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quinta-feira, 19 de maio de 2016

En la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote no podemos dejar en nuestro blog de dar gracias al Señor por la vocación de las Hermanas Misioneras de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina.


VIVIR CON ALMA SACERDOTAL

Madre María Elvira de la Santa Cruz y Hermana María del Carmen de la Eucaristía, primeras Profesas Perpetuas de las  Misioneras de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina.En la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote no podemos dejar en nuestro blog de dar gracias al Señor por la vocación de las Hermanas Misioneras de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina.
Durante muchos años estas Hermanas hicieron presente en diversas parroquias de la diócesis Compostelana la Caridad del Corazón de Cristo Sacerdote. Su vida de Esposas de Cristo discurrió entregadas a la adoración diaria del Santísimo Sacramento, con un espíritu de reparación por los pecados del mundo entero; un espíritu de intercesión por los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones; un espíritu de consolación a Dios y al Corazón Inmaculado de María, tan ofendidos por el desamor y por la falta de correspondecia de los hombres.
Las Hermanas Misioneras, además de ser almas contemplativas, han sido testimonio de almas apostólicas viviendo entregadas al servicio de todas  las almas. Excelentes Cooperadoras de los Sacerdotes, mediante el apostolado de la catequesis infantil, juvenil y de adultos; mediante su presencia fraternal al lado de los enfermos; mediante su disponibilidad ante los requerimientos de las familias, y mediante su colaboración sin medida a disposición de los sacerdotes.
El secreto de sus vidas entregadas no es otro que la contemplación de la Divina Eucaristía y la comunión íntima y  personal con Cristo, Sacerdote y Víctima, en la participación diaria del Santo Sacrificio de la Misa.
Las Hermanas Misioneras de la Fraternidad han sabido escoger "la parte mejor", que no es otra que la vía de la humillación y de la encarnación, a ejemplo del Verbo encarnado y de su Fiel Cooperadora, la Santísima Virgen María, para extender la Obra de la Redención y de la Salvación del género humano.
En la Escuela de María, las Misioneras fueron aprendiendo la ciencia del Santo Abandono y de la Confianza filial en la Providencia Divina que rige el mundo con Amor infinito.
"Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad"; "Sólo Dios". Este es el espíritu con el que fueron llamadas, convocadas y enviadas a las comunidades parroquiales para en ellas hacer presentes, reales y visibles, los desvelos maternales de la Virgen Madre y Corredentora del género humano.
En los umbrales del siglo XXI, sin otra arma que la Cruz de Cristo, sin dejarse intimidar por los riesgos y dificultades; tan sólo confiadas en el Auxilio de María y en la Providencia de Dios, las Misioneras han escrito en letras de oro una página gloriosa que permanecerá reluciente por toda la eternidad.
Al igual que María, ellas no pretendieron nunca brillar y aún menos deslumbrar. Su misión de Esposas y Madres no ha sido otra que alumbrar mediante el testimonio de su entrega, de su "estar" al pie de la cruz de sus hermanos, de su saber compartir, de su vida humilde y sencilla, de su disponibilidad; en definitiva, las Misioneras de la Fraternidad han desplegado a su alrededor el tesoro de su vocación: en el corazón de su Madre la Iglesia ser el Amor.
Ofrecemos a todos en esta Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, esta bella estampa de las Primeras Profesas Perpetuas de las Misioneras de la Fraternidad, la Madre María Elvira de la Santa Cruz y la Hermana María del Carmen de la Eucaristía. Una estampa que habla por sí misma, y que nos recuerda a todos nuestra vocación bautismal. Una vocación por la que estamos llamados a ser cooperadores de Cristo Sacerdote, dejándonos transformar por la gracia en "hostia viva, santa y grata a Dios".
Una vocación que no es posible llevar a término sin vivir unidos, sin fisura alguna, con el Corazón Inmaculado de María. Es mediante Ella que podemos obtener las gracias para identificarnos con el espíritu de Cristo Sacerdote. Es mediante Ella que aprendemos a acoger con limpio corazón la voluntad salvadora del Padre, y aprendemos a ofrecernos, en holocausto de amor, para gloria de la Trinidad Beatísima y en beneficio de la salvación del género humano, por la oblación de nuestra vida en unión con Jesús y con María.
En este año, aniversario de la partida de este mundo de la Madre María Elvira, los miembros de la Fraternidad queremos hacer pública nuestra acción de gracias a Dios por el maravilloso don de la vocación de nuestras Hermanas.
Pedimos a Cristo Sacerdote, que por los méritos de su Amor Redentor, nos regale el don de nuevas Hermanas Misioneras que sigan la estela marcada por estas Hermanas y por su testimonio de fidelidad y de entrega en la humildad y en el Santo Abandono.
Pedimos a la Virgen Corredentora del género humano que regale a su Iglesia abundantes vocaciones de Hermanas Misioneras de la Fraternidad; almas sencillas y alegres, al tiempo que recias y confiadas, imbuidas de profundo espíritu de fe que hagan presente, allí donde sean enviadas, la misión sobrenatural de ser Esposas de Cristo y Madres del Cuerpo Místico.
Y lo pedimos, con la confianza que nos otorga la fe en las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: "Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto".
¡Ave María Purísima!
 Manuel María de Jesús, F.F.

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