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sábado, 16 de julho de 2011

La Madonna del Carmelo, il santo profeta Elia e San Pio X. - I parte


di don Alfredo M. Morselli


I parte


Totus Marianus est Carmelus.[1]
Isaia ce lo ha affermato: la Vergine dalla quale nascerà Cristo avrà nello stesso tempo la bellezza del Carmelo: «Datus est ei decor Carmeli» (Is 35, 2). La bellezza del Carmelo le è stata data…
Nel suo Cantico che la Chiesa applica a Maria, Salomone canta: «Caput tuum ut Carmelus»: il tuo capo è simile al Carmelo! (Cant. 7, 5). Lo si vede nella Scrittura: il Carmelo serve ad onorare e a lodare Maria[2].
Elia arse d’amore per Maria […] Tutto quello che Elia possiede, tutto ciò che gli si riconosce in proprio viene da Maria, ed è per Maria che egli lo ritiene.[3]

Nella storia del santo profeta Elia - così some essa è narrata nel I libro dei Re - si parla di una misteriosa nuvoletta che sale dal mare, e che diventa pioggia abbondante, tale da porre fine alla siccità in Israele.Tanti buoni autori cristiani hanno visto, in questa nuvoletta, una figura della Beata sempre Vergine Maria [4].San Pio X ha reso questa interpretazione propria del supremo magistero ecclesiastico, e così leggiamo, nell’Enciclica Ad diem illum laetissimum:
“Noi vediamo nelle sante scritture, che ogni volta che ci è profetizzata la grazia che ci deve giungere, quasi sempre il Salvatore degli uomini vi appare insieme alla sua santissima Madre […] Maria è oggetto del pensiero […] di Elia, che vede la piccola nube che sale dal mare. E senza aggiungere altro, noi troviamo sempre Maria dopo Cristo nella legge, nella verità delle immagini e delle profezie” [5].
Molti moderni biblisti scuoterebbero il capo di fronte a questo tipo di interpretazione; noi invece, con l’aiuto di Dio e della SS. Vergine Maria, cercheremo di mostrare che quanto scrive S. Pio X è verissimo e fondatissimo.Per provare a capire il grande mistero di quella piccola nube che sale dal mare, bisogna considerare tutta la storia del santo profeta Elia, partendo dall’inizio.


http://blog.messainlatino.it/

quarta-feira, 2 de março de 2011

MILAGROS Y PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN


CASTIGO EJEMPLAR
Ha sido táctica secular de los herejes protestantes ridiculizar las prácticas de devoción de los católicos, sobre todo las relacionadas con la Santísima Virgen. Pero, mal que les pese, Ella ha sido siempre la que quebranta con su huella inmaculada todas las herejías, como canta la Iglesia.

Una sacrílega parodia que hicieron los protestantes el año 1923, en la ciudad de Añasco, en la isla de Puerto Rico, es buena prueba de la popularidad inmensa que había alcanzado y que goza afortunadamente la devoción al Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen, que no en vano desfilaron por la isla apóstoles de la devoción a nuestra dulce Madre, tales como los padres Elías Sendra, Espiridión María Cabrera y el fervoroso y santo apóstol P. Elías Besalduch, y no menos lo es en la actualidad el benemérito Carmelita padre José Sánchez. Tratose, pues, de ridiculizar por los protestantes tal devoción como una de las de más honda raigambre entre los católicos.

El relato del caso es del Rvdo. P. Pedro de Arancibia, agustino, natural de abadiano, residente por aquellas fechas en Puerto Rico. El hecho tuvo lugar en la ciudad de Añasco, el día 24 de diciembre del mencionado año de 1923.

Celebraban, dice el P. Arancibia, los protestantes una velada, intentando ridiculizar nuestras devociones y hacer burla y chacota del clero católico. En la tal velada tomaban parte una joven de apellido Domínguez, que desempeñaba el papel de princesa. Un joven, Pietri, hacía de sacerdote católico. Pietri exigió dinero a la joven Domínguez. A la negativa de ésta, el cura Pietri, montando en cólera, insultó violentamente a la princesa, diciéndola: “Te vas a condenar, eres mala católica”. La joven Domínguez, para demostrar su catolicidad religiosa, muéstrale un Escapulario de la Virgen del Carmen que pendía de su cuello. El iracundo y frenético cura se lo arrebata de las manos, diciendo: “Esto es una tontería, una por…” levantando el brazo en actitud de arrojar al suelo el bendito Escapulario.

Pero Jesús, que suele tolerar con más paciencia los agravios inferidos a su persona adorable, suele hacer sentir su mano justiciera sobre los que se atreven a injuriar a su Santísima Madre.

En el presente caso no quiso que se profanara el honor de María y quedase en ridículo la devoción predilecta del pueblo católico de Puerto Rico. El brazo que se levantara para arrojar el Santo Escapulario del Carmen, como herido por un rayo, queda inmóvil. El joven Pietri queda idiota; no sabe ni puede responder a los que, estupefactos, le preguntan qué le pasa. El que entró en la velada rebosante de salud y alegría, sale a hombros de sus amigos, paralítico, idiota y enfermo.

