Del Libro: Nuestra Señora de Fátima
Profecías para América y el Mundo, ¿Tragedia o Esperanza?
inundado por um mistério de luz que é Deus e N´Ele vi e ouvi -A ponta da lança como chama que se desprende, toca o eixo da terra, – Ela estremece: montanhas, cidades, vilas e aldeias com os seus moradores são sepultados. - O mar, os rios e as nuvens saem dos seus limites, transbordam, inundam e arrastam consigo num redemoinho, moradias e gente em número que não se pode contar , é a purificação do mundo pelo pecado em que se mergulha. - O ódio, a ambição provocam a guerra destruidora! - Depois senti no palpitar acelerado do coração e no meu espírito o eco duma voz suave que dizia: – No tempo, uma só Fé, um só Batismo, uma só Igreja, Santa, Católica, Apostólica: - Na eternidade, o Céu! (escreve a irmã Lúcia a 3 de janeiro de 1944, em "O Meu Caminho," I, p. 158 – 160 – Carmelo de Coimbra)
Yo doy mi vida por las ovejas".
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Hay que estar muy familiarizado con una voz para reconocerla.
Jesús nos invita a familiarizarnos con la suya. Esto lleva tiempo.
Claro que es una voz muy distinta, está muy íntima a nosotros; por eso no grita, es casi un susurro, porque cuanto más cerca se está menos se tiene que vocear.
Cuando se besa o se abraza hasta sobran las palabras, porque sólo hay presencia.
"Yo doy mi vida por las ovejas".
Dar la vida es dar la presencia.
Lo propio de Dios es dar.
Jesús nos invita a que el dar sea también la dinámica de nuestra vida, nuestro ritmo vital.
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POR EL SILENCIO AL ENCUENTRO CONSIGO,
A LA PAZ, A LA PLENITUD
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| *Silencio de la Naturaleza... | *Silencio de la Naturaleza... |
| *Por el silencio al encuentro... | *No duerme ni reposa... |
| *¡Silencio! La tierra está llena... | *El Señor es mi luz y mi salvación |
| *Tu Dios es un Dios escondido | *En tus manos pongo mi vida |
| *La criatura saltó de alegría... | |
| *Si alguno me ama... | |
| *Yo estoy con vosotros... | |
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(diálogos en la noche, entre Jesús Quintero "El Loco de la Colina" y el dominico José F. Moratiel)
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(*) Estos temas fueron editados en 3 cassettes por EDIBESA
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| Oyó palabras inefables... | La Paz vendrá |
| Canto a la Maternidad | Hemos creído en el amor... |
| El otoño una estación del alma | Sabemos que hemos sido trasladados |
| Yo soy el Pan de vida | Apareció la ternura y el amor de Dios |
| Esta pequeña ermita | Todo está en tus manos |
| Sobrevino una fuerte hambre... | Deja a los muertos sepultar a sus muertos... |
| Habitaré siempre en tu morada | Vuelves a ser como niño |
| Navidad, ahora | |
| En la mañana, hazme escuchar tu gracia | |
| No llevéis nada para el camino | |
| Navidad fiesta de la Palabra | |
| En ti está la fuente de la vida | |
| El hombre lleva en sí la imagen de Dios | |
| Densa nube | |
| Entró en el sepulcro | |
Quizás te preguntes que es lo que vas a encontrar en el silencio. En el silencio te vas a encontrar a ti mismo, casi se podría decir que el silencio eres tú mismo.
¿Qué es lo que hay en el silencio?
En el silencio hay... lo que hay en tu corazón. En el silencio hay lo que hay en tu vida, no hay otra cosa.
Quizás te sorprenda... al iniciar... este camino, que de repente cuando trabajas y buscas descansar, atender en el silencio, aparecen mil informaciones que van contigo y que pensabas estaban olvidadas o pensabas no te herían, ni te afectaban y de repente aparecen recuerdos, aparecen situaciones, aparecen muchos pensamientos. Todo eso no es extraño a ti, todo eso va contigo y todo eso está bien que aparezca, porque eso es lo que has de vivir, eso es lo que has de asimilar.
En la vida hay muchas cosas que no hemos vivido bien, en la vida hay muchas cosas que hemos querido... olvidar y en cuanto hacemos silencio las cosas se nos presentan como pidiéndonos cuenta, las cosas se nos presentan como diciendo: "aquí estamos, a ver que haces con nosotras".
