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sexta-feira, 29 de outubro de 2010

Fundamentos teológicos de la realeza de María Virgen .Oración a la Reina de los Apóstoles


 


La razón por la que la Santísima Virgen María es Reina se fundamenta teológicamente en su divina Maternidad y en su función de ser Corredentora del género humano.

a) Por su divina Maternidad: Es el fundamento principal, pues la eleva a un grado altísimo de intimidad con el Padre celestial y la une a su divino Hijo, que es Rey universal por derecho propio.

En la Sagrada Escritura se dice del Hijo que la Virgen concebi­rá: "Hijo del Altísimo será llamado Y a El le dará el Señor Dios el trono de David su padre y en la casa de Jacob reinará eter­namente y su reinado no tendrá fin" (Lc. 1,32-33). Y a María se le llama "Madre del Señor" (Lc. 1,43); de donde fácilmente se deduce que Ella es también Reina, pues engendró un Hijo que era Rey y Señor de todas las cosas. Así, con razón, pudo escribir San Juan Damasceno: "Verdaderamente fue Señora de to­das las criaturas cuando fue Madre del Creador" (cit. en la Enc. Ad coeli Reginam, de Pío XII, 11-X-1954).

b) Por ser Corredentora del género humano: La Virgen María, por voluntad expresa de Dios, tuvo parte excelentísi­ma en la obra de nuestra Redención. Por ello, puede afir­marse que el género humano sujeto a la muerte por causa de una virgen (Eva), se salva también por medio de una Virgen (María). En consecuencia, así como Cristo es Rey por título de conquista, al precio de su Sangre, también María es Reina al precio de su Compasión dolorosa junto a la Cruz.

`Ta Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por ra­zón de su Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino tam­bién nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino tam­bién, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán" (cfr. Pío XII, Enc, Ad coeli Reginam).


NATURALEZA DEL REINO DE MARIA

El reino de Santa María, a semejanza y en perfecta coincidencia con el reino de Jesucristo, no es un reino temporal y terreno, sino más bien un reino eterno y universal: -"Reino de verdad y de vida, de santidad, de gracia, de amor y de paz" (cfr. Prefacio de la Misa de Cristo Rey).

a) Es un reino eterno porque existirá siempre y no tendrá fin (cfr. Lc. 1,33) y, es universal porque se extiende al Cielo, a la tierra y a los abismos (cfr. Fil. 2,10-11).

b) Es un reino de verdad y de vida. Para esto vino Jesús al mundo, para dar testimonio de la verdad (cfr. Jn. 18,37) y para dar la vida sobrenatural a los hombres.

c) Es un reino de santidad y justicia porque María, la llena de gracia, nos alcanza las gracias de su Hijo para que seamos santos (cfr. Jn. 1,12-14); y de justicia porque premia las buenas obras de todos (cfr. Rom. 2,5-6).

d) Es un reino de amor porque de su eximia caridad nos ama con corazón maternal como hijos suyos y hermanos de su Hijo (cfr. 1 Cor. 13,8).

e) Es un reino de paz, nunca de odios y rencores; de la paz con que se llenan los corazones que reciben las gracias de Dios (cfr. Is. 9,6).

Santa María como Reina y Madre del Rey es coronada en sus imágenes -según costumbre de la Iglesia- para simbo­lizar por este modo el dominio y poder que tiene sobre todos los súbditos de su reino.

La oración Colecta de la Memoria de Santa María Reina dice: "Oh Dios, que nos han dado como Madre y como Reina, a la Madre de tu Unigénito; concédenos, por su intercesión, el po­der llegar a participar en el Reino celestial de la gloria reserva­da a tus hijos".

Oración a la Reina de los Apóstoles



Inmaculada Madre de Dios,
Reina de los Apóstoles:
Por el mandamiento del amor que nos dio el Señor
Tenemos que trabajar por la salvación de todos
Tanto como por la nuestra.
Pero te confieso, Madre,
Que por mis pecados
No soy digno de recibir la gracia de Dios
Que me permita trabajar con éxito y constancia
En su obra de salvación.
Solo tú me la puedes conseguir,
Por la misericordia de Dios
Y por los méritos infinitos de Jesús
Por eso nos unimos a tí, y a los coros celestiales
Y a todos los santos de la Iglesia
Y ofrecemos en todo momento, ahora y siempre,
Los méritos de Jesucristo,
Dando gracias como si ya nos hubieses conseguido
El don de Dios
Como lo imploraste para los apóstoles.
Y así, confiados en tu intercesión poderosa,
Ofrecemos todo lo que recibimos
Para la gloria infinita de Dios,
Para nuestra salvación
Y la de todo el mundo.
Talentos, potencias, conocimientos,
Bienes temporales, salud,
la vocación con que Dios nos llama,
y también las enfermedades
y todas las dificultades de la vida
y todo don natural y sobrenatural.
Con esto, queremos usar todos los medios
Para difundir la fe
Y reencender la caridad.
Y aún cuando no podamos hacer otra cosa
No dejaremos de orar incesantemente
Todo para que cuanto antes
Haya un solo rebaño y un solo pastor.
Así, querida Madre,
Esperamos llegar a gozar contigo
De los frutos del apostolado de Jesucristo
Por toda la eternidad,

Amén.

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