Los protestantes hubiesen querido ocultar el espantoso suceso, mas, por fortuna, había en la velada, también, algunos católicos, que pusieron inmediatamente en conocimiento de su párroco todo lo sucedido, el cual refirió lo ocurrido para edificación de sus feligreses, en las fiestas del día de Reyes, y en la de San Antonio Abad, patrón de la parroquia, escuchándole emocionados todos los fieles que asistían a la Santa Misa, en los que se aumentó más y más el fervor y la devoción hacia el bendito Escapulario de María Santísima del Carmen, siendo centenares los que le recibieron este último día.

Fuente: Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C.
 
DE:http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com/

sábado, 19 de fevereiro de 2011

MILAGROS Y PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN


RESPETAN LOS DEMONIOS UN CUERPO MUERTO PORQUE
TENÍA EL ESCAPULARIO
El Rvdo. P. Mtro. Fr. Pablo de la Cruz nos dice: “Había en cierta ciudad de Italia una doncella, recatadísima en extremo, hasta el punto de que abstraída y ajena por completo a aquellas lícitas diversiones propias de sus años juveniles, sólo era dada y estaba de lleno entregada a piadosos y santos ejercicios, tanto que podía servir de edificación y ejemplo a la religiosa más austera y penitente. Llena estaba toda la ciudad de la gloriosa fama de su virtud y edificantes obras este fue el origen de su perdición, pues el aire de la vanidad empezó poco a poco a marchitar el candor de sus virtudes, amortiguando el fervor de su caridad. Ya que el demonio la encontró tibia en la devoción, valiese de un apuesto y arrogante mancebo algo pariente suyo, que, sin la menor nota de escándalo, la empezó a cortejar y visitar con harta frecuencia, sin que pasaran de ahí.

“No se recató al principio de estas demostraciones cariñosas que permite hasta ciertos límites honestos el próximo parentesco, y en breve se despeñó en horrendo precipicio, perdiendo en un punto su virginal pureza. ¡Oh el daño que suele acarrear un leve descuido en los principios, aun de las amistades santas!

“Apagose a poco tiempo en su corazón el inmundo fuego del deleite, quedando en su corazón tan solo las frías cenizas de la culpa; pero mirábalas con tal horror, que su triste memoria aun a sí misma, la causaba encogimiento y vergüenza; ésta le selló la boca para no confesar sus culpas y comulgar sin confesarlas.

“Remordiale enormemente la conciencia para que las confesase, mas podía más en ella el maldito respeto humano y un mal entendido sonrojo y vergüenza que el dolor y la verdadera contrición de sus culpas para confesarlas y salir de tan lastimoso y detestable estado de miseria y abyección. Así estuvo luchando y celando u ocultando su pecado y acercándose a comulgar por espacio de algún tiempo con el alma afeada y manchada por la culpa grave; mas, a la tercera vez que comulgara sacrílegamente, le sobrevino repentinamente un accidente mortal del que no pudieron sacarla ni las más solícitas atenciones de los doctores más afamados de la comarca; sólo puedo decir a su buena madre que la enterrasen en el convento del Carmen y amortajada con el hábito de nuestra Madre.

“¡Oh miserable desdichada! ¡Oh ejemplo pavoroso de la Divina Justicia! Quedó su rostro tan hermoso y resplandeciente, que el mirarla causaba extraordinaria admiración, calificándose por esto, en juicio de los hombres, su virtud y santidad, porque así era tenida en el concepto de todos.

“Concurrieron todos con grandísima admiración y respeto a su entierro; mas a la siguiente noche, apareciéndose dos ángeles a su confesor le llevaron en su compañía hasta la iglesia donde se hallaba sepultada. Ya en ella condujéronle a la sacristía e hicieron se revistiese de los ornamentos sacerdotales, cual si fuese a celebrar, y luego que estuvo revestido, tomando uno de ellos la llave del Sagrario y acompañándole hasta el altar, le ordenaron que tomase en sus manos el copón y les siguiese. Alumbrándole con dos hachas encendidas, lleváronle a la sepultura de la infeliz doncella, la cual se hallaba arrodillada esperándoles sobre la losa de la sepultura, y tan radiante de belleza como en el instante de enterrarla. Dijeron los ángeles al confesor aplicase el borde del copón a la boca de la difunta doncella y dándole uno de ellos un suave golpecito en la espalda, cayeron de su boca, intactas, las tres formas que recibiera la desgracia sacrílegamente.

“Apagose con esto el resplandor de su rostro, pero no se eclipsó su hermosura, ya que aún causaba embeleso el contemplarla.

“Llevadas con gran reverencia las sagradas formas al tabernáculo, volvieron nuevamente los ángeles con el confesor al lugar donde yacía de hinojos el hermoso cadáver y ordenaron al sacerdote que le quitase el Santo Escapulario; hízolo así el sacerdote y al mismo punto la que parecía ángel en la hermosura trocose en un monstruo que horrorizaba cual si fuese demonio, y solamente ellos pudieron solicitar su espantosa y abominable compañía; de ahí que viniendo éstos con gran algazara y aullidos espantosos asieron el cadáver sepultándole en los abismos del infierno, para que el que había acompañado al alma en la culpa, la acompañase también eternamente en la pena.”

Pidámosle a nuestra amorosa Madre nos aproveche y sirva de saludable ejemplo tan espantoso caso, y demos a la Santísima Virgen infinitas gracias por conservarnos en la gracia y amistad de su amantísimo Hijo, nuestro Redentor.
Fuente: Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C.
 
DE:http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com/