Son recuerdos a veces dolorosos, son episodios que no hemos admitido, son episodios ante los cuales nos hemos resistido a coger y nuevamente se nos hacen presentes en la primera oportunidad. Su oportunidad es el silencio, porque otras veces no les dejamos aparecer, el silencio es un momento en el que no existen grandes estímulos, mejor dicho no existen los estímulos, de alguna manera en el silencio se neutralizan los estímulos y por eso también se neutralizan, se anulan, nuestras respuestas, y es por eso que en el silencio aparece lo que va... como... dormido, como... aletargado en nosotros. En la vida nos distraemos, nos escapamos detrás de esos estímulos, mejor detrás de nuestras respuestas a los estímulos, pero en el silencio no hay escapatoria, en el silencio uno no puede marcharse, en el silencio todo se nos hace presente, todo está ahí. Y se nos hace presente para que lo vivamos, para que lo aceptemos, para que nos hagamos cargo de ello.
Por eso si en estas horas, en estos momentos en los que una situación de amargura, de desazón, de azoramiento se nos hace presente y lo tenemos, podemos levantarnos y buscar distraernos. Frecuentemente los hombres hacemos esto, cuando hay una preocupación decimos pues: "vamos a distraernos, vamos a dar un paseo, nos vamos a tomar un café"; pero aquel problema no queda resuelto, aquel problema queda orillado, queda como aparcado y en la primera oportunidad, otra vez, se nos hace presente. Te sientas, haces silencio y si no haces esta práctica, pues vas a acostarte o estás esperando el autobús, estás un momento silencioso y posiblemente otra vez, te vuelve, y te vuelve a reclamar que le atiendas.
El silencio, por eso, es profundamente curativo, es profundamente pacificador, porque esas situaciones sin resolver, esas situaciones, que van como alojadas, que van como... metidas en nuestra propia historia y en nuestra propia vida, se nos hacen presentes con el afán de que nosotros las vivamos, de que nosotros las aceptemos, de que nosotros nos hagamos cargo de ellas. Por eso no es justo, no es solución el escapar del silencio. Uno no puede escapar de si mismo, y está bien eso, está bien que sea así. Por eso, cuando llegue la hora del silencio, cuando llegue la hora en la que alguna situación de tu vida se te haga presente, busca el vivirla, busca el asimilarla, busca el aceptarla, todo se supera cuando se acepta, todo se supera cuando en el silencio se mira, se ve, se digiere y se pacifica. El silencio así nos salva, en el silencio se redime todo, en el silencio se cura todo, en el silencio nace todo. Deja en el silencio que todo se asiente, deja en el silencio que todo se vaya posando.
Cuando hace mal tiempo, cuando el tiempo está revuelto, cuando hay tormenta, miramos al cielo y decimos: “pues, no acaba de asentar” cuando el tiempo asienta, la atmósfera está limpia, el cielo está despejado, y como que todo se llena de vida.
Cuando una mujer está en estado y va al médico y el ginecólogo le dice: “pues ya se ha asentado” la mujer escucha eso con profunda alegría, se queda tan a gusto, porque todo se ha asentado.
Cuando un adolescente, está agitado, está lleno de alteración, pasa el tiempo y la gente dice: “parece que ha sentado la cabeza” y como que se le ve... lleno de equilibrio, lleno de mayor serenidad, lleno de vida.
El silencio es para que todo se asiente, para que las cosas que están... fuera de su lugar, se vayan encajando. Cuando todo se asienta todo se vuelve equilibrio, cuando todo se asienta todo se vuelve serenidad.
Ya ves lo que pasa con un vaso de agua revuelta, coges un vaso de agua revuelta le dejas un rato y se va posando y se va volviendo trasparente, se va volviendo limpia.
En el silencio, verás como también todo lo que en un momento de agitación... se nos presenta, irás comprobando como se va asentando, como todo se vuelve transparente.
Después de una tormenta, después de una lluvia aparecen las montañas en el horizonte y nacen miles de fuentes. Cuando en el silencio toda esa agitación, toda esa turbación se va posando, se va asentando, verás como aparece un paisaje interior lleno de armonía, lleno de esperanza, lleno de silencio, pero también en ese lleno, en esa llanura de silencio existe una llanura de paz, y aparecen las fuentes, aparece el manantial que está en lo hondo de tu corazón, la atmósfera queda limpia cuando llueve y el horizonte parece más despejado.
Tras del silencio, tu corazón también estará más despejado, tras el silencio tu corazón también será un manantial, tras el silencio recobrarás la vida, recobrarás la plenitud de tu ser. En el silencio vas a aprender también una cosa que puede ser de mucho interés para ti. El hombre suele vivir... vivimos los hombres cargados de dependencias, del mundo, del cosmos, de la creación, de los otros... en el silencio vas a aprender que sobretodo dependes de ese soplo. En el silencio vas a aprender que en ti hay cuanto necesitas, que no careces de nada, que no tienes que buscar nada lejos de ti, que no tienes por que buscar nada que esté fuera de ti. En el silencio se te revela que todo está en tu corazón, que todo está ahí, al otro lado de tu piel, muy cerca de ti.
Siempre que buscamos algo fuera de nosotros, nos alejamos, nos distanciamos y nos separamos de esa presencia, que en el fondo nos basta para vivir, que es lo primero, que es lo más imprescindible, que es ese soplo de la vida. Si deseas algo que está más lejos, puedes distanciarte del soplo, de la vida, de la presencia, de lo que te inunda, de lo que te llena, de lo que te abastece.
Si te separas de ti entonces te destruyes, si te separas de ti, entonces creas una división, en el silencio todo se puede reintegrar, todo se puede unificar, en el silencio todo se puede armonizar, en el silencio vas a aprender que no te recibes de nadie, ni de las opiniones de los otros, ni del reconocimiento de los otros incluso... casi, casi... iba a decir que no te recibes del amor de los otros. Es posible que te suene a una exageración, pero atiende a tu vida, atiende en el silencio a este soplo y verás que te recibes, que sobretodo te recibes de él, no de lo que los demás piensen, de lo que los demás hablen, de lo que los demás valoren, sino que te recibes de ese soplo, de esa presencia, de ese viento, de ese Dios.
En el silencio aprendes que te recibes de ti mismo, en el silencio aprendes una autonomía que te da libertad, en el silencio vas a vivirte lleno de seguridad, sin ninguna dependencia, no vives a expensas de nadie, no tienes porque vivir en dependencia de nada. Te recibes de una fuente, de una presencia, de un soplo, de un viento que no te falta. En el silencio te recibes de ti mismo.
¡Comprueba esto! ¡Verifícalo día tras día! y verás como florece en ti la libertad, verás como renace en ti la autonomía, verás como renace en ti la firmeza, la armonía, la seguridad, verás como renace en ti una paz que no tiene fin.
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ET VERBUM CARO FACTUM EST. VENITE, ADOREMUS
LOS HERMANOS Y HERMANAS DE LA FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA LES DESEAN A TODOS UNAS FELICES Y SANTAS FIESTAS DE NAVIDAD, Y LA ABUNDANCIA DE LAS GRACIAS DIVINAS.
Londra, Inghilterra, 3 maggio 1991 - Monza, 12 ottobre 2006
Carlo Acutis era un adolescente del nostro tempo, simile a molti altri. Impegnato nella scuola, tra gli amici, grande appassionato di personal computers. Allo stesso tempo era un grande amico di Gesù Cristo, partecipava ogni giorno all’Eucaristia e si affidava alla Vergine Maria. Morto a soli 15 anni per una leucemia fulminante, ha offerto la sua vita per il Papa e per la Chiesa. La sua vicenda ha suscitato profonda ammirazione da parte di chi l’ha conosciuto. Il libro nasce dal desiderio di raccontare a tutti la sua semplice e incredibile storia umana e profondamente cristiana. Testimonianza della madre: “La figura di Carlo è possibile riassumerla in questa sua frase : L’Eucaristia è la mia autostrada per il Cielo. Mio figlio sin da piccolo, e soprattutto dopo la sua Prima Comunione, non ha mai mancato all’appuntamento pressoché quotidiano con la Santa Messa e il Rosario, e con un momento di adorazione eucaristica. Nonostante questa intensa vita spirituale, Carlo ha vissuto pienamente e gioiosamente i suoi quindici anni, lasciando in coloro che lo hanno conosciuto una profonda traccia. Era un ragazzo esperto con i computer tanto che si leggeva i testi di ingegneria informatica lasciando tutti stupefatti, ma questa sua dote la poneva al servizio del volontariato e la utilizzava anche per aiutare i suoi amici. La sua grande generosità lo portava ad interessarsi di tutti, dagli extracomunitari ai disabili, ai bambini, ai mendicanti. Stare vicino a Carlo era come stare vicino ad una fontana d’acqua fresca. Poco prima di morire Carlo ha offerto le sue sofferenze per il Papa e per la Chiesa. Certamente l’eroicità con cui ha affrontato la sua malattia e la sua morte hanno convinto molti che veramente in lui c’era qualcosa di speciale. Quando il dottore che lo seguiva gli ha chiesto se soffriva molto Carlo gli ha risposto: “C’è gente che soffre molto più di me!”. |
Forse un giorno, neppur troppo lontano, avremo un santo, regolarmente canonizzato, come patrono di internet e protettore di tutti i cybernauti. Già comunque adesso abbiamo un valido intercessore in Carlo Acutis, un ragazzo di 15 anni, “patito” di internet come i suoi coetanei, ma a differenza di tanti di loro, convinto che debba diventare “veicolo di evangelizzazione e di catechesi”. Sul web è ancora presente (www.miracolieucaristici.org), la mostra virtuale progettata e realizzata da lui a 14 anni, che sta facendo il giro del mondo e che testimonia come davvero per Carlo l’Eucaristia è stata la sua “autostrada per il cielo”. Già, perché Carlo continua ad essere un mistero: con i suoi 15 anni limpidi e solari, con la sua voglia di vivere e la sua prorompente allegria, ma soprattutto con la sua fede che scomoda ed interpella quella di noi adulti. Nasce il 3 maggio 1991 a Londra, dove i suoi genitori si trovano per esigenze di lavoro. Cresce a Milano, come tutti gli altri, differenziandosi solo per una particolare inclinazione per le pratiche religiose che a 12 anni lo porta alla messa ed alla comunione quotidiana. E non è tutto: di pari passo con l’adolescenza arriva anche il rosario quotidiano e l’adorazione eucaristica, convinto com’è che quando “ci si mette di fronte al sole ci si abbronza... ma quando ci si mette dinnanzi a Gesù Eucaristia si diventa santi”. Già, la santità: è il suo chiodo fisso, il suo obiettivo, la molla che lo fa stare in modo “diverso” sui banchi di scuola, in pizzeria con gli amici o in piazzetta per la partita di pallone. Non è geloso del suo “kit per diventare santi”, che regala generosamente a tutti e che, molto semplicemente, contiene: un desidero grande di santità, messa comunione e rosario quotidiano, una razione giornaliera di Bibbia, un po’ di adorazione eucaristica, la confessione settimanale, la disponibilità a rinunciare a qualcosa per gli altri. Per lui, che così tanto desidera la santità, è normale cercare amici in cielo; così nel suo sito internet c’è la sezione “scopri quanti amici ho in cielo”, dove compaiono i santi “giovani”, quelli che hanno raggiunto la santità in fretta e dove include anche la centallese Maria Isoardo, che ha “pescato” probabilmente in internet. Anche lui è convinto di non invecchiare; “Morirò giovane”, ripete, ma intanto riempie la sua giornata di vorticosa attività: con i ragazzi del catechismo, con i poveri alla mensa Caritas, con i bambini dell’oratorio. Tra un impegno e l’altro trova ancora il tempo per suonare il sassofono, giocare a pallone, progettare programmi al computer, divertirsi con i videogiochi, guardare gli adorati film polizieschi, girare filmini con i suoi cani e gatti. Oltre naturalmente studiare, perché frequenta con profitto (pur senza essere il primo della classe) il liceo milanese “Leone XIII”. Dagli amici è amato, per la ventata di allegria che sa portare nella compagnia, anche se lui non cerca lo sballo come gli altri, sempre misurato e padrone dei suoi sentimenti e dei suoi slanci. Così, anche chi lo avversa e lo deride, finisce per subirne il fascino e per lasciarsi attrarre da lui. Poi, improvvisa come un fulmine a ciel sereno, arriva la leucemia, quella acuta che non lascia scampo, e che lui accoglie con un sorriso, offrendo la sua vita per il Papa e per la Chiesa. Cerca la guarigione perché ama la vita, ma sorride alla morte come all’incontro con l’Amato e perché sa che oltre ad essa non c’è il nulla. Muore il 12 ottobre 2006 e lo seppelliscono nella nuda terra ad Assisi, la città di San Francesco che più di altre ha amato e nella quale tornava così volentieri per ritemprare lo spirito. “Tutti nasciamo come degli originali, ma molti muoiono come fotocopie”, aveva scritto. Un destino a cui egli evidentemente è sfuggito se, appena trascorsi i cinque anni previsti dalle norme canoniche, la diocesi milanese ha subito dato inizio al processo di beatificazione, mentre in Italia e all’estero cresce la fama e la stima per questo ragazzo che ha cercato la santità in modo straordinario pur nell’ordinarietà della vita dei giovani d’oggi. Autore: Gianpiero Pettiti Il 3 maggio 1991, a Londra, dove i suoi illustri genitori, Andrea e Antonia, si trovano in quel momento per motivi di lavoro, nasce Carlo Acutis. Nel settembre dello stesso anno, rientrano tutti e tre a Milano, la loro città. Molto presto, Carlo si rivela un bambino di straordinaria intelligenza, quindi di una geniale capacità di utilizzare i computer e i programmi informatici. È affettuoso, vuole molto bene ai suoi genitori, trascorre del tempo con i nonni. Frequenta le scuole elementari e medie presso le Suore Marcelline di Milano, poi passa al Liceo Classico Leone XIII retto dai Padri Gesuiti. Ama il mare, i viaggi, le conversazioni, fa amicizia con i domestici di casa, è aperto a tutti e a tutti rivolge saluto e parola. Ha un temperamento solare, senza alcuna difficoltà a parlare con i nobili o con i mendicanti che incontra per strada. Nessuno è mai escluso dal suo cuore davvero buono. Tutto per Gesù Ma che cosa distingue Carlo da tanti suoi coetanei? Nel corso della sua esistenza, molto presto ha scoperto una Persona singolare: Gesù Cristo, e di Lui, crescendo, si innamora perdutamente. Fin, da piccolo, l’incontro con Gesù sconvolge la sua vita. Carlo trova in Lui l’Amico, il Maestro, il Salvatore, la Ragione stessa della sua esistenza. Senza Gesù nel suo vivere quotidiano, non si comprende nulla della sua vita, in tutto simile a quella dei suoi amici, ma che custodisce in sé questo invincibile Segreto. Cresce in un ambiente profondamente cristiano, in cui la fede è vissuta e testimoniata con le opere, ma è lui che sceglie liberamente di seguire Gesù con grande entusiasmo. In un mondo basato sull’effimero e sulla volgarità, testimonia Gesù e il suo Vangelo, che i più hanno smarrito o dimenticato, che molti combattono. Non ha paura di presentarsi come un’eccezione al mondo (ebbene, lo sia!) e di andare contro-corrente, contro la mentalità imperante oggi. Sa che per seguire Gesù, occorrono una grande umiltà e un gran sacrificio. I suoi modelli sono i Pastorelli di Fatima, Giacinta e Francesco Marto, S. Domenico Savio e S. Luigi Gonzaga, e poi S. Tarcisio martire per l’Eucaristia. Carlo, con continua coerenza e non in modo passeggero, si inserisce in questo stuolo di piccoli che con la loro esistenza narrano la gloria di Gesù. Si impegna fino al sacrificio per vivere continuamente nell’amicizia e nella grazia con Gesù. Trova, assai presto per la sua vita, due colonne fondamentali: l’Eucaristia e la Madonna. L’Ostia lo trasforma La sua vita è interamente eucaristica: non solo ama e adora profondamente il Corpo e il Sangue di Gesù, ma ne accoglie in sé l’aspetto oblativo e sacrificale. Già innanzi la sua 1a Comunione, ricevuta a soli 7 anni nel monastero delle Romite di S. Ambrogio ad Nemus, di Perego, poi sempre di più, alimenta una grande devozione al SS. Sacramento dell’altare, in cui sa e crede che Gesù è realmente presente accanto alle sue creature, come Dio e l’Amico più grande che esista. Partecipa alla Messa e alla Comunione – incredibile, ma vero anche per un ragazzo d’oggi – tutti i giorni. Dedica molto tempo alla preghiera silenziosa di adorazione davanti al Tabernacolo, dove sembra rapito dall’amore. Proprio così: dal Mistero eucaristico, impara a comprendere l’infinito amore di Gesù per ogni uomo. Tutto questo è una continua "scuola" di dedizione così che non gli basta essere onesto e buono, ma sente che deve donarsi a Dio e servire i fratelli: tendere alla santità, essere santo! Nasce di lì, il suo zelo per la salvezza delle anime. Non si limita a pregare, ciò che è già grande cosa, ma parla spesso di Gesù, della Madonna, dei Novissimi (=le ultime cose: morte, giudizio di Dio, inferno, paradiso) e del rischio di potersi perdere con il peccato mortale nella dannazione eterna. Carlo cerca di aiutare soprattutto coloro che vivono lontani da Gesù immersi nell’indifferenza per Lui e nel peccato. Spesso si offre, prega e ripara i peccati e le offese compiute contro l’Amore divino, contro il Cuore di Gesù, che sente vivo e palpitante nell’Ostia consacrata. Come S. Margherita Maria Alacoque, anche lui alimenta dentro di sé il desiderio di condurre le anime al Cuore di Gesù, nel quale confida e si abbandona ogni giorno. In particolare, si comunica tutti i primi venerdì del mese per riparare i peccati e meritarsi il Paradiso, secondo la "grande promessa" di Gesù, nel 1675, a S. Margherita Maria. Tra i suoi scritti, le sue "note d’anima", forse l’affermazione più bella è proprio questa: "L’Eucaristia? E’ la mia autostrada per il Cielo!". Questa sua assidua e quotidiana abitudine di accostarsi all’Eucaristia, vivifica e rinnova il suo ardore verso Gesù e fa di lui un suo intimo amico, come confermano i sacerdoti che lo hanno conosciuto da vicino e anche i suoi compagni. Gesù gli fa bruciare le tappe nel suo cammino di ascesa. Ora ne conosciamo il perché: la sua esistenza sarebbe stata breve e la via della perfezione doveva essere percorsa da lui in poco tempo. Carlo non si sottrae e non si tira indietro e, pur sapendo di essere così diverso dalla società che lo circonda, sa anche che la santità è in realtà la norma della vita: si lascia condurre per mano, sicuro che Gesù ha scelto per lui "la parte migliore", che non gli verrà tolta. Prova dentro di sé la certezza di essere amato da Dio e tanto gli basta per essere a sua volta apostolo della Verità e dell’amore, che è Gesù stesso. Annunciatore di Gesù E’ apprezzato e stimato dai suoi compagni di scuola, che lui aiuta sempre, anche se talvolta viene canzonato per la sua fede vivissima. Non è mai un alieno, ma è solo consapevole di aver incontrato Gesù e, per essergli fedele, è pronto anche a sfidare la maggioranza, "che ha solo ragione quando è nella Verità, mai perché è maggioranza". Quindi non teme le critiche e le derisioni, ma sa che sono ineluttabili per conquistare alla causa di Gesù compagni e amici. Sì, Carlo intende conquistare anime e ci sono dei non-cristiani, uomini di altre religioni, che per averlo conosciuto e parlato con lui, hanno chiesto il Battesimo nella Chiesa Cattolica. E’ un genio del computer, nonostante e suoi versi anni, e un campione dello spirito, per la sua fede salda e operosa. I suoi compagni lo cercano per farsi insegnare a usare al meglio il computer, e Carlo, mentre spiega programmi e comandi, dirige il discorso verso le Verità eterne, verso Dio. Mobilitato e posseduto da Gesù Eucaristico, non perde occasione per evangelizzare e catechizzare. Il suo esempio trascina, la sua parola suadente spiega i Misteri della salvezza. Emana un fascino singolare, ha un ascendente straordinario, diremmo, un’autorevolezza che non è della sua età anagrafica. I suoi compagni sono ora concordi nel dire che Carlo è stato un vero testimone di Gesù e annunciatore del suo Vangelo. Ha capito che è indispensabile un grande sforzo missionario per annunciare il Vangelo a tutti. Apprezza l’intuizione del Beato Giacomo Alberione (1884-+1971) a usare i mass-media a servizio del Vangelo. Il suo obiettivo è quello dei missionari più veri: giungere a quante più persone possibili per far loro conoscere la bellezza e la gioia dell’amicizia con Gesù. In questa visione della realtà, prende come modello S. Paolo, l’apostolo delle genti, che impegna tutto se stesso per portare il Vangelo a ogni creatura, fino al sacrificio della vita. E’ un vero figlio della Chiesa, Carlo Acutis: per la Chiesa, prega e offre sacrifici. Il suo pensiero continuo è rivolto al Papa, nel quale, Giovanni Paolo II o Benedetto XVI che sia, crede e vede il Vicario di Cristo: per il Papa offre penitenze e preghiere. Si appassiona a ascoltare il Magistero del Papa e a seguirlo. Matura così una conoscenza della Fede, fuori dal comune, tanto più se si considera la sua età: comprende e illustra concetti di fede con parole semplici e comprensibili, che neppure un teologo potrebbe utilizzare meglio. Meraviglia e incanta sia il suo parroco sia i religiosi e le persone che incontra e lo ascoltano. Chi lo avvicina, se ne va con una certezza di fondo: che Gesù è davvero l’unico Salvatore atteso dall’umanità anche oggi e il solo che sa riempire a pieno il cuore dell’uomo. Consacrato alla Madonna L’altra colonna fondamentale su cui costruisce la sua vita è la Madonna: a Lei consacra più volte tutta la sua vita; a Lei ricorre nei momenti della necessità, certo che Maria SS.ma nulla rifiuta. E’ impossibile parlare di Carlo, senza considerare la sua forte devozione alla Madonna. E’ affascinato dalle sue apparizioni a Lourdes e a Fatima e ne vive il messaggio di conversione, penitenza e preghiera. Da Fatima, impara a amare il Cuore Immacolato di Maria, a pregare e a offrire sacrifici per riparare le offese che molti le arrecano. Maria SS.ma è la sua Avvocata, la sua Mamma: è fedele, per amor suo, alla recita quotidiana del Rosario, diffonde la devozione mariana tra i conoscenti, visita i suoi santuari, Lourdes e Fatima compresi. Tra i "suoi" santi, predilige S. Bernardette Sobirous e i Beati Pastorelli di Fatima e parla di loro assai volentieri, per invitare molti a vivere i messaggi della Madonna. È impressionato dal racconto della visione dell’inferno, come riferito da suor Lucia di Fatima, e pertanto decide di aiutare più persone che può a salvarsi l’anima. Sembra impossibile per un ragazzo, eppure Carlo legge il Trattato del Purgatorio di S. Caterina Fieschi da Genova (1447-1510), in cui la santa descrive le pene delle anime in Puragatorio. Carlo offre preghiere, penitenze e Comunioni in loro suffragio. In un mondo chiuso alla grande Verità della fede, Carlo scuote le coscienze e invita a guardare spesso all’"Aldilà", che non tramonta. In famiglia, nella scuola, in mezzo alla società, diventa testimone dell’Eternità. Vive puro come un angelo, affidando la sua purezza alla Madonna e chiedendo preghiere per la sua purezza alle monache di clausura che frequenta, interessatissimo alla loro vita di preghiera. Difende la santità della famiglia contro il divorzio, e la sacralità della vita contro aborto e eutanasia, nei dibattiti in cui si trova coinvolto. Non conosce compromessi. E’ umile e ardente. Contagioso nella fede, come un fuoco che si appicca dovunque e incendia di Verità e di amore a Cristo. "Voglio subito il Paradiso" Non possiamo scriverne di più, tanto è affascinante. La sua storia bellissima è narrata nel libro di Nicola Gori, Eucaristia, la mia autostrada per il Cielo. Biografia di Carlo Acutis, S. Paolo, Milano, 2007. Questo angelo in carne, all’inizio d’ottobre 2006, è colpito da una gravissima forma di leucemia, incurabile. E’ ricoverato in ospedale. Non si spaventa, ma dice: "Offro tutte le sofferenze che dovrò patire, al Signore, per il Papa e per la Chiesa, per non fare il Purgatorio e andare dritto in Paradiso". Si Confessa molto sovente, ma ora è Gesù che lo accoglie nel suo abbraccio. Riceve l’Unzione degli infermi, Gesù-Ostia come Viatico per la vita eterna. Sorride a tutti con uno sguardo bellissimo, con un coraggio senza pari. Alle 6,45 del 12 ottobre 2006, Carlo Acutis, di appena 15 anni, contempla per sempre Iddio. Piccolo grande meraviglioso intimo amico e apostolo di Gesù Cristo. Solo il divino Redentore e la sua Chiesa possono formare ragazzi così, segno che "anche oggi, come scrisse Montalembert, Colui che pende dalla croce continua ad attirare a Sé la gioventù e l’amore. Autore: Paolo Risso Note: Per approfondire: www.carloacutis.com fonte |