/.
Envía tu Espíritu y se hará una creación nueva :
R/. Y renovarás la faz de la tierra Oremos: Te suplicamos humildemente, oh Señor, que por tu inmensa piedad concedas a la sacrosanta Iglesia Romana un Pontífice que te sea siempre agradable por su santo celo para con nosotros y sea siempre digno de la reverencia de tu

TIEMPO DE MEDITACIÓN SENTADOS
Lectura del libro de los Jueces 9, 7-16

Jotán, en la cumbre del monte Garizín, alzó la voz y clamó: «Escuchadme, señores de Siquén y que Dios os escuche. Los árboles se propusieron ungir a uno como su rey. Dijeron al olivo: Sé tú nuestro rey. Les respondió el olivo: ¿Voy a renunciar a mi aceite con el que son honrados los dioses y los hombres,

para ir a mecerme por encima de los árboles? Los árboles dijeron a la higuera: Ven tú, reina sobre nosotros. Les respondió la higuera: ¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles? Los árboles dijeron a la vid: Ven tú, reina sobre nosotros. Les respondió la vid: ¿Voy a renunciar a mi mosto, que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles? Todos los árboles dijeron a la zarza: Ven tú, reina sobre nosotros. La zarza respondió a los árboles: Si con sinceridad venís a ungirme a mí para reinar sobre vosotros, llegad y cobijaos a mi sombra. Y si no es así, brote fuego de la zarza y devore los cedros del Líbano. «Ahora pues, ¿habéis obrado con sinceridad y lealtad al elegir rey a Abimélec? ¿Os habéis portado bien con Yerubaal y su casa y le habéis tratado según el mérito de sus manos?

Palabra de Dios.


PUNTOS PARA LA MEDITACIÓN

(a desarrollar por el director, en este momento se pueden intercalar cantoso o antífonas apropiadas)

El ejemplo de la historia sagrada: la mala elección de un rey, candidato de los hombres pero no de Dios.

Dios gobierna la historia y guía a su Iglesia. Lo podría hacer directamente –lo hace a veces mediante los milagros-, pero normalmente

quiere que los hombres colaboremos en su providencia otorgándonos al mismo tiempo la dignidad de obrar por sí mismas, de ser causa unas de otras.

Canto: Te bendecimos, Padre.



¿Cómo colabora el hombre con la Providencia divina? Dios otorga y pide al hombre, respetando su libertad, que colabore con la Providencia mediante sus acciones, sus oraciones, pero también con sus sufrimientos, suscitando en el hombre «el querer y el obrar según sus misericordiosos designios» (Flp 2, 13).
Compendio del catecismo, 56

Salmo: Señor, Dios nuestro.



El misterio de la Iglesia. La iglesia es divina y humana, espiritual y terrena, santa y pecadora. La Iglesia es santa porque Dios santísimo es su autor; Cristo se ha entregado a sí mismo por ella, para santificarla y hacerla santificante; el Espíritu Santo la vivifica con la caridad. En la Iglesia se encuentra la plenitud de los medios de salvación. La santidad es la vocación de cada uno de sus miembros y el fin de toda su actividad. Cuenta en su seno con la Virgen María e innumerables santos, como modelos e intercesores. La santidad de la Iglesia es



la fuente de la santificación de sus hijos, los cuales, aquí en la tierra, se reconocen

todos pecadores, siempre necesitados de conversión y de purificación. Compendio del catecismo, 165

Canto: Iglesia santa



Como todos somos pecadores, tenemos que pedir especialmente por los Cardenales: también ellos tienen acepción de personas, prejuicios, intereses, debilidades, etc… por eso, hemos de pedir por ellos, para que sean dóciles a las inspiraciones de Dios.



Jueves Sacerdotal




DE RODILLAS



Confiados en el Señor que no nos abandona, que guía los destinos de los hombres y de los pueblos, que conoce todas nuestras necesidades, y la de su santa Iglesia,
acudimos confiados al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia de un auxilio oportuno (Heb 4,16).

1.-Danos, Señor, un Papa que obre según tu corazón y tus deseos, que te sea siempre agradable por su santo celo para con nosotros y sea siempre digno de la reverencia de tu pueblo por su saludable gobierno para mayor gloria de tu nombre. Oremos.



R/. Kyrie, Christe, eleison.




2.- Danos un digno sucesor de Pedro, que como sea sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que toca a Dios y expie los pecados del pueblo. Oremos.



R/. Kyrie, Christe, eleison.




3.- Concédenos un Vicario de Cristo que ame tus mandamientos y los guarde, que instruya a tu pueblo con sus virtudes y destile sobre las almas de tus fieles el buen olor de la gracias espirituales. Oremos.



R/. Kyrie, Christe, eleison.




4.- Por los Cardenales que tienen la misión y la responsabilidad de elegir al soberano Pontífice, para que Dios se digne visitarlos con su gracia, iluminarlos con su Espíritu y revestirlos con su fuerza. Oremos.



R/. Kyrie, Christe, eleison.




5.- Por todos los obispos de la Iglesia, por los sacerdotes y diáconos, por los religiosos y por los seminaristas para con el auxilio divino sean santos convirtiéndose en luz y guías del mundo. Oremos.



R/. Kyrie, Christe, eleison.




6.- Para que el Señor envíe muchos y santos sacerdotes, para que suscite y mueva los corazones de los jóvenes a entregarles sus vidas, para que en ningún lugar de la tierra falte la presencia del sacerdocio católico. Oremos.



B
ENDICIÓN Y RESERVA

http://santa-maria-reina.blogspot.pt/2013/03/hora-santa-en-la-vispera-del-conclave.html

EL BEATO JUAN PABLO II HABLA SOBRE EL TERCER SECRETO: LA TRIBULACIÓN, EL REZO DEL SANTO ROSARIO Y LA CONFIANZA EN NUESTRA SEÑORA

EL BEATO JUAN PABLO II HABLA SOBRE EL TERCER SECRETO: LA TRIBULACIÓN, EL REZO DEL SANTO ROSARIO Y LA CONFIANZA EN NUESTRA SEÑORA


“Por otra parte, debería ser suficiente para todos los católicos saber esto: si hay un mensaje en el cual está escrito que los océanos inundarán todas las áreas de la Tierra, y que en un momento millones de personas perecerán, verdaderamente la publicación de tal mensaje ya no es algo tan de desear...”

El Papa continuó: “Muchos quieren saber simplemente por curiosidad y por el gusto de lo sensacional, pero ellos olvidan que el conocimiento también implica responsabilidad.
Ellos procuran solo la satisfacción de su curiosidad, y es peligroso si al mismo no están dispuestos a hacer algo, y si ellos están convencidos que es imposible hacer nada contra el mal.”
En ese momento el Papa empuñó un Rosario y dijo:“He aquí el remedio contra ese mal. Rezad, rezad y no pidáis por nada más. Dejad todo lo demás en manos de la Madre de Dios.”

“Debemos preparamos a sufrir, dentro de no mucho tiempo, grandes pruebas que nos exigirán estar dispuestos a perder inclusive la vida y a entregamos totalmente a Cristo y por Cristo. Por vuestra oración y la mía es posible disminuir esta tribulación, pero ya no es posible evitarla, porque solamente así puede ser verdaderamente renovada la Iglesia. ¡Cuántas veces la renovación de la Iglesia se ha efectuado con sangre! Tampoco será diferente esta vez”.
Beato Juan Pablo II, Fulda ( Alemania) 18 de noviembre de 